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Sánchez ve un futuro de estabilidad y desoye el ruido por el apoyo de Bildu

“España dice adiós por fin al pasado y abre la puerta definitivamente a un futuro de estabilidad y de progreso”, celebró ayer Pedro Sánchez. Con estas palabras, el presidente del Gobierno quiso poner el foco sobre lo que a su juicio es verdaderamente importante, al margen del ensordecedor ruido político, interno y externo, disparado. Y lo realmente relevante, según resaltó, es que sus primeros presupuestos generales del Estado superaron la víspera las enmiendas a la totalidad con las que sobre todo el Partido Popular y Vox trataron de tumbarlos antes de nacer. Tras ganar por goleada de 198 votos este primer partido de las cuentas, Sánchez ve así encarrilado su objetivo de disponer de tres largos años de legislatura por delante. “Entre avanzar o quedarnos como estamos, el Congreso de los Diputados da un paso y decide avanzar”, subrayó. Y el ruido ambiente, al que el líder del PSOE quiere hacer oídos sordos, viene provocado en su opinión por “el cortoplacismo, las tácticas y los enfrentamientos políticos estériles”.

El apoyo anticipado de EH Bildu por vez primera en la democracia a las cuentas públicas del Estado, adelantado por el propio Arnaldo Otegi, hizo explícita la estrategia pilotada por el vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, para expulsar de la ecuación presupuestaria a Ciudadanos. La pretensión de Sánchez es sacar los presupuestos y garantizarse la legislatura con una amplísima mayoría transversal en el Congreso, que supere los bloques ideológicos e incluya a Ciudadanos, el PNV o el PDECat, pero también a Esquerra o EH Bildu. Una insólita mayoría del arco parlamentario que le sitúe en el centro del escenario político, con un enorme margen de maniobra para pactar sus iniciativas a izquierda y derecha, y arrincone a Pablo Casado junto a la ultraderecha de Santiago Abascal. Pero Iglesias, a su vez, trata de hacer valer su peso en la coalición del Gobierno orientándolo hacia la izquierda y cegando toda vía de entendimiento con la formación liberal de Inés Arrimadas.

Cita institucional en navarra

El jefe del Ejecutivo reivindica la “rica diversidad territorial” y las lenguas cooficiales

El movimiento de Iglesias, plasmado en el anuncio de Otegi, recarga no obstante las pilas de la derecha en su ofensiva sin cuartel contra Sánchez. Pero también tiene alborotada a la amplia familia socialista. Algunos de los presidentes y líderes territoriales del PSOE más refractarios al independentismo y el nacionalismo vasco y catalán, con los que nunca tuvieron que rozarse, vuelven así a llevarse las manos a la cabeza por el anuncio de Otegi de respaldar las cuentas de Sánchez. Entre ellos, despuntan el extremeño Guillermo Fernández Vara, el castellano manchego Emiliano García-Page, el aragonés Javier Lambán o la andaluza Susana Díaz. Pero otro sólido bloque de presidentes y líderes territoriales socialistas, en cambio, asumen con normalidad que, “diez años después de la derrota de ETA”, no se establezca un cordón sanitario en torno a la izquierda abertzale. Entre ellos, el presidente valenciano, Ximo Puig, la vicelehendakari vasca Idoia Mendia, la navarra María Chivite, la balear Francina Armengol o el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta.

Al margen de estas discrepancias internas, que desde la dirección federal del PSOE se apresuran a intentar solventar, sí son mayoritarias en las filas socialistas las críticas a la estrategia de Iglesias por tratar, a su juicio, de forzar la política de alianzas y acuerdos del Gobierno. Y también critican el relevante papel concedido así a EH Bildu, cuando muchos consideran que era totalmente “innecesario”. Llueve sobre mojado, además, porque ya el pasado mayo se desató una tormenta interna en el PSOE por el acuerdo suscrito con EH Bildu para derogar la reforma laboral del PP durante las negociaciones de las prórrogas del estado de alarma, lo que provocó notable enfado y perplejidad. Igual que ahora, al menos para la mayoría, no tanto por el quién, sino por el para qué.

Tras la derrota de ETA

Presidentes y líderes socialistas discrepan en la “normalización” de la izquierda abertzale

Se suele decir que las casualidades, en política, no existen. Y al día siguiente de que el Congreso diera luz verde a la tramitación de los presupuestos, mientras arreciaba la polémica por el respaldo adelantado de EH Bildu, Sánchez decidió ayer que la segunda escala de su gira autonómica para presentar el plan de recuperación económica del Gobierno fuera, precisamente, Navarra. Pamplona fue así el escenario del reencuentro de Sánchez con la presidenta del gobierno foral navarro, la socialista María Chivite, que en agosto del 2019 logró su investidura gracias, precisamente, a la abstención de EH Bildu.

Aquella investidura rompió el precinto que hasta entonces Sánchez mantuvo para rechazar, como sus predecesores, todo acuerdo con la izquierda abertzale. Desde entonces, en la Moncloa defienden la “normalización” de EH Bildu, como otro grupo más del arco parlamentario legítimamente elegido en las urnas. Sánchez aprovechó su visita a Navarra para resaltar que desde 1952 ningún presidente español pisaba la sede del Ejecutivo foral: “Cuando se está presente en los territorios se reivindica algo fundamental, que es la rica diversidad territorial de nuestro país”.

“Basta ya de demonizar al Gobierno de coalición: el PP negoció con HB estando ETA activa”, zanja el PSOE

Y ante la polémica por la enmienda pactada con ERC para darle la puntilla a la ley Wert en lo que respecta a la fijación del castellano como lengua vehicular en la enseñanza, que ahora Ciudadanos le demanda retirar, Sánchez subrayó que la cultura es “una fuente de riqueza, a la vez que muestra una hermosa señal de identidad”. “La cultura no es homogénea y uniforme, es diversa, la diversidad territorial de las lenguas cooficiales y también de sus culturas, y eso es algo que desde luego el Gobierno comprende y toma como un activo y un poderoso potencial”, alegó.

Sánchez dio réplica así a las críticas expresadas por algunos presidentes autonómicos socialistas, tanto por el apoyo de EH Bildu como por la polémica de las lenguas. Unas denuncias que, no obstante, ayer se acentuaron cuando Page lamentó que el respaldo de Otegi a los presupuestos “no tiene un pase”. Pero el presidente de Castilla-La Mancha lamentó sobre todo la imagen de que “en el Gobierno se hace lo que impone el tacticismo de Pablo Iglesias”. “Podemos nos marca la agenda y nos está arrastrando a una esquina del tablero político que está muy fuera de las grandes mayorías del PSOE”, criticó Page.

Desde la Moncloa, el Gobierno y la dirección del PSOE, no obstante, se intentaron aplacar estas incomodidades internas. Y también se quiso responder a la ofensiva desplegada por Casado y toda la derecha política y mediática. “Basta ya de demonizar al Gobierno de coalición: el PP negoció presupuestos con Herri Batasuna estando ETA en activo”, zanjó ayer la presidenta del PSOE, Cristina Narbona.

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