Velas al grito de «reincidiremos»

De un tiempo a esta parte, las manifestaciones se han convertido en un elemento más de la cultura catalana. Como los castellers o las peregrinaciones a Montserrat, los catalanes le han cogido el gusto a juntarse en familia para acudir a algún tipo de protesta. Desde el 1 de octubre, sin embargo, las concentraciones perdían el carácter festivo para tornarse más graves, más intensas hasta alcanzar ayer su cúspide. La manifestación parecía un entierro. Con velas y en silencio.

La encarcelación de los presidentes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, el lunes pasado por parte de la Audiencia Nacional ha tenido un efecto revulsivo entre los independentistas. Tras una semana de zozobra, la declaración de independencia y posterior suspensión del president de la Generalitat, Carles Puigdemont, supuso un jarro de agua fría. El penúltimo capítulo judicial del «procés» ha devuelto a los soberanistas a las calles. Al fin y al cabo, tienen un nuevo elemento para su relato: «Presos políticos».

Poco antes de las nueve, los representantes de las asociaciones soberanistas tomaron la palabra. Agustí Alcoverro, vicepresidente de la ANC, aseguró que «si alguien lo dudaba, el poder judicial del reino de España no es independiente y tampoco es imparcial». Y añadió: «La juez asegura que si estaban en la calle reincidirían en sus delitos. Solo hace falta ver esta multitud para saber que quien reincidirá somos nosotros». El portavoz de Òmnium, Marçel Mauri, por su parte, apuntó que Sánchez y Cuixart son «dos hombre valientes y de paz». «Hoy represento a una entidad de 56 años que fue prohibida por el franquismo. Pero ni siquiera el franquismo se atrevió a encerrar al presidente de Òmnium en la cárcel. Y hoy lo han hecho».

Así las cosas, la concentración de ayer fue muy diferente a sus predecesoras. Los manifestantes portaban velas y muchos de ellos incluso se colocaron esparadrapo en la boca a modo de mordaza. Esa era la idea, una protesta silenciosa sin apenas pancartas. En los pocos carteles visibles podía leerse «Os queremos en casa» o «Help us Europe». En cualquier caso, apenas se veía alguna «estelada», pero muchas menos que de costumbre. El silencio, no obstante, duró poco y en seguida comenzaron a escucharse gritos de «libertad», «presos políticos os queremos en casa» o el habitual canto de «Els Segadors». Las constantes visitas del helicóptero de la Policía Nacional también servía para interrumpir el silencio y era recibido con sonoras pitadas.

La concentración de Barcelona, unas 200.000 personas según la Guardia Urbana, tuvo su eco en otras ciudades catalanas como Girona, Tarragona o Lleida, pero también en otros puntos del Estado como Madrid.

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