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¿Votar a una izquierda guerracivilista?

FM.- La Historia de España está llena de acontecimientos memorables. Uno de ellos fue la Transición, donde se produjo una auténtica reconciliación nacional. Se puso punto final al ciclo de enfrentamientos, pronunciamientos y guerras civiles que sufrimos desde el reinado de Carlos IV hasta el final de la dictadura de Franco. Se desaprovecharon muchas oportunidades y murió un número incontable de españoles en guerras fratricidas. España avanzó unas veces y otras retrocedido, pero sin aprovechar las posibilidades que tenía a su alcance.

En lo que hace referencia al periodo más reciente, desde la II República hasta la llegada de la Transición, no se puede hacer un análisis histórico riguroso porque sigue siendo política. Es algo que podemos constatar estos días con el profundo revanchismo, fanatismo y sectarismo de la izquierda. Lo hacen jóvenes de familias acomodadas, como los candidatos de Podemos, pero también los de otras formaciones que utilizan a Vox para buscar la movilización. El problema es el uso de la mentira y la manipulación. Iglesias es un político muy prolífico desde hace muchos años y hay infinidad de grabaciones y escritos donde muestra su concepción de «democracia» bolivariana que quería para España.

Es un sistema autoritario que cercenaría las libertades, controlaría los medios de comunicación y establecería una economía dirigista y subvencionada basada en el sistema venezolano o cubano de los estómagos agradecidos. No importa cómo se denominen porque son una actualización del comunismo en el siglo XXI. Iglesias nunca ha escondido su afinidad con Chávez y Maduro. Esta admiración y deseo de emularlos muestra su auténtico rostro.

La apelación a la Guerra Civil y la deslegitimación de sus enemigos acusándolos de fascistas, como sucedió en la Segunda República, y el uso de la mentira hace imprescindible una clara y contundente victoria de Ayuso. La alternativa no será que Madrid sea gobernado por personas como García Page o Fernández Vara, socialdemócratas dialogantes y demócratas convencidos, sino por una peligrosa amalgama formada por socialistas radicales, comunistas y populistas.

El PSOE sería débil en una coalición donde Iglesias fuese decisivo. No es lo mismo que sucedería con Ayuso que contaría con alrededor de 60 diputados y el apoyo parlamentario de una formación como Vox que ni es ni fascista ni la ultraderecha. La candidata del PP representa el centro derecha que gobierna en muchos países europeos y es lo que necesita Madrid como motor de España. Lo que sería catastrófico es que mandara Iglesias.