Younes Abouyaaqoub, el terrorista de Las Ramblas, trabajó como voluntario por el sí a la independencia de Cataluña

La madre del terrorista Younes Abouyaaqoub, primera por la derecha.

La madre del terrorista Younes Abouyaaqoub, primera por la derecha.

Las madres nunca se dan cuenta de nada. ¿Con qué frecuencia se oye decir esta frase, casi un lugar común? A las 14 en punto de ayer departimos con Ghanima, una mujer cuyo nombre significa botín de guerra. Tiene 46 años, vive en Ripoll (Gerona) y es madre de cuatro hijos. Su primogénito, Younes Abouyaaqoub, moriría en pocas horas a manos de los Mossos, después de convertirse en el fugitivo más importante del país. Fue el autor del atropello mortal de 13 personas en el ataque islamista de Las Ramblas de Barcelona, “Comenzó a trabajar y nos da trescientos euros al mes, la mitad de su salario. Suele ver los dibujos animados con sus hermanos menores y es de risa fácil. Nunca nos dice lo que hace cuando sale con sus amigos. Pero no tiene mal carácter, es bueno y ama a su hermanita. No nos quejamos”, señaló.

Tras los atentados en los que su hijo tuvo un papel protagonista, Ghanima está siendo atendida por psicólogos y educadores del Grup de Mestres, un grupo de voluntarios a los que el Gobierno catalán ha confiado la atención de los padres de los terroristas de Las Ramblas y Cambrils. Algunos de ellos se han quejado del asedio a la familia de los medios informativos.

Younes hizo campaña pòr el “Sí” a la independencia

“Nací y crecí en Marruecos, como mis hijos”, dice Ghanima, mientras sus palabras son traducidas por la psicóloga Montse Maestre. “pero son catalanes, y se sienten catalanes”. Cuenta que Younes Abouyaaqoub, su hijo, el autor de las treces muertes en las Ramblas, ha trabajado de voluntario a favor de la independencia de Cataluña. “Realmente le gusta la política, discute con su padre siempre y le explica lo que está pasando”. Younes ha estado haciendo campaña por el “Sí” a la independencia de cara y pretendía ser voluntario en el referéndum anunciado para el 1 de octubre, que finalmente no vivirá para contarlo.

“Nunca he notado nada extraño en su comportamiento, ni siquiera en los últimos meses. Para mí es todavía un niño”, repuso.

La casa se ha quedado pequeña para recibir a las visitas en estas franéticas horas de espera. Las casas de los parientes también se han quedado pequeñas. El Ayuntamiento de Ripoll (Gerona) les ha ofrecido como punto de reunión el gimnasio de la escuela que hay detrás del Ayuntamiento. Pasan el tiempo esperando noticias del hijo prófugo. “Sabemos que ha hecho cosas terribles. Yo y su padre ya lo hemos condenado. De todos modos, él es mi hijo, y espero verlo vivo otra vez”.

“Nuestros muchachos se han ido”, exclama entre sollozos Fátima, la madre de otro de los terroristas. “Seguimos con la maldición que han dejado en nuestras familias”.

“Fue bueno durante dos meses”

La ANC celebró un acto independentista desde la que operaba la célula del imán de Ripoll.

La ANC celebró un acto independentista desde la que operaba la célula del imán de Ripoll.

El cobertizo gris de la empresa de transformación de planchas también tiene estos días una inusitado ajetreo. Son muchos los periodistas que se han acercado hasta el lugar donde trabajaba Younes Abouyaaqoub. Jordi, uno de los empleados más veteranos, se ríe amargamente cuando nos referimos a las palabras de la madre de su ex colega. Cuenta que Younes trabajaba de soldador y que se incorporó a la empresa en enero. “Decía que quería sentar la cabeza, que estaba cansado de pasarse las tardes frente a la estación, bebiendo y fumando hachís. Ha sido bueno durante dos meses. A principios de marzo empezó a empeorar. Todo cambió de la noche a la mañana. Me dijo que tenía que salir todos los días, a las 12 en punto, para rezar en la mezquita. Le decías que soldara seis piezas y no las acababa, parecía que todo le daba igual. Su cabeza la tenía en otra parte. Todo ocurrió muy rápidamente”.

A las 6 de la tarde se hace pública la noticia, que todos siguen a través de la televisión. La fuga de Younes ha tocado a su fin. Fue abatido por los Mossos entre los viñedos de un minúsculo pueblo del Penedés, porque una vecina le vio merodeando por una calle vacía. Quién sabe si la madre ya se habrá enterado. Los amigos de los jóvenes terroristas de Ripoll ven la televisión con indiferencia, como si la cara que aparece en primer plano no les preocupara. “Hicieron una elección y pagaron por ello”, dice uno de ellos, alzando los hombros.

A pocos metros, en la Plaza Sant Eudald, unos jóvenes disputan un partido de fútbol, ajenos a todos y a todo.

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