Adiós al banco del Opus Dei

El Banco Popular ha sucumbido finalmente al atracón de ladrillo que asumió a partir del 2004, cuando su entonces presidente, Ángel Ron, abandonó el objetivo de su predecesor, Luis Valls (la rentabilidad), para crecer. Del 2004 al 2006 incrementó un 46% su cartera de crédito, dando hipotecas a promotores a los precios máximos de la burbuja inmobiliaria. Dos ampliaciones de capital, de 5.000 millones de euros desde el 2012, y la emisión de 3.000 millones en deuda subordinada no han podido absorberlo.

El Popular, sin embargo, había sobrevivido brillantemente a la república y la guerra, y luego a las turbulencias de la transición y de la crisis bancaria de los ochenta. Fundado en 1926 como Banco Popular de los Previsores del Porvenir por un político del partido conservador con un capital de 10 millones de pesetas, entre sus accionistas fundadores estuvieron el propio monarca, Alfonso XIII, y su familia, que acudieron con todos los miembros del gobierno a la inauguración de su primera sede.

Tras la guerra, sin embargo, tomó su fisonomía actual. Bajo la presidencia de Fèlix Millet i Maristany (presidente del Palau de la Música y padre de Fèlix Millet i Tusell, que lo saqueó hasta el año 2009) adoptó su nombre actual, Banco Popular Español. Con Millet, destacado representante del catalanismo católico, entraron en el banco altos ejecutivos vinculados al Opus Dei, como Mariano Navarro Rubio, que a los pocos meses dejó la entidad por la política, para convertirse en ministro de Hacienda y luego en gobernador del Banco de España; Rafael Termes, que fue consejero delegado del banco y pasó de la entidad a presidir la Asociación Española de Banca (AEB), una institución que tuvo un peso político mucho más allá del de una mera patronal sectorial durante la transición.

Los hermanos Valls Taberner convirtieron el banco en el más rentable de Europa durante décadas

Millet, además, dio entrada en el banco a Luis Valls Taberner, su primo, al que vendió la mayoría de sus acciones en 1957, y que pasó de vicepresidente ejecutivo a presidente en 1972, cargo que mantuvo hasta el 2004. En 1989 nombró copresidente a su hermano Javier y su gestión marcó definitivamente el perfil del banco. Los Valls, vinculados a la Obra como los anteriores y como el núcleo accionarial del banco , incorporaron a ejecutivos del mismo perfil y tuvieron durante el final del franquismo y el inicio de la democracia una gran influencia política y una alta cuota de clientes entre empresarios y la alta burguesía urbana.

Los Valls Taberner, dueños de empresas del sector químico y textil, orientaron el banco al crédito a las empresas y evitaron convertirse en cabecera de un grupo industrial, lo que salvó al banco de la crisis bancaria de principios de los ochenta. Luis Valls, con una vida casi monacal, impuso la máxima austeridad y el control de costes, lo que lo convirtió reiteradamente en el banco más rentable de Europa en los años noventa y varias veces en el más rentable del mundo. La segunda obsesión de Valls fue la independencia, rechazando sumarse a ninguna de las fusiones que impulsaban los sucesivos gobiernos del PP y PSOE, a base de incorporar accionistas amigos como Allianz o posteriormente Crédit Mutuel y sindicar las acciones.

Su sucesor, Ángel Ron, cambió el rumbo: en un entorno de bajos tipos de interés la austeridad no era suficiente para ser rentable, y era necesario crecer. Se lanzó al crédito inmobiliario, y en el 2011 compró el Pastor por 1.300 millones de euros: un banco también con demasiado ladrillo que acabó generando un agujero de más de 500 millones. ­Peor aún, Ron siguió apostando por mantener la independencia del banco y rechazó todo tipo de ayudas públicas y sucesivos acercamientos de compra por parte del BBVA, CaixaBank y el Sabadell. Al final, sin embargo, ninguno de ellos lo ha querido ni por un euro.

Ron siguió apostando por mantener la independencia del banco y rechazó todo tipo de ayudas públicas

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