Andorra, capital del Land Art durante doce semanas hasta julio

Andorra será hasta finales de julio la capital europea del Land Art, una corriente del arte contemporáneo nacida en Nueva York a finales de los años sesenta. Hasta entonces, podremos disfrutar de la segunda Bienal Internacional de Land Art, la Ala’ 2017, una iniciativa de cariz cultural y medioambiental que se inició en el año 2015 con el apoyo de todos los municipios del país, las conocidas parroquias andorranas.

Las cifras de este año son ciertamente relevantes. En solo dos ediciones, la Bienal ha conseguido la participación de más de setenta artistas, procedentes de una docena de países, que en conjunto han presentado cincuenta obras, algunas de las cuales se recogen en estas páginas. Pero no solo eso, la Bienal cuenta, desde este año, con la implicación de la conocida Fundación Sorigué y de su colección de arte contemporáneo, una de las más importantes de Europa, y ha conseguido captar la atención de Ai Weiwei, reconocido arquitecto y activista chino afincado en Londres.

El arte de la tierra

Entre los años sesenta y setenta del siglo pasado, Estados Unidos fue la matriz de un movimiento artístico que enlaza arte y paisaje, obra y naturaleza. La iniciativa, liderada por el artista Robert Smithson, pretendía transmitir la importancia de preservar el medio ambiente a través de la difusión artística, transformando paisajes naturales en obras de arte de cariz provisional, aprovechando las propiedades y los materiales de la tierra. La tendencia Land Art resurge ahora, cuando temas como el calentamiento global o la reducción de la emisión de gases está de nuevo en el orden del día.

La Bienal Internacional Andorra Land Art no solo reparte arte por todo el Principado, sino que integra el arte en el paisaje provocando un impacto visual con un trasfondo reflexivo y de concienciación. Por una parte, reivindica el patrimonio natural y cultural del país, puesto que ofrece nuevos puntos de vista del paisaje andorrano. Por otra, impulsa la preservación del medio ambiente y al mismo tiempo invita a recordar uno de los episodios históricos más duros del último siglo en la zona: los conflictos bélicos en los que se vieron implicados los vecinos Francia y España.

Todos los Comunes se involucran en la Bienal para ofrecer una muestra única que concentra arte y patrimonio

La segunda edición del festival artístico quiere ser un homenaje a los refugiados de esas guerras que utilizaron las vías de escapada andorranas para huir de su país. Para ello, la Bienal despliega tres ejes expositivos y presenta novedades respecto a la edición de 2015. La cifra de artistas que participan se cuadruplica, pasando de la quincena a los más de cincuenta. Además, proceden de once países, potenciando así la internacionalidad del evento, que incluye obras de artistas de España, Portugal, Francia, Reino Unido, Alemania, Irán o México. Sin olvidar la veintena que proceden del Principado. Los cambios no terminan aquí.

También se modifica su estacionalidad y duración, que pasa de uno a tres meses (se inició el pasado 28 de abril y terminará el 28 de julio). Doce semanas como capital del Land Art que, además, se adelantan, teniendo en cuenta que hace dos años el acontecimiento se celebró en pleno otoño.

'Los esquiladores', de Toni Cruz (Andorra), obra que puede verse en la Fábrica de la Lana de Escaldes-Engordany. ‘Los esquiladores’, de Toni Cruz (Andorra), obra que puede verse en la Fábrica de la Lana de Escaldes-Engordany. (LVE)

Conexión de tres ejes

La organización, liderada por el comisario y padre de la iniciativa Pere Moles, ha engendrado la segunda edición de la Bienal a partir de tres ejes expositivos que esparcen el arte por todo el país con obras expuestas en diferentes lugares, y recuperan un espacio emblemático abandonado desde hacía años, la antigua Fábrica de la Lana, ubicada en la parte alta de Escaldes- Engordany, que ahora se puede redescubrir. Ese fue el escenario de presentación del Andorra Land Art 2017, reformado y convertido en un centro de exposición donde pueden verse obras de la colección privada de la Fundació Sorigué.

Pero, sin duda, el eje central de esta edición es el Camí dels Drets Humans, el homenaje a los refugiados que cruzaron los Pirineos para encontrar la libertad al otro lado de la frontera a través de la vía andorrana. Eran republicanos españoles que huían del franquismo, pero, también, judíos que cerraban la puerta al nazismo. Se trata de un camino interparroquial –pasa por cinco parroquias– que conecta dos de los principales puntos de entrada al país, de sur a norte: Coll de Jou (Sant Julià de Lòria) y Port de Siguer (Ordino). Gran parte de la cincuentena de obras de la Bienal se encuentran instaladas a lo largo de este recorrido.

El tercer y último eje conductor es Els Miradors. Aparte de esos tres, hay un cuarto vértice en la zona Ras, en torno al lago de Engolasters, donde cualquiera puede ser partícipe del festival elaborando su propia creación artística.

Implicación absoluta

Todos los Comunes se involucran en una muestra única que concentra arte y patrimonio y que no tiene precedentes que se extiendan tanto en el tiempo. Si bien territorios como Cataluña realizan acciones puntuales y ubicadas en un punto concreto, la Bienal de Andorra teje un patrón inédito que implica a todo el país uniendo diferentes lugares gracias a la creación artística. Creación artística que se potencia gracias al valor del patrimonio natural del Principado y que forma parte del día a día de sus ciudadanos.

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