Argentina cabalga sobre la crisis

Si en algún país es pertinente emplear el término brotes verdes para resumir una incipiente recuperación económica, es en Argentina. El omnipresente sector agropecuario fue el primero en despegar, como no podía ser de otra manera. Gradualismo es la palabra que se ha impuesto en la city porteña para resumir las políticas económicas del gobierno de Mauricio Macri.

Las encuestas indican que por fin Macri se ha ganado la confianza de los empresarios. Un aval que será ratificado tras las elecciones legislativas parciales del 22 de octubre. El país ha empezado a crecer y el presidente ostenta el poder. Lo está demostrando, por ejemplo, en la negociación con los sindicatos. Y, sobre todo, ha logrado que se desvanezca el fantasma del contrapoder de su predecesora, la kirchnerista Cristina Fernández que basa su campaña al Senado en alertar del supuesto ajuste que pretende hacer Macri tras los comicios aunque seguiría teniendo minoría parlamentaria.

La economía argentina ya está en proceso de recuperación generalizada pero presenta un panorama heterogéneo, con sectores creciendo a distintas velocidades. El agropecuario arrancó muy rápido. Otros, como la construcción o la industria, más rezagados, empezaron a crecer a principios de año. También energía, banca y servicios financieros, tecnologías de la información o minería suben con fuerza. En cambio, otros tienen un incremento mediocre, como el alimenticio o los bienes de consumo en general. Y en algunos, el desempeño es negativo, básicamente en el sector manufacturero.

Tras caer un 2,3% en el 2016, el FMI estima un alza del PIB del 2,5% tanto para este año como para 2018. Sin embargo, algunas consultoras locales aseguran que en 2017 rozará el 3%. El Fondo fija la inflación en el 26,9% para este año y en el 17,8% para el próximo, en la línea de reducción que desea el gobierno. Según el organismo, el desempleo sería del 8,1% en el 2017 y se reduciría al 7,7% en 2018, teniendo en cuenta el elevado grado de trabajo informal.

“La economía se recupera y todos los indicadores van en este sentido: mejoras fiscales, de empleo, caída de la pobreza… Quizás hoy la mayor preocupación es la cuenta externa, que parte de la posibilidad del gobierno de ejercer un gradualismo fiscal para poder ir acomodando el tema del sector público, a costa de un mayor endeudamiento a corto plazo”, explica a La Vanguardia Dante Sica, director de la consultora Abeceb.

“La pregunta no es si la economía crece, sino si este crecimiento será sostenido o no, si vamos a un rebote cíclico de dos años y después vuelta a caer o si vamos a eliminar ese serrucho y Argentina puede tener una recuperación más sostenida”, agrega Sica. “La clave estará, después de las elecciones, en la capacidad que tenga el gobierno de poder avanzar no en el proceso de normalización de la macro, un proceso que continúa, sino en avanzar en un conjunto de reformas más estructurales desde el punto de vista fiscal y de competitividad para generar y poder reafirmar esta especie de círculo más virtuoso donde uno puede pensar una recuperación sostenida en el tiempo”, añade.

La mayoría de economistas son optimistas. “El país sale de la pendularidad, que un año crece y el otro no; esa pendularidad la veníamos teniendo desde el 2010, ya podemos asegurar que Argentina va a tener por lo menos dos años de crecimiento positivo y yo me animaría a decir que más, el tema es que es un crecimiento dispar, hay sectores que crecen al 6% y otros al cero”, dice a este diario Martín Redrado, expresidente del Banco Central (2004-2010).

“Argentina ha decidido financiar su déficit fiscal con financiamiento internacional; lo positivo es que tiene espacio para tomar ese financiamiento a tasas cada vez más bajas, ha venido disminuyendo el riesgo país, lo que genera abundancia de divisas financieras y que el tipo de cambio se mueva por detrás de la tasa de inflación”, agrega Redrado.

Aunque los últimos datos oficiales apuntan a un ligero descenso, un tercio de la población es pobre. El gobierno ha mantenido los subsidios para la clase baja implantados por el kirchnerismo. Por otra parte, la abultada inflación sigue impactando en el consumo y además el crecimiento económico no va unido a una destacada creación de empleo, una tendencia mundial.

“Hay menos pobreza cuando baja la tasa de inflación, esa es la apuesta del gobierno pero, sin duda, el desafío de creación de empleo es central”, asegura Redrado. “Tenemos una economía que ha destruido empleo en el 2016 y ha recuperado en algunos sectores, quizás el más dinámico la construcción, como producto del blanqueo de capitales”, añade. El gobierno impulsó una amnistía fiscal y afloraron 120.000 millones de dólares; la mayoría se quedó en el extranjero, pero una décima parte volvió al país y se invierte en compra de propiedades.

Después de que hace unos meses Brasil aprobase una reforma laboral calificada de “salvaje” por la izquierda y los sindicatos, los empresarios argentinos pidieron a Macri una medida similar. Sin embargo, los analistas coinciden en que el presidente ha descartado un gesto drástico que aumente la conflictividad en un país donde los sindicatos tienen mucha fuerza y con los que ha demostrado poder de negociación. Claro que la Casa Rosada ha contado con la ayuda de la justicia, que en estos meses ha mandado señales a los eternos líderes sindicales locales, algunos de los cuales están en prisión después de prosperar denuncias de enriquecimiento ilícito.

“No creo que sea una reforma al estilo brasileño, porque en Argentina las mismas restricciones de la economía política te imponen una negociación distinta y más con un gobierno sin mayoría en ambas cámaras”, sostiene Sica, que cree que se van a dar acuerdos sectoriales.

Lo mismo opina Redrado: “El enfoque va a ser nuevamente sectorial, como ya se ha hecho en los sectores petrolero, automotriz o construcción, que han logrado algunos acuerdos tripartitos entre empresarios, sindicatos y gobierno”.

En cuanto a las inversiones extranjeras, están comenzando a llegar a proyectos vinculados con contratos con el Estado, especialmente para construcción de infraestructura pública, después del amplio plan aprobado por el gobierno. “Argentina se ha puesto una ambiciosa agenda de reformas, muy enfocada en favor de lo que esperan los inversores, pero en lo que tiene que ver con el entorno regulativo de los mercados la agenda tarda más en ser implementada”, explica Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, especializada en negocios internacionales. “Todavía hay una enorme cantidad de distorsiones que corregir, precios relativos que ajustar, cuestiones que son efecto del déficit de presupuesto, como tasa de interés, atraso cambiario, tasa de inflación, que para las inversiones referidas estrictamente a los mercados, se hacen esperar”, agrega Elizondo. “Sin embargo, un contrato con el Estado da cierta garantía y cierta inmediatez, por lo que las inversiones extranjeras primero están llegando a aquellos proyectos más referidos a infraestructura pública”, concluye.

Por otro lado, las empresas españolas de banca, construcción, ingeniería y exportadoras de bienes de capital e intermedios son las que por ahora más se benefician del crecimiento argentino. Un dato: las exportaciones españolas a Argentina aumentaron un 27,4% en lo que va de año respecto al mismo periodo del año pasado, el porcentaje más alto de un país del G-20, lo que demuestra el dinamismo del país.

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