Barcelona, un modelo más allá del turismo

Atenazada entre la presión de su controvertido éxito turístico y el anhelo ciudadano de ejercer un papel relevante en la red de urbes que definirán la economía del siglo XXI, Barcelona yace en el diván de la insatisfacción perenne.

Amplios sectores económicos –hoteleros, comerciantes, propietarios inmobiliarios y fondos de inversión– recelan que el rechazo al turismo averíe la gallina de los huevos de oro. En el otro lado –clases medias, empleados de servicios, inquilinos…– temen verse marginados y expulsados de una urbe en la que les cuesta encontrar cobijo.

No es nuevo. El grupo de empresarios nucleados por el profesor Pedro Nueno, que cada año reflexiona sobre el futuro de la economía catalana, analiza el fenómeno desde hace quince años. En su primera reunión en Boston ya detectó la necesidad de que Barcelona redefiniera su modelo antes de que este acabase fuera de control.

Jordi Nadal: “Las grandes transforma-ciones han provocado que la paz social esté en entredicho”

Barcelona es una realidad compleja, resultado de muchas confluencias, y rechaza verse definida por un único vector; le aterra la perspectiva de que se decante en exceso hacia el turismo. Pero no acaba de saber qué quiere.

Quince años después, el grupo se reúne en el Club de la Facultad de Harvard, de nuevo en Boston, ciudad con la que a todas las demás les gusta compararse, pese

a que forma parte de una exclusiva liga.

Al mundo empresarial le cuesta, de entrada, entender el ambiente de pesimismo o rechazo que envuelve el debate. Jaime Grego, presidente de los Laboratorios Leti, lo expresa con franqueza: “Me parece paradójico lo que ocurre, sería como si un empresario se quejara de que su empresa tiene demasiados pedidos o clientes, es peligroso asumir que el éxito consiste en reducir el número de turistas”.

Abunda en el asunto el publicista y asesor empresarial Ildefonso García Serena: “Es mucho mejor tener que gestionar el éxito que el fracaso, y creo que el balance es de éxito. Un ejemplo indiscutible es el del aeropuerto barcelonés”.

Fernando Serrate: “No quiere ser sólo una ciudad de buena vida. Quiere ser influyente”

Diagnosticar el estado real de la ciudad ha de ser el primer paso. Tommaso Lucca, responsable en España de la aseguradora italiana Assiteca, residente en la ciudad con vocación de permanencia, concluye que la “actual dinámica turística es insostenible, tiende a una saturación a la veneciana.

No vale comparar con Londres, pues esta es mucho más grande. Barcelona tiene la mitad de la superficie de Milán, pero una cantidad varias veces superior de visitantes”.

Desde otro ángulo, Jordi Nadal, director general de Plataforma Editorial, remacha la idea: “Las grandes transformaciones han provocado que la paz social de la ciudad esté en entredicho, su cohesión. Y sin ella será prácticamente imposible hacer nada constructivo en el futuro. Hay que ver cómo recuperar esa paz”.

Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. en España, que agrupa a sus grandes multinacionales, se muestra más crítico con la visión que los catalanes y barceloneses tienen de su realidad: “Barcelona es muy ciclotímica, el Estado de bienestar funciona, especialmente en la sanidad y la educación gratuitas; dispone de infraestructuras de altísimo nivel, la última, el aeropuerto; pero le cuesta saber lo que quiere, incluso tiene impulsos contradictorios sobre un mismo tema según el momento”.

Fernando Serrate, responsable en Catalunya de KPMG:“A la ciudad le falta definir un proyecto de transformación”

Fernando Serrate, responsable en Catalunya de KPMG, cuestiona la debilidad estratégica: “A la ciudad le falta definir un proyecto de transformación. En parte es por ausencia de ambición de las administraciones, pero la responsabilidad es también de la sociedad catalana, que parece haber abandonado esa ambición de ejercer un cierto papel de liderazgo en el sur de Europa”.

Y es que, en palabras de Serrate, Barcelona “no quiere ser sólo una ciudad de buena vida y turismo, quiere y debe ser una ciudad de influencia. Ha de integrar muchas cosas preservando a la vez su modelo característico”. Y eso quiere decir industria, empresas, tecnología, innovación. En proporciones que al liderazgo político y social le corresponde definir.

También cultura. Yolanda Serra, directora de programas internacionales de Iese, cifra “en el 3% del PIB europeo la aportación de las industrias creativas; pero en los últimos años en Barcelona apenas se ha avanzado en este ámbito.

Más en general, la ciudad tiene notables dificultades para retener a los alumnos que vienen a ella a formarse. Cuando acaban se van, pues no hay una oferta suficiente y debidamente remunerada que les permita hacer frente a sus deudas de estudios y mantener un nivel de vida digno”.

Más optimistas son los empresarios vinculados a las nuevas tecnologías. Josep Lluís Sanfeliu, responsable de Ysios capital, firma de referencia en financiación de biotec, es un ejemplo: “Desde hace dos años, Barcelona está atrayendo una enorme cantidad de proyectos e inversiones. Este 2017 va muy bien, con un crecimiento en Barcelona de la inversión tanto local como internacional, con proyectos globales, como no se había visto nunca”.

La cruz, según Sanfeliu, quien también forma parte de la ejecutiva de Barcelona Global, es que, “como vivimos desconectados y desagregados, junto a esos éxitos hay también importantes bolsas de desarraigo social, que necesitan un esfuerzo en el terreno de los servicios sociales… Y en ese contexto, el turismo se define como el gran enemigo, en parte figurado, producto del desconocimiento de sus efectos reales”.

¿Es la comunicación una herramienta suficiente o apta para superar esa segregación y visiones contrapuestas? Pere Botet, presidente de Advanced Medical, defiende que “se explique a los ciudadanos que el turismo ha sido en gran medida la base del crecimiento de los últimos maños y que la turismofobia no conduce a ninguna parte”.

Complementando esa idea, Santiago Tarín, de Master Consulting, cree que “el problema con la comunicación es que los líderes económicos y parte de la élites no son creíbles para los afectados negativamente por estos cambios, transformaciones y presiones…, hay que conseguir que los políticos cambien sus mensajes”.

En esa línea, Serrate recuerda que la sede de la Agencia Europea del Medicamento, que a causa del Brexit busca nueva ubicación en el continente, “no contaba inicialmente con el apoyo de los nuevos administraciones municipales.

Sin embargo, cuando conocieron la realidad del proyecto, sus implicaciones en términos de empleo y económico, lo asumieron plenamente”. Otro tanto se podría decir de ámbitos como, por ejemplo, la Fira.

Adela Subirana, consejera de Sacyr, suma el ejemplo del “Consorci de la Zona Franca, que ha acordado con el Ayuntamiento y la Generalitat diversas permutas de terrenos en beneficio del municipio.

Y se pactado con un presidente del Consorci, Jordi Cornet, nombrado por el PP. Es una prueba de que si se informa y hay voluntad de entendimiento se sigue podiendo hacer muchas cosas. Propuestas concretas y manos a la obra”.

Y de propuestas quiere hablar Manu Monasterio, del Club de Marketing de Barcelona y profesor de Esade en esa misma materia. Concretamente, de la inversión en la transformación de la ciudad en una smart city.

“El próximo noviembre,la ciudad será la sede del Smart City Expo World Congress, una referencia en su ámbito. Y Barcelona debería encabezar la tendencia en favor de combinar la ciudad inteligente con la idea de ciudad socialmente sostenible”.

Y pionera en apuesta ecológica, remacha Lucca, “pues en esto la dimensión media sí es una ventaja. Es muy difícil desarrollar la sostenibilidad en ciudades muy grandes, como Londres o Nueva York, donde cualquier desplazamiento es largo y muy complicado. En Barcelona es más sencillo y asumible. Hay que aprovechar ese plus.

Pedro Nueno recuerda que lo de ciudad inteligente “ya dio sus primeros pasos en Barcelona en los mismos comienzos de la revolución informática, con los antiguos ordenadores personales (PCs). Hay tradición. Incluso una empresa desarrolló un sistema de gestión de circulación con controles de los semáforos, que acabó instalada en Boston.

Fue un primer ejemplo. Luego vinieron más”. Y aporta un dato extraído de la realidad inmediata: “Ahora las cosas están más puestas para que las empresas se vendan que para comprar. Habrá que ver qué efecto tiene eso sobre la dinámica económica y social de la ciudad”.

Otras iniciativas que combinan el atractivo turístico de la ciudad con su potencial empresarial de alto valor añadido han corrido diferente suerte. Es el caso de los clústers de la sanidad y la medicina, siempre en posiciones punteras pero con dificultades para fraguar operativamente.

Grego, en otra escala, recuerda que para el ámbito de las enfermedades respiratorias “la ciudad ha creado la Barcelona Respira-toring network, que apoya políticas de investigación en salud respiratoria y propicia el trabajo conjunto entre los sectores público y privado”.

Mientras, el flujo de dinero sigue fluyendo hacia la ciudad, especialmente hacia los activos inmobiliarios. Las hermanas Lidan y Lilin Qi destacan que “el atractivo de la ciudad para los inversores chinos no se reduce a ese sector.

La inversión actúa como una mancha de aceite y se está expandiendo hacia otros ámbitos. Por otra parte, los visitantes chinos son uno de los puntales que sostienen los principales ejes comerciales de la ciudad, especialmente el paseo de Gràcia.

García Serena concluye lanzando un mensaje que intenta captar lo positivo de la situación: “Está bien que Barcelona se queje, eso es un motor de cambio y de mejora. Incluso la protesta por los efectos del turismo puede convertirse en energía positiva”.

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