Bruselas propone reformas de calado en la eurozona para garantizar su futuro

“El euro es más que una moneda”, recuerda el informe sobre el futuro de la unión económica y monetaria que hoy publica la Comisión Europea. El proyecto, en esencia político, fue lanzado hace 25 años con algunas carencias que la crisis financiera obligó a reparar a la carrera pero “los desafíos persisten”, advierte Bruselas antes de proponer algunas medidas con las que completar la arquitectura institucional de la moneda única y volver a estimularla convergencia entre sus diferentes economías, una tendencia que se frenó con el comienzo de la crisis financiera.

En esta situación, es la propia credibilidad del euro lo que está en juego. “Años de bajo o nulo crecimiento han dejado marcas duraderas en el tejido social, económico y político europeo”, afirma el documento, al que ha tenido acceso La Vanguardia. “Muchos países todavía están lidiando con el legado de la crisis, que incluye altos niveles de paro y deuda pública o privada. Aunque el apoyo al euro es alto –y va en aumento– hay también un cuestionamiento creciente sobre el valor añadido del euro y los mecanismos de la unión económica y monetaria”, apunta la Comisión Europea. Las reformas, en suma, son imprescindibles para garantizar su futuro.

Bruselas urge a los gobiernos a completar la unión bancaria

A corto plazo, Bruselas urge a los gobiernos a completar antes del 2019 la unión bancaria con la creación de una garantía paneuropea de depósitos y dote de un presupuesto creíble al fondo de resolución común para actuar cuando una crisis precise más capital que el prefinanciado por los propios bancos. En paralelo, el ejecutivo comunitario propone sentar las bases para la emisión de “Activos europeos seguros”, una especie de ‘eurobonos light’ que “sin mutualizar deuda entre los estados miembros” –recalca– ayudaría a los bancos diversificar sus balances e incentivarían la inversión privada.

La Comisión propone también ir preparando un fondo central de estabilización, un embrión de un Tesoro común, para ayudar a países en casos de crisis asimétricas, con iniciativas que van desde el seguro europeo de desempleo a un plan de protección de inversores o un fondo anticrisis. Los nuevos mecanismos –algunos de ellos, ya a debate en el Consejo– deberían estar funcionando ya en el 2025. Las preocupantes tendencias de fondo en la economía europea justifican de sobra este tipo de medidas, defiende Bruselas. El informe pone el dedo en la yaga de una de las constataciones más dolorosas tras 15 euros de circulación del euro. Con todos sus éxitos a nivel financiero (escudo frente a cambios en el tipo de cambio, intereses más baratos, mayor acceso a capital, importaciones más competitivas) la convergencia entre las economías que lo integran sigue siendo una asignatura pendiente.

Convergencia “ilusoria”

Antes de la crisis, la zona euro era el símbolo de una prosperidad en constante crecimiento”

“Las tendencias hacia la convergencia de los primeros años de la moneda única se han demostrado en parte ilusorias. Antes de la crisis, la zona euro era el símbolo de una prosperidad en constante crecimiento. La renta real por habitante en la zona euro aumentó sin pausa entre 1999 y el 2007” debido en parte al crédito barato y la llegada de capital a países con constantes déficits por cuenta corriente, situación que derivó en la aparición de burbujas y un aumento del gasto público que ocultaron las pérdidas de competitividad de algunos países.

La zona euro está lejos de haberse recuperado de los daños sufridos. El desempleo decae pero los niveles de paro siguen siendo muy diferentes a lo largo y ancho de la eurozona, con grandes bolsas de paro estructural y juvenil. “Por primera vez desde la segunda Guerra Mundial hay un auténtico riesgo de que u na generación de adultos de hoy acabe viviendo peor que sus padres”, recalca el documento. Aunque la inversión ha aumentado en algunos países, “sigue por debajo de las tendencias a futuro”, una situación que “puede inflingir daños al perpetuar las diferencias en el potencial de crecimiento” de los diferentes países. La deuda pública acumulada, por último, “precisará tiempo para ser absorbida” sobre todo en un contexto de recuperación económica modesta y bajos niveles de inflación, lo que puede dar lugar a problemas de otro tipo como la falta de apoyo público a las inversiones o dar pie a vulnerabilidades financieras.

Aunque se ha perdido el sentido de urgencia que había hace unos años, en parte por la recuperación económica, “no podemos permitirnos esperar a otra crisis para encontrar la voluntad colectiva necesaria para actuar”, afirman el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, y su responsable de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, en este informe, parte de las propuestas con las que el ejecutivo comunitario quiere estimular el debate y las decisiones sobre el futuro de la Unión Europea y evitar que el Brexit consuma todas las energías políticas disponibles durante los próximos años.

No podemos permitirnos esperar a otra crisis para encontrar la voluntad colectiva necesaria para actuar”

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