Coaching para llenar el vacío de la jubilación

Jubilación. Júbilo o vacío. A más horas entregadas en exclusiva al trabajo, mayores dificultades para rehacer la vida al acabar de jubilarse o al inicio de un período de prejubilación. No es generalizado, pero cada vez son más las personas que recurren al coaching para preparar la jubilación.

El director del Programa en Coaching Ejecutivo y Personal de la UPF Barcelona School of Management, Jordi López, sostiene que hay alguna iniciativa, sobre todo entre las grandes organizaciones, empresas financieras, de telefonía, o energéticas, que sí han pensado en procesos de coaching para preparar las prejubilaciones de sus empleados. Y a nivel particular, cada vez son más las personas que recurren al acompañamiento para buscar nuevos o renovados objetivos en la vida.

Un directivo medio que ha dedicado todos sus esfuerzos a una compañía, que le ha dado todo y a la que él de forma recíproca también daba todo, sin generar contactos o raíces fuera de la empresa y sin hobbies abundantes, es el perfil más común. Quien tiene distintas actividades fuera del entorno laboral se adapta mejor. “Las personas que han dedicado toda su vida solo al trabajo, si no tienen alternativas latentes creadas pueden tener algunos problemas vitales y allí un coach puede ayudar”, afirma Jordi López.

A la hora de acompañar a un prejubilado o jubilado es necesaria la confianza entre el coach y el cliente. “Por supuesto, a continuación debemos sondear conjuntamente la coyuntura inicial, poder llegar a identificar el futuro deseado, el ideal, los objetivos o meta, la realidad próxima, la visión que tiene el prejubilado o jubilado de cómo se vería bien en los próximos diez o quince años, qué indicadores vería como óptimos para una vida satisfactoria, quizás con una perspectiva económica cubierta, ojalá sea esta una realidad para todos, pero que en muchos casos desde una perspectiva vital, quizás no lo sea”, agrega.

“La virtud del coaching _recalca_ es que nadie da una solución como asesor experto. Es la misma persona que recurre al coach quien ve “el destino deseado”. El jubilado tiene que ser consciente de sus alternativas y, por supuesto, hay que identificar los indicadores y compromisos propios, así como el control del proceso y valoración de resultados.

Jordi López señala que es evidente que cuando se jubila una persona que lleva, 25 o 30 años trabajando en el mismo sector y en la misma empresa u organización, desde una perspectiva humana se produce una fractura existencial porque han estado 30 años desarrollando una determinada actividad y de un día a otro se queda absolutamente vacío en visibilidad. “Te vacían el contenido de tu vida, hay gente que sabe sobreponerse y generar actividades que le llenen y otras personas que quedan francamente tocadas porque no consiguen encontrar un norte, un objetivo de vida, donde aplicar su tiempo y ahí aparecen como gran bloque de actividades, entre otras, el voluntariado”, apunta.

López añade que en un proceso de coaching el objetivo es acompañar (no orientar) a esa persona para que ella misma pueda descubrir cuál puede ser su objetivo vital a partir de ese cambio existencial que supone la prejubilación o jubilacion: “La máxima es que estamos realizando un acompañamiento, no un asesoramiento, la gran importancia es que es el prejubilado o jubilado el que tiene que aflorar de manera socrática cuál es su objetivo. Es él el que tienen que definir el objetivo o la meta”.

El proceso normalmente es de seis o siete sesiones de hora y media; entre sesión y sesión puede haber unos quince días, en algunos casos más y en otros menos. Depende de la intensidad y la claridad con la que se avance, puede durar entre tres y seis o siete meses.

Coleccionismo, voluntariado o colaboraciones con amigos y conocidos, son algunas de las opciones elegidas desde la satisfacción de una nueva meta. Nada que ver con el jubilado que no tiene la capacidad de sobreponerse y acaba colaborando únicamente en algunas tareas del hogar a las que no se dedicó nunca, lo cual sea dicho de paso es muy deseable en el caso de los hombres, o visitando obras… o simplemente pasando las horas en forma pasiva ante el televisor.

A juicio del Jordi López, como entre los 55 y los 58 años es una edad en la que se inician muchos procesos de jubilación, lo ideal sería que un poco antes de iniciar esta nueva fase de la vida se empezara a “trabajar” en cómo quiere verse cada persona en los diez o quince años siguientes. “Sin duda resultará vital y más si añadimos a este período el conocido incremento de la esperanza de vida”, concluye.

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