Crisis sin fin en Brasil

Ponte para o futuro. Ese era el nombre del programa económico elaborado en el 2015 por el equipo de Michel Temer antes de rematar el proceso de destitución de Dilma Rousseff. Dos años después, con una economía estancada y el mismo presidente acusado de graves delitos de corrupción, el puente prometido empieza a recordar aquel libro de Stefan Zweig en 1941, ahora materia para chistes mordaces: Brasil: tierra del futuro.

El plan de la oposición brasileña, el liberal PSDB, cuyo líder Aecio Neves había perdido las elecciones del 2014 por un margen estrecho, era el siguiente. Primero: apoyar públicamente la investigación anti corrupción encabezada por el juez Sergio Moro , conocido como Lava jato (lava coches) y centrada entonces, principalmente en el partido de los Trabajadores (PT) y la red de sobornos de la petrolera estatal Petrobras.

El repunte económico no es sostenible, aseguran economistas en Río de Janeiro

Segundo: convertir las grandes manifestaciones de las clases acomodadas de São Paulo y Río contra el PT en el vehículo para destituir a Rousseff, acusada de irresponsabilidad fiscal e ineptitud macroeconómica en una atroz coyuntura de recesión e inflación de dos dígitos. Una vez logrado el impeachment de Rousseff, se adoptaría un programa de ajuste más o menos ortodoxo bajo el nuevo presidente Michel Temer, tal y como pedían el FMI y los economistas en las sedes bancarias y corporativas de São Paulo.

El programa prometía estabilizar la deuda en relación con el PIB, bajar la inflación, reformar

el costoso sistema de pensiones públicas, y desregular el mercado de trabajo. Una vez restaurada la confianza de los mercados, el banco central podría bajar los elevadísimos tipos de interés y la economía se recuperaría tirada por las exportaciones tras la depreciación del real. Así se despejaría el camino para el candidato del PSDB en las presidenciales del 2018.

Dos años después, tras una segunda huelga general el viernes contra los ajustes y en medio de un escándalo de corrupción que puede forzar a la salida de Temer de la presidencia, el plan no va exactamente sobre ruedas.

Cartel crítico con el presidente Temer, ahora cuestionado

Tras el colapso del 8% del PIB en el 2015 y el 2016, hubo un conato de recuperación en el primer trimestre de este año. Subió el 1% después de ocho trimestres de descensos. El repunte fue anunciado a bombo y platillo por el ministro de Finanzas Fernando Meirelles. Pero un análisis más detallado del dato es menos alentador, explica Ricardo Summa, economista de la Universidad federal de Río de Janeiro. “La subida está basada exclusivamente en un descenso de existencias y un aumento de las exportaciones de productos agrícolas (China sigue importando enormes cantidades de soja); el consumo no se recupera y la inversión tampoco“, dijo.

Para un país tan grande como Brasil, una recuperación tirada solo por las exportaciones no es sostenible. El consumo sigue lastrado por niveles récord de paro , y por elevados volúmenes de deuda familiar. La inversión aún se resiente del ajuste fiscal. “Estamos en un estancamiento y para mucho tiempo”, resume Summa. Hasta los economistas más próximos al gobierno coinciden. “La recuperación es mucho más lenta de lo que pensábamos”, dijo Samuel Pessoa, economista de São Paulo que asesoraba al PSDB. “Tenemos problemas macro y micro; la inversión se ha desplomado en los últimos años y no se recupera”.

Los mercados dieron el voto de confianza a Temer en los primeros meses, con fuertes subidas del la bolsa y del real. Se generó un margen para una serie de bajadas de tipos de interés desde el 16% en 2015 hasta el 10% actualmente. Pero ahora crecen los temores de que la crisis política y las subidas de tipos en EE.UU. pueden quitarle espacio al banco central. Eso sería un problema serio porque la deuda pública ha subido del 56% en el 2014 al 75% del PIB este año y los costes de servicio son gigantescos, equivalentes al 7,6% del PIB. Asimismo las grandes empresas brasileñas, lideradas por Petrobras, arrastran enormes cantidades de deuda.

El único objetivo logrado del Puente para el futuro es la bajada de inflación del 10,7% en el 2005 al 4,2% ahora. Pero esto se debe al colapso de la demanda en la recesión mas grave de la historia. Es más, los tipos de interés reales –el verdadero coste de capital para las empresas- son más altos que antes debido a la desinflación. No es de extrañar que la inversión no se recupere.

La otra pata del plan -rentabilizar políticamente la redada anti corrupción contra el PT- tampoco ha salido tal y como se quería. Tras diezmar a la cúpula del PT, la investigación lava jato ha desplazado su punto de mira. Primer objetivo: Aecio Neves , acusado de recibir cohechos y blanquear dinero, junto a otras figuras clave del PSDB. Segundo blanco: el mismísimo presidente Temer- líder del Partido del Movimiento demócrata de Brasil (PMDB) conocido cáusticamente como el “partido en alquiler”. Temer fue grabado animando al presidente de la multinacional cárnica JBS a pagar sobornos para comprar el silencio a un compañero de partido encarcelado. Esta semana el fiscal general de Brasil ha acusado a Temer de cobrar sobornos por casi 10 millones de euros. Temer es el presidente menos popular de la historia. Moody’s citó el escándalo al rebajar su calificación de deuda brasileña.

Todo esto complica sobremanera la tercera fase del plan de los liberales reformistas del PSDB: ganar las elecciones del 2018. El ex presidente, Luis Inacio Lula da Silva sigue siendo el candidato presidencial que más apoyo tiene en los sondeos, en torno al 30%. Pese a ser investigado por corrupción también, Lula mantiene su apoyo en el antes atrasado noreste de Brasil, que fue transformado bajo los Gobiernos del PT gracias a programas sociales como Bolsa Familia y créditos subvencionado a las familias pobres.

Ahora, Lula está intentando liderar el rechazo -palpable en todo el país- a las reformas de Temer. La de las pensiones ha levantado ampollas porque subiría la edad de jubilación de trabajadores cuya esperanza de vida es bastante baja. “Con la reforma de las pensiones el trabajador va a morir antes de recibir una pensión”, anuncia un enorme cartel en las carreteras del estado amazónico de Roraima. “La reforma de pensiones ya no pasará en el Congreso”, dijo Lucas Aragao, analista político en Brasilia.

La reforma laboral que reduce la protección de empleo y flexibiliza la jornada laboral sí fue aprobada en el congreso la semana pasada mientras manifestantes de los sindicatos y huelguistas, con pancartas que rezaban “Fuera Temer”, bloqueaban las calles en la capital y otras ciudades. La ley de control del gasto que paraliza el gasto público durante 20 años es otra medida polémica que ha desatado la ira popular. El poderoso grupo mediático Globo se ha sumado a la campaña contra Temer.

Para las instituciones de Washington como el FMI o el Banco Mundial, Brasil es el ejemplo típico de un país productor de materias primas que no supo gestionar los años de bonanza para prevenir la crisis. “Si usted no ahorra en los tiempos buenos va a tener que recortar gasto en los tiempos malos”, dijo Carlos Végh, el economista responsable de América Latina del Banco Mundial (ver la entrevista en la siguiente página).

El gasto del gobierno central subió del 11% al 20% del PIB entre 1992 y el 2017. El déficit público subió del 0,3% en el 2011 al 10% del PIB en el 2015 . Pessoa critica a Lula y Dilma por “adoptar políticas heterodoxas de créditos subvencionados a campeones nacionales aconsejadas por economistas de izquierdas que han resultado muy costosas porque los tipos de interés en Brasil son muy elevados”.

Pero estos mismos economistas heterodoxos interpretan de forma distinta la causa y el efecto de la crisis “Jamás hubo un exceso de laxitud fiscal; teníamos un superavit primario muy alto (sin incluir costes de intereses) del 8% en el 2011; lo que ocurrió es que Dilma hizo un ajuste demasiado duro y la economía se colapsó”, dice Carlos Pinkusfeld, de la Universidad federal de Rio.

Asimismo, los tipos disparados de interés pueden no ser el resultado de la crisis fiscal sino la causa, ya que asfixian la economía y reducen los ingresos al estado. “La única forma de salir de este estancamiento es mediante la inversión pública”, dice Marcelo Mitterhoff economista del gigantesco banco público BNDS.

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