Draghi promete tipos de interés muy bajos hasta mitad del 2019

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), podría abandonar la Eurotower de Frankfurt a finales del 2019 sin subir en todo su mandato los tipos de interés. No es una posibilidad en absoluto remota en estos momentos. La última subida de tipos en la eurozona se produjo en julio del 2011, cuando el consejo de gobierno que entonces presidía Jean-Claude Trichet elevó el precio del dinero desde el 1,25% al 1,5%. Draghi llegó muy poco después a la cúpula del BCE, en noviembre de ese año, y desde entonces sólo ha existido una política: la del dinero gratis en búsqueda de superar la recesión, estimular el crecimiento, la creación de empleo y la inflación.

Aunque se han logrado buena parte de los objetivos, aún persisten dudas y la normalización no está tan cerca como cabría esperar. La noche del jueves, Draghi dijo que el BCE mantendrá los tipos de interés en el suelo –están en el 0% desde hace año y medio– mucho más allá del fin del programa de compra de bonos de la entidad, cuya vigencia aún está en cuestión. En principio, el llamado quantitative easing (QE) debería finalizar en diciembre de este año, pero su prórroga es un secreto a voces.

Ayer, fuentes próximas al BCE citadas por Bloomberg y Reuters explicaron que el QE, en una versión más reducida, quizás hasta la mitad, de los 60.000 millones de euros mensuales actuales destinados a comprar bonos soberanos y corporativos, podría llegar hasta junio o septiembre del 2018, según las citadas agencias.

En principio, en la reunión del próximo 26 de octubre, el BCE revelará su plan al respecto, aunque siempre con la salvaguarda de ir más allá en el tiempo, si las expectativas de inflación –que sigue sin acompañar al crecimiento económico como se pretendía– no son más elevadas. Así las cosas, en el mejor de los escenarios que maneja ahora el BCE, la primera subida de tipos de interés en la eurozona desde el 2011 no llegará antes de mediados del 2019. El mandato de Draghi acaba el último día de octubre de ese año y, por eso, podría darse la circunstancia de que el banquero italiano se marcha sin culminar el proceso de normalización de la política monetaria. A Draghi quizás no le importe. Él tiene a gala haber salvado el euro – whatever it takes– en el 2012.

Alemania clama contra el BCE

En Alemania, país ahorrador por excelencia, cuesta mucho entender que el dinero en el banco no rinde absolutamente nada. El país tiene pleno empleo, crece con fuerza y sus trabajadores y pensionistas no tienen ninguna simpatía por el BCE y su política monetaria ultraexpansiva. Lo acaba de dejar claro, una vez más, el Bundesbank por boca de su presidente, para quien los tipos ultrabajos no deberían permanecer durante demasiado tiempo. Ayer, en el marco de las reuniones del G-20 en Washington, Weidmann volvió a atizar al BCE y a pedir que pare de inyectar dinero a la economía: “No veo la necesidad de continuar apretando el acelerador de la política monetaria. Y hacemos eso si continuamos extendiendo las compras de bonos cada mes”.

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