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Duraderos, locales y éticos: los productos que la Tierra necesita




Duraderos, locales y éticos, así son los productos que la Tierra necesita. Lo dicen las pequeñas empresas que apuestan por la sostenibilidad y sellos de Comercio Justo como Fairtrade Ibérica, pero también lo manifiestan los datos. Según Greenpeace, la industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones mundiales. Además, objetos como los teléfonos móviles y los electrodomésticos participan por igual en el declive medioambiental. Como recuerda la organización, el uso actual de los recursos naturales es de media 1,7 veces más rápido de lo que los ecosistemas pueden regenerar. Unos recursos que acaban convirtiéndose rápidamente en residuos.

La camiseta o el pantalón prêt-à-porter de precio “competitivo” que abunda en los escaparates del Black Friday cuesta mucho más de lo que dice su etiqueta, dicen los ecologistas, y no solo por sus efectos en el medioambiente: “Hay algo que no nos están contando y alguien está pagando ese precio”, apunta Carmela Serantes, socia de la marca de calcetines sostenibles Calzafratelli. Para Álvaro Goicoechea, el director de la organización que certifica el comercio sostenible, Fairtrade Ibérica, la deslocalización que busca abaratar los costes puede esconder precarias condiciones laborales y «no podemos ponernos una venda». La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ya ha alertado al respecto, pues 21 millones de personas en el mundo son víctimas del trabajo forzoso. «A veces nos olvidamos de que detrás del comercio están las personas», agrega el portavoz.

Por suerte y aunque permanezcan en la larga sombra de este viernes negro, hay alternativas. Cada vez más negocios apuestan por fabricar sus productos de forma sostenible, es decir, respetando tanto el medio ambiente como los derechos humanos. Desde calcetines hasta leggins, baberos, botellas y cremas, todos se pueden consumir de forma responsable. 

Las pequeñas empresas españolas que apuestan por la sostenibilidad

Plataformas como la tienda online sostible The Good Shop son testigos del esfuerzo de las pequeñas empresas españolas que producen cuidando el planeta y la sociedad. Hasta 33 marcas locales están reunidas en esta web con la intención de facilitar al consumidor opciones de compra más respetuosas. Una de ellas es la de Antonio Caparreli y Carmela Serantes, Calzefratelli. Su negocio se dedica a la venta de calcetines, porque también las prendas más pequeñas pueden tener un gran impacto, explican. 

 “Los calcetines de mala calidad tienen una duración muy limitada, generando residuos muy rápido”, apunta Serantes. “Además, suelen viajar desde la otra parte del mundo», conllevando multitud de emisiones, y «vienen de países con leyes muchísimo más laxas tanto a nivel medioambiental como laboral”. Estos, por el contrario, están hechos en un taller de Barcelona. Lo mismo sucede con los leggins de tejido reciclado de Actandbe, de Laura González, que están fabricados entre Barcelona y Almería. “Desde los tejidos hasta la confección de las prendas, incluyendo las etiquetas o el packaging, todo se fabrica en España”, cuenta a RTVE.es.

Busco que todo se facture aquí

 Amami, la marca de Mireia Argelich, es otra de las alternativas sostenibles. Argelich confecciona artesanalmente baberos, bolsas, chupeteros y otros accesorios infantiles. Las telas las compra en tiendas locales de Portugal o Cataluña, aunque también le gusta pasearse por los barrios de Madrid cuando puede. «Busco que el producto sea lo más cercano posible, que todo se facture aquí y que se paguen las cosas como se tienen que pagar«. 

Este tipo de empresas también prestan especial atención a los envases de los productos. Un ejemplo es Anainas, una tienda de productos para las pieles infantiles cuyo packaging es totalmente reciclable: el tapón es de madera y el 70% de las etiquetas es caña de azúcar. Además, la caja en la que se envían las compras «se puede reciclar para convertirlo en un juego», asegura.

Sin embargo, los negocios sostenibles se enfrentan a una crítica constante, la de sus precios, algo más altos de lo habitual. Por ejemplo, mientras que una camiseta sintética puede rondar los 10 euros, una prenda de algodón orgánico puede llegar incluso a los 30. Pero, ¿es realmente más caro consumir sosteniblemente? Hay varios factores a tener en cuenta, dicen los expertos. 

¿Es más caro consumir productos sostenibles?

Los precios más elevados son la primera diferencia que el cliente nota en las marcas sostenibles. Esto puede llevar a pensar que este estilo de consumo solo está reservados para personas con un poder adquisitivo alto. Por el contrario, las empresas señalan su rentabilidad a largo plazo: si se compra menos y mejor, el presupuesto necesario es el mismo, pues duran muchos más años, dicen. 

«La cuestión no es la inversión de arranque, sino la durabilidad del producto y eso es lo que hay que valorar», explica la activista de Greenpeace Celia Ojeda. Por su parte, el director de Fairtrade Ibérica, Álvaro Goicoechea, hace hincapié en las consecuencias que esconden los precios mínimos: «¿Con respecto a qué es más caro?».

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Explotación, sequía, gases de efecto invernadero, contaminación marina… Si se ponen en una balanza junto a los euros que cuestan «de más» los productos sostenibles, los chollos salen mucho más caros, apunta. Las empresas, confiesan, no pueden ofrecer precios más «competitivos». «Al producir lo más sostenible posible el margen se reduce mucho», por eso esta opción «no es tan interesante para según qué tipo de compañía», cuenta Caparreli desde su taller en Barcelona. 

Además, es un camino difícil. Como explica Anainas a RTVE.es, «dar el paso es complicado, porque seguir el camino convencional suele ser mucho más rápido y barato«, mientras que «ciertas decisiones empresariales son más costosas y tienen una implementación más compleja». Sin embargo, estos pequeños negocios, aunque tengan un precio más elevado, no están enfocados a conseguir el beneficio económico y por ello resisten: «Merece la pena poner los pilares para desarrollar una economía más social, sostenible y circular».

«El dinero está en nuestras manos»

El bombardeo de publicidad es constante y omnipresente. Vallas, anuncios televisivos, influencers, redes sociales… La incitación al consumo masivo y dañino para el medio ambiente está en todas partes, disfrazado con colores brillantes y guapos modelos. Sin embargo, y como apunta Argelich, “el dinero está en nuestras manos”. Somos nosotros, los compradores, quienes podemos darle la vuelta a la situación apostando por productos sostenibles. «Es la forma que tenemos los ciudadanos de hacernos fuertes», agrega Argelich.

«Infórmate y compara», Goicoechea anima a los consumidores a darle la vuelta al producto, a mirar con cuidadosamente de qué ingredientes está hecho, de dónde viene y dónde se ha fabricado. «Si antes de comprar una nevera que cuesta 600 euros lo haces por su precio elevado, también te puedes informar de lo que hay de detrás de un café de tres euros», sugiere. 

Caparreli y Serants también recomiendan mirar cuidadosamente las materias primas, que la trazabilidad sea transparente y, en caso de dudas, preguntar a la empresa. “Tenemos que ser consumidores informados” que compren mucho menos y mucho mejor. Aunque también reconocen que puede ser complicado distinguir realmente los proyectos que se esfuerzan para ser sostenibles.

Sellos como el de Fairtrade Ibérica, el de Biocotton y el de Agricultura Ecológica en Europa pueden ayudar en la tarea de consumir responsablemente. Por este motivo, la Coordinadora Estatal de Comercio Justo elaboró una Guía internacional de certificaciones de Comercio Justo para facilitar al público consumidor y a profesionales la comprensión de los principales sellos sostenibles. También plataformas como Sostenible o Sustentable ofrecen bases de datos con certificaciones de estos productos. 

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