EntresD se lanza a la producción propia… imprimiendo guitarras

EntresD, distribuidora de impresoras 3D, incursiona en la producción propia lanzando guitarras impresas personalizadas. La nueva aventura servirá de prueba para tantear la fabricación de otros productos en el futuro, explica Marc Torras, director general.

La idea surgió en el Sónar del año pasado, cuando presentaron una guitarra impresa con una de las máquinas que vende. “Hubo bastante demanda”, dice, aunque no estaban a la venta. Este año volvió a la cita ya con el negocio montado y prevé vender unas cien en el primer ejercicio.

Una aventura ampliable

Torras incide en que el tema de las guitarras será algo complementario a ese negocio principal, el de la venta de impresoras. EntresD se fundó en Barcelona en 2013 para traer de China equipamiento para la impresión profesional en 3D.

“Si sigue habiendo demanda invertiremos más”, aclara. “Se pueden incorporar nuevos instrumentos”, añade. En el año, guitarras incluidas, prevé facturar 400.000 euros, el 10% más. Con la iniciativa la empresa ganará mercado más allá de las pymes y el sector educativo, que aglutinan el 90% de los ingresos.

Imagen de una de las guitarras de EntresD Imagen de una de las guitarras de EntresD (Archivo)

Hasta ahora, el gran cliente es la empresa que necesita probar diseños. “Permite que se pueda ver mejor lo que se está diseñando y que se pueda enseñar mejor”, explica. Así, desde que surge la idea a la versión definitiva se pueden imprimir una treintena de veces la pieza con un coste ínfimo, de un euro por vez. “Imprimes una pieza sólo apretando un botón. Sale lo que quieres y cuesta tan poco… Es un chollo”, sostiene.

Es en los últimos años cuando surge el interés por la impresión 3D ha crecido. Al arrancar la empresa ni había competencia. “Al principio compré 100 impresoras en China, las metí en un container. Tardaron 30 días en llegar y en esos días montamos la empresa”, cuenta. “Se vendieron rapidísimo”, lanza. Incluso pese a que la gente no sabía exactamente qué era una impresora de este tipo: “si no la enseñábamos la gente ni sabía lo que era”.

Pero las cosas cambian. “Ahora se habla más, aunque no ha habido el ‘boom’ de que todos tendrían una en casa”, reconoce. Más de uno se lanzó a la piscina vaticinando que cada uno contaría con una impresora en su hogar. “El mercado ha crecido a un ritmo normal”, dice. Pese a ello, le saca el máximo provecho con nuevas ramas de negocio.

Pymes y centros educativos suponen el 90% de la facturación

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