Ferrari corre como nunca

Mientras en el sector del automóvil se habla hasta la saciedad del potencial del coche eléctrico y del auge de los SUV, hay un fabricante que bate récords al ofrecer todo lo contrario: vehículos con motores de alta potencia y chasis casi pegados al suelo para sacar la máxima velocidad.

Cuando la mayoría de las marcas hace malabarismos para vender lo máximo posible y conseguir economías de escalas, hay una empresa que entrega unidades con el cuentagotas gracias a ediciones limitadas y versiones especiales, con el resultado de disparar los beneficios.

Lo han adivinado, hablamos de Ferrari. La compañía italiana presentó ayer unos resultados espectaculares. “Vamos hacia otro gran año”, afirmaron fuentes de la empresa. En el segundo trimestre, las ganancias netas fueron de 136 millones de euros, un 30% respecto al mismo periodo del año anterior. La facturación superó los 900 millones de euros, con 2.332 entregas.

En particular (y en contra de las modas actuales), el resultado fue impulsado por el incremento de las ventas de los modelos de doce cilindros (los motores más potentes).

La recuperación económica en Europa se hace notar, porque en Francia (+27%) e Italia (+25%) se registraron crecimientos de dos dígitos. Las previsiones para el ejercicio 2017 apuntan a un total de 8.400 modelos, 3.300 millones de volumen de negocio, unos beneficios ajustados de 950 millones y una reducción de la deuda hasta 500 millones de euros.

Crecen las presiones para que el fabricante aumente la producción y diversifique su gama

La política de Ferrari es la misma desde hace décadas: nunca vender más 10.000 vehículos al año. Porque, como dijo el mítico expresidente de la empresa, Luca Cordero Di Montezemolo, “cuantos menos coches producimos, más deseados son. Un Ferrari debes desearlo, esperarlo. Igual que a una mujer bella”. Para que se tenga una idea, para la 812 Superfast, aunque todavía no se ha lanzado al mercado, ya hay una lista de espera hasta el año que viene.

Hasta ahora la jugada les ha salido bien, en todos los sentidos. Sin ir más lejos, de acuerdo con la consultora Brand Finance, Ferrari es “la marca más poderosa del mundo”, por su “lealtad, confianza, identidad visual y satisfacción de sus empleados”. Su director ejecutivo, David Haigh declaró: “El caballo rampante sobre una placa amarilla es inmediatamente reconocible en todo el mundo, incluso donde las carreteras pavimentadas todavía no han llegado. En su país de

origen y entre sus muchos ad-miradores en todo el mundo, Ferrari inspira una devoción de culto, incluso casi religiosa indiscutible”.

Como anécdota, Ferrari es la única marca de coches que en los salones tiene a un encargado de limpiar las huellas dactilares que el visitante puede dejar en la carrocería al abrir la puerta del vehículo. El estilo se construye también con estos pequeños detalles.

No obstante, los tiempos cambian y la competencia aprieta. El actual presidente, Sergio Marchionne, en reiteradas ocasiones ha negado que la marca decida cambiar de filosofía, aunque se rumorea que podría salir un cuatro plazas (no sería la primera vez) pero al estilo crossover y también una versión híbrida de aquí a cinco años.

Incluso se plantea romper un tabú y fabricar más unidades, con el objetivo de duplicar las ganancias. “Podríamos doblar los niveles de producción en nuestra planta de Maranello. Ya tenemos las estructuras listas para ello”, alertó Marchionne. De llevarse a cabo, se trataría de una auténtica revolución. Cuando se le preguntó al ejecutivo si un algún día nacerá un SUV de Ferrari, él calificó la idea de “obscena”. No obstante, los puristas también se quejaron tras el lanzamiento el Cayenne de Porsche. Luego sabemos como acabó: fue un éxito sin precedentes.

“Ferrari es un sueño. Y debe permanecer como tal, salvo para unos pocos afortunados”, repetía Enzo Ferrari.

Pero las palabras, cuando el coche corre a toda velocidad, se las lleva el viento.

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