La competencia y los bajos precios ponen en cuestión la marca cava

La Denominación de Origen Cava ha conseguido en sus 31 años de vida vender 245 millones de botellas en 140 países de todo el mundo y superar en ventas en Francia al mismo champán. “Un éxito comercial y un reconocimiento internacional rotundo, difícil de imaginar cuando se creó la DO” señala Pere Bonet, presidente del Consejo Regulador del Cava. Pero el giro del sector hacia los bajos precios y el incremento de la competencia internacional, con productos como el Prossecco o los espumosos, están llevando a las empresas a buscar alternativas fuera de la DO Cava.

Las dudas, y las fugas, se producen tanto por arriba, por empresas que buscan posicionarse en la gama alta, como por debajo, en firmas que quieren ganar cuota entre los consumidores que buscan sólo un espumoso barato.

La dicotomía no es nueva: Raventós y Blanc se fue en 2012 y en 2014 otras 14 empresas decidieron crear una denominación de origen alternativa, Clàssic Penedés, apostando claramente por diferenciarse del cava como producto barato. Otras compañías van alejándose del cava con estrategias más tranquilas, como dejar de anunciarse como cava y centrar su promoción en crear marca y asociarla a un producto de calidad, como Codorniu. Incluso la misma Freixenet ha iniciado una prueba de mercado vendiendo Prosseco con su propia marca en Gran Bretaña.

producción de cava ventas número de bodegas producción de cava ventas número de bodegas (Anna Monell)

“El cava es un gran producto, y hemos conseguido que sea reconocido internacionalmente. Ahora nuestro reto es que el precio también lo reconozca”, señala Xavier Nadal presidente de la patronal de las pequeñas empresas del sector, PimeCava.

Nadal recuerda que la marca cava es un activo esencial para los pequeños elaboradores, y ha sido clave para regular las variedades y las normas de elaboración para asegurar un producto de gran calidad. Pere Bonet reconoce que “hace daño ver cavas a 2 euros en los lineales de la gran distribución”.

Según los datos del Consejo Regulador, sin embargo, las bodegas venden cada botella a un precio medio de 4,5 euros, y la gama alta supone ya más del 12% de las ventas.“En todas las denominaciones de origen conviven productos low cost con otros prémium, así que también se pueden comprar Riojas o Ribera del Duero a precios ridículos en el supermercado”, añade.

El cava es un gran producto, y hemos conseguido que sea reconocido internacionalmente. Ahora nuestro reto es que el precio también lo reconozca”

Xavier Nadal

Los cavistas centran sus críticas por el derrumbe de precios en García Carrión: el grupo murciano fabricante del vino Don Simón compró en 1997 la bodega Jaume Serra de Vilanova i la Geltrú a la familia Rato y se ha convertido en el tercer mayor productor con 45 millones de botellas, y el mayor fabricante de marca blanca, como suministrador de Mercadona.

“Hemos de ser capaces de segmentar el cava para que el consumidor pueda apreciar la calidad de cada tipo de producto” señala Xavier Nadal. Un propósito al que se encamina la creación de los Caves de Paratge y el impulso a los cavas ecológicos, que supusieron el año pasado más de cuatro millones de botellas.

“No todos compiten con las mismas condiciones”, lamenta Sergio Lozano, secretario general del cava del sindicato CC.OO. que señala que Jaume Serra, por ejemplo, no aplica el convenio colectivo del sector del cava, sino el de Vinos de Barcelona, con sueldos más bajos y peores condiciones laborales. “El consejo regulador habría de incluir las condiciones laborales entre los muchos aspectos que regula en las empresas que elaboran cava”, lamenta.

Hemos de ser capaces de segmentar el cava para que el consumidor pueda apreciar la calidad de cada tipo de producto”

Xavier Nadal

El primer ERE del sector, aplicado por Codorniu a 71 trabajadores por su decisión de dejar de producir marca blanca, ha sacudido al sector. Incluso el Ayuntamiento de Sant Sadurní d’Anoia ha hecho una resolución de apoyo. “Hemos de hacer un frente común las administraciones, los agricultores, las empresas y los sindicatos, para buscar una solución y prestigiar al cava”, señaló la alcaldesa de Sant Sadurní, Maria Rosell, que recordó que “el cava es un gran producto y las empresas ya han visto que apostar por la marca blanca no es la solución”.

El consumidor del cava, sin embargo, no ha sido capaz de asumir subidas de precios: las ventas en Alemania han caído un 30% desde que el primer exportador, Freixenet, subió precios. Tampoco en España, donde la marca blanca supone el 25% de las ventas. “Hay menos consumidores capaces de pagar precios medios que antes de la crisis”, reconoce Nadal.

Esto lleva a algunas bodegas a buscar reducciones de costes saliendo de la DO Cava para producir solo espumosos, vinos sin requisitos de variedades o crianzas que compiten en España con los de bodegas de Castilla- La Mancha o Galicia y en todo el mundo con los de los nuevos países, como Australia, EE.UU., Argentina o Brasil. Desde 2014, cuando la Generalitat permitió a los espumosos usar la botella verdosa y el corcho y precinto metálico típicos del cava, solo se diferencian del cava por su calidad. “No hay que ser alarmista –señala Bonet–. Podríamos y quisiéramos estar mejor pero el cava está haciendo las cosas bien y tiene mucho margen para crecer”.

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