La cumbre del comercio mundial arranca ignorada por el Gobierno Trump

“La apertura de los intercambios comerciales ya no atravesaba un buen momento. Luego vino el Brexit y ahora Donald Trump. Usted se puede imaginar cómo estamos ahora mismo”. Estos eran los comentarios que corrían hace días por los pasillos de Ginebra, sede de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que celebra hoy en Buenos Aires su conferencia ministerial.

Como decía un cronista veterano de estas cumbres, “la OMC es la ONU del siglo XXI. Son 156 países y todo se decide por consenso, sin vetos ni mayorías”. Sobre el papel es la esencia de la democracia. Sin ir más lejos, fue en una de estas reuniones (Cancún 2003) donde nació el G-20, la agrupación de países ricos y emergentes que tanta influencia tiene en la actualidad.

Director de la OMC

“Hay varias cuestiones sobre la mesa. No hay ninguna convergencia aún en ninguna de ellas”

Sin embargo, en la práctica, estos tipos de conferencias, que tienen como objetivo liberalizar el comercio en el mundo, acostumbran a acabar con resultados decepcionantes porque es muy difícil encontrar un acuerdo. “Hay varias cuestiones sobre la mesa. No hay ninguna convergencia aún en ninguna de ellas”, reconoció el director general de la OMC, el brasileño Roberto Azevêdo. La actual conferencia tiene una incógnita añadida: la actitud de EE.UU.

Comercio exterior
Comercio exterior (Anna Monell)

La administración de Donald Trump ha declarado guerra al multilateralismo para promover acuerdos bilaterales. “La OMC fue establecida para el beneficio de todo el mundo, excepto para nosotros. Se han aprovechado de nuestro país de manera increíble”, dijo el mandatario estadounidense. Después de abandonar la mesa del TTP y solicitar la revisión del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, la Casa Blanca tiene en el punto de mira el comercio internacional. Según fuentes consultadas, en la actualidad los negociadores estadounidenses se han borrado del mapa. “Estamos a la espera de recibir instrucciones”, repiten.

Esto significa no sólo que no van a desempeñar un papel activo en las discusiones sobre comercio estos días, sino que su ostracismo ya está bloqueando, de hecho, la organización desde su interior. Desde hace semanas el Tribunal de Apelación de la OMC, el tribunal de segunda instancia encargado de dirimir las disputas comerciales, se está quedando sin sus siete miembros. Su mandato de cuatro años sólo es renovable una vez y en la actualidad hay tres vacantes. En breve serán cuatro. EE.UU. impide la renovación, al cuestionar la imparcialidad de la institución (pese a que, según la estadística, un 78% de las decisiones en primera instancia son favorables a los estadounidenses) y rechaza que siente algún tipo de jurisprudencia. Un retraso que está causando daño a las empresas involucradas.

La buena noticia es que, después de un periodo de contracción global, los intercambios comerciales están repuntando. Todavía estamos por debajo del promedio de los últimos veinte años, cuando solían duplicar el crecimiento del PIB, pero el ritmo es satisfactorio (3,7% en contra del 2,4% pronosticado anteriormente), al mismo tiempo que las medidas restrictivas y proteccionistas están experimentando un leve retroceso comparado a los meses anteriores.

En plano más técnico, los ejes sobre los cuales hay cierta probabilidad de alcanzar un consenso son la eliminación de los subsidios ilegales a la pesca y la posibilidad de almacenar existencias de alimentos para sortear crisis humanitarias. El primer tema puede parecer menor, pero tiene una relevancia económica. Se refiere, por ejemplo, a las ayudas al combustible de los barcos pesqueros de algunas flotas de Asia para que puedan pescar millas mar adentro. En cuanto al segundo, para países poblados como India reviste un caballo de batalla política de gran importancia.

En cuanto a los otros capítulos, como la liberalización de los servicios y del comercio electrónico y la eliminación de las ayudas a la agricultura, no hay mucho margen. La llamada ronda de Doha, que tenía metas mucho más ambiciosas, parece aparcada definitivamente. La UE, después de la polémica adopción del tratado comercial CETA con Canadá, tampoco parece dispuesta a ir muy lejos.

En las delegaciones se cree que al final la conferencia puede acabar con una declaración de la presidencia de Argentina en lugar de un texto ministerial más elaborado. Queda por ver si la nube de Donald Trump que planea sobre los asistentes acabará descargando agua y que todo quede en papel mojado.

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