La divisa virtual, la financiación del futuro que ya pisa España

La financiación de las empresas ha dependido durante décadas de la banca. Los avances tecnológicos están impulsando, no obstante, un cambio de panorama, dotando de nuevas alternativas a las entidades. En el mundo startup las rondas de inversión y el apoyo de las firmas de capital riesgo se van asentando, pero aún hay opciones por explorar.

Una de ellas, la ICO (Initial Coin Offering), está dando sus primeros pasos en España. El último ejemplo son los 25 millones de dólares que levantó en menos de 15 minutos Aragon Network. Consiste en un conjunto de operaciones que, sustentándose en la tecnología blockchain, se dirigen a la captación de capital para una startup, que lo destina a cubrir los costes del desarrollo tecnológico necesario para ofrecer un producto o servicio.

¿Cómo funciona?

Es una nueva forma de financiación en la que se recauda dinero de terceros, dándoles como contraprestación activos digitales llamados tokens. El inversor puede utilizar esos tokens simplemente como vehículo especulativo, como se ha hecho en general con las criptomonedas. Pero la diferencia es que en este caso no sólo se está, estrictamente, ante una moneda virtual.

Las ICO son una herramienta “necesaria para acabar con la dominación del capital riesgo –venture capital– de Silicon Valley”, apunta Ignacio López del Moral, experto en materia legal. Se vuelve muy atractiva al permitir que las empresas que buscan fondos “se liberen de la presión que, normalmente, ejercen las entidades de capital riesgo, fiscalizando su gasto y tomando decisiones en atención únicamente a criterios financieros, soslayando, en muchas ocasiones, la calidad del producto o servicio”, añade.

Las ICO pueden cambiar el juego de fuerzas en las startups, restando poder a las capitales tecnológicas tradicionales Las ICO pueden cambiar el juego de fuerzas en las startups, restando poder a las capitales tecnológicas tradicionales (Ebrahim Noroozi / AP)

Dos grandes variedades

En general, en las ICO se dan dos grandes variantes de tokens. La primera, la variedad ‘token de acceso’, atribuye al inversor un derecho a disfrutar del servicio que desarrollará en el futuro la startup a la que financia (si este servicio fuera, por ejemplo, un software, estaríamos ante una especie de “licencia o franquicia” potencial de uso), no pudiendo participar en el patrimonio de la empresa tecnológica y teniendo que transcurrir un tiempo (el de creación del producto o servicio) para acceder a ese uso pero teniendo la posibilidad de vender en un mercado secundario ese token, incluso antes de que se inicie el proyecto, existiendo una alta probabilidad de obtener ganancias inmediatas mediante la pura especulación.

En la otra modalidad, el token presenta grandes similitudes con una acción, dando derecho a participar en los beneficios o activos de la startup. Finalmente, también se pueden tokenizar activos o acciones tradicionales existentes, algo mucho más complejo.

El bitcoin es la divisa virtual más extendida. Los tokens que dan las ICO son más que una divisa virtual. El bitcoin es la divisa virtual más extendida. Los tokens que dan las ICO son más que una divisa virtual. (George Frey / Getty)

Falta marco legal

Los beneficios de las ICO no sólo interesan a las empresas, sino también al inversor. López del Moral destaca que, en la modalidad de ‘token de acceso’ con la entrada de nuevos inversores no hay “efecto dilución en el valor”, como sí sucede en el capital riesgo. Asimismo, el adquirente podrá recuperar el capital invertido de forma mucho más fácil y ágil. De media, las entidades de capital riesgo “esperan 10 años para rentabilizar su inversión a través de la venta de su participación”. Con los tokens, “la posibilidad de liquidar la misma con cierto rendimiento es, prácticamente, inmediata”, asemejándose más a un mercado alternativo bursátil que la propia inversión del venture capital.

Tampoco se debe obviar la seguridad aportada, en el ámbito de las entidades de capital riesgo, por la existencia de un régimen jurídico, además de por la exigencia y el rigor desplegado por las venture capital en lo tocante a la viabilidad y potencial de los proyectos que apoyan y en lo que respecta al desenvolvimiento de los planes de negocio y expansión comercial.

El papel del regulador

Pero para que las ICO desplieguen toda su eficacia, se vuelve imprescindible definir un marco legal que circunscriba los avances de los proyectos a las promesas hechas a los inversores al obtener sus recursos. A su vez, que también obligue a las empresas que utilicen la ICO a ser transparentes, a informar de los riesgos asociados a la inversión y, fundamentalmente, a no captar más fondos de los necesarios y lógicos para desarrollar el proyecto, debiendo establecerse un límite para evitar un enriquecimiento injusto o una estafa.

Por ello, es necesario “que el legislador se pronuncie” para “dar seguridad y garantías a los inversores”, advierte López del Moral. ¿No es mejor la autorregulación? “Puede existir la tentación de vulnerar la ley, la moral o el orden público”, zanja López del Moral. Así, correspondería a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) la vigilancia mediante un comité de expertos técnico –pero flexible- para aprovechar las virtudes de esta forma “tan democrática como el crowdfunding” y “más eficaz que el crowdfunding” de obtener financiación, haciéndolo de una manera legal y conforme a Derecho.

En una de las modalidades de la ICO, el token presenta grandes similitudes con una acción, dando derecho a participar en los beneficios o activos de la startup En una de las modalidades de la ICO, el token presenta grandes similitudes con una acción, dando derecho a participar en los beneficios o activos de la startup (Emilio Naranjo / EFE)
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