La estela económica que dejan los megayates

Hubo un tiempo en que la llegada a puerto de algunos grandes barcos de recreo eran un acontecimiento, tanto por la presencia del buque en sí como por los personajes que iban a bordo. Generalmente, eran antiguos barcos a motor reconvertidos en yates o preciosos veleros construidos en tiempos de entreguerras, cuyo nombre iba directamente ligado con su propietario o propietaria: El Sea Cloud era de Marjorie Merriweather, el Christina, de Aristóteles Onassis, el Shemara de Sir Bernard Docker o el Talitha, inicialmente fue del propietario de la compañía automovilística Packard y luego, perteneció a la familia Getty. Y así, un puñado de barcos que recorrían algunas zonas del mundo con sus propietarios e invitados a bordo. Tiempos de jet set, antes de la llegada de los jets.

El mundo de los grandes yates, aquellos que tienen esloras que superan los 30 metros, creció muy lentamente hasta finales del siglo XX, cuando hubo un enorme boom económico que, en el mundo de la náutica de recreo, se tradujo en la construcción de docenas de nuevos yates, animando la vida de astilleros históricos, sobre todo del norte de Europa, que habían perdido cuota de mercado en la construcción de mercantes o buques de guerra y que los nuevos millonarios chinos, rusos, árabes y en menos medida de otros países, hicieron reverdecer esos talleres que fabricaron barcos cada vez más grandes.

Actualmente ya hay unos 5.000 superyates, de los que 112 son mega o gigayates

Con estos nuevos buques, el ranking de los yates con mayores esloras del mundo ha enloquecido en lo que llevamos de siglo: cada año aparecen nuevos barcos de recreo que baten a otros de medidas espectaculares. Actualmente, según los datos de la multinacional del sector Camper Nicholsons, ya hay unos 5.000 superyates de más de 30 metros en el mercado, de los que 112 son mega o giga yates, barcos que tienen más de 75 metros de eslora y el grueso de estos últimos ha sido construido en la última década.

Desde 2013, el yate más grande del mundo es el Azzam, que tiene 180 metros de eslora, tan solo 10 menos que el Abel Matutes, el mayor ferry de la naviera Baleària. Su construcción alcanzó los 506 millones de euros y es propiedad del presidente de los Emiratos Árabes. El segundo mayor sigue siendo el Eclipse, uno de los barcos de recreo del ruso Roman Abramovich, de 163 metros y un coste original de 425 millones de euros en 2009 y el tercero, con 162 metros de eslora es el Dubai, propiedad de Mohamed bin Rashid Al Maktum, Emir de Dubái, que invirtió algo más de 340 millones de euros en su construcción.

El yate más grande del mundo es el Azzam, del presidente de los Emiratos Árabes

Todos estos barcos han supuesto un negocio redondo para los astilleros alemanes como Blohm+Voss y sobre todo Lürssen, bañada en petrodólares y otras variantes de dólares en los últimos tiempos. Y aunque uno de los grandes negocios está en el diseño y construcción de estos barcos, de estos cuelgan un buen número de empresas que han ido creciendo al mismo ritmo que la incorporación de nuevos superyates al mercado.

Teniendo en cuenta que los gastos de mantenimiento de uno de estos barcos es un 10% de su coste al año, es normal ver el crecimiento de astilleros especializados en reconversiones, reparaciones y mantenimiento. En España, hay dos grandes especialistas: MB92, en Barcelona, y Astilleros de Mallorca, en Palma. La primera facturó algo más de 70 millones el año pasado y en sus instalaciones trabajan unos 1.000 empleados, entre propios y subcontratas, mientras que la empresa mallorquina alcanzó los 36 millones el año pasado.

Además de estos, el mundo de los grandes yates mueve un buen numero se servicios que ofrecen puertos ya especialmente diseñados para estos barcos como One Ocean, en Barcelona, Port Adriano, en Mallorca o Marina Sovren en Eivissa, esta última de reciente incorporación en España, con la atracción de nuevos empleos, brókers proveedores de todo tipo y servicios para propietarios de yates y sobre todo, sus tripulantes que son quienes viven real y permanentemente a bordo de estos barcos de recreo que son un enorme negocio que emplea a unas 130.000 personas en todo el mundo.

Inversión

De acuerdo a los datos de Barcelona Cluster Nàutic, cada uno de estos grandes megayates deja en la ciudad donde está amarrado 2 millones de euros al año, entre gastos de mantenimiento, amarre, provisiones y otros. Emir de Dubái, que invirtió algo más de 340 millones de euros en su construcción.

Todos estos barcos han supuesto un negocio redondo para los astilleros alemanes como Blohm+Voss y sobre todo Lürssen, bañada en petrodólares y otras variantes de dólares en los últimos tiempos. Y aunque uno de los grandes negocios está en el diseño y construcción de estos barcos, de estos cuelgan un buen número de empresas que han ido creciendo al mismo ritmo que la incorporación de nuevos superyates al mercado.

Cada uno de estos grandes megayates deja en la ciudad donde está amarrado 2 millones de euros al año

Teniendo en cuenta que los gastos de mantenimiento de uno de estos barcos es un 10% de su coste al año, es normal ver el crecimiento de astilleros especializados en reconversiones, reparaciones y mantenimiento. En España, hay dos grandes especialistas: MB92, en Barcelona, y Astilleros de Mallorca, en Palma. La primera facturó algo más de 70 millones el año pasado y en sus instalaciones trabajan unos 1.000 empleados, entre propios y subcontratas, mientras que la empresa mallorquina alcanzó los 36 millones el año pasado.

Además de estos, el mundo de los grandes yates mueve un buen numero se servicios que ofrecen puertos ya especialmente diseñados para estos barcos como One Ocean, en Barcelona, Port Adriano, en Mallorca o Marina Sovren en Eivissa, esta última de reciente incorporación en España, con la atracción de nuevos empleos, brókers proveedores de todo tipo y servicios para propietarios de yates y sobre todo, sus tripulantes que son quienes viven real y permanentemente a bordo de estos barcos de recreo que son un enorme negocio que emplea a unas 130.000 personas en todo el mundo. De acuerdo a los datos de Barcelona Cluster Nàutic, cada uno de estos grandes megayates deja en la ciudad donde está amarrado 2 millones de euros al año, entre gastos de mantenimiento, amarre, provisiones y otros.

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