La herencia de la crisis financiera aún lastra la economía diez años después

Mañana se cumplirán diez años del 9 de agosto del 2007, el día en que el banco francés BNP Paribas cerró tres de sus fondos de inversión, impidiendo a los inversores recuperar su dinero. La causa: “Una completa evaporación de la liquidez” en el mercado en el que se negociaban las titulizaciones de las hipotecas de alto riesgo en las que estaba invertido ese dinero, lo que les impedía calcular sus pérdidas.

Esa decisión marca el inicio oficial de la crisis financiera. Al día siguiente el BCE inyectó 94.841 millones de euros y el Banco de Japón 8.500 millones de dólares para tratar de calmar a los mercados. Pero el miedo de los inversores se extendió y en pocos meses devoró a firmas históricas como el británico Northern Rock (nacionalizado), el holandés ABN Amro (vendido a Royal Bank of Scotland), el estadounidense Bear Stearns (vendido a JP Morgan) y alcanzó su punto álgido el 15 de septiembre del año siguiente, cuando Lehman Brothers, uno de los mayores bancos de inversión del mundo, se declaró en quiebra y hundió los mercados bursátiles de todo el mundo por el miedo a que ningún gran banco pudiese estar a salvo.

En el origen de la crisis estaba el mercado inmobiliario de Estados Unidos, con un problema similar al que desató la crisis inmobiliaria y de las cajas de ahorros en España al año siguiente: las entidades financieras daban hipotecas a personas con bajos ingresos y gran riesgo de impago, porque pensaban que en el peor de los casos se quedarían una vivienda que subía sin freno. Los bancos, peor aún, “titulizaban” esta hipotecas, creando títulos de deuda que pagaban a los inversores como interés las cuotas que pagaban los hipotecados (los CDO). HSBC fue el primer gran banco que ya en febrero del 2007 anunció pérdidas en estos activos, que poco a poco fueron reconociendo otras entidades financieras de todo el mundo.

La herencia de la crisis, sin embargo, sigue lastrando las principales economías del mundo. Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, dijo hace unos días que los bancos podrían asumir hoy las pérdidas que provocaron las subprime sin rescates públicos gracias a las nuevas regulaciones bancarias implantadas a partir de la crisis (la ley Dodd-Frank que separa la banca comercial y la de inversión en EE.UU., las pruebas de solvencia anuales y el refuerzo del capital impuesto por Basilea 3). Sin embargo, estas mayores exigencias regulatorias lastran los préstamos a las empresas (pero no las inversiones financieras) y han llevado al nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a plantear su cambio.

Por otra parte, los bancos centrales han comprado masivamente deuda pública, privada e incluso acciones para sostener a los mercados y apenas han iniciado la normalización de la política monetaria. La Reserva Federal tiene un balance de 4,1 billones de euros y ha subido tres veces los tipos de interés, pero el BCE y el Banco de Japón siguen comprando activos y llevan más de una década sin subir tipos. Una de sus consecuencias es la caída de volatilidad en los mercados: el índice SP500 de la bolsa americana sólo ha bajado más de un 1% dos veces en lo que va de año, una calma que no se producía desde 1972. Según Greg Davis, jefe de inversiones de la gestora de fondos Vanguard, “no es sorprendente si se piensa en un mundo en el que los bancos centrales han sido increíblemente acomodaticios: los inversores aún piensan que los bancos centrales intervendrán si hay estrés en los mercados financieros”.

Loading...