La hibernación de Castor costará 15 millones anuales hasta que su desguace sea seguro

No volverá a funcionar nunca más el almacén de gas creado a sólo 22 kilómetros de la costa, entre Alcanar (Montsià) y Vinaròs (Baix Maestrat), paralizado en septiembre del 2013 pocas semanas después de su puesta en marcha tras desatarse un alud de seísmos de hasta 4,2 en la escala de Richter con temblores en varios municipios del litoral. Jamás se volverá a inyectar gas en su subsuelo marino porque hacerlo podría provocar nuevos terremotos de una magnitud de hasta 6,8, según explicó ayer el Gobierno español tras hacer al fin públicos los informes encargados a dos universidades de EE.UU. hace tres años.

“Lo que está claro es que el Castor no puede volver a funcionar”, anunció Álvaro Nadal, ministro de Energía. El esperado desenlace del fiasco del Castor, con los estudios inapelables del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard, deja aún un interrogante en el aire. Y no es un asunto menor. El almacén de gas, con su inquietante plataforma marina anclada frente a Alcanar y la planta terrestre en Vinaròs, no podrá ser desmantelado a corto plazo. Los mismos informes de-saconsejan extraer el gas inyectado por riesgo a inducir seísmos. “Lo mejor por ahora es mantener las cosas como están, existe un riesgo alto por inyectar gas, pero también por sacarlo”, dijo Nadal.

Seguirá, pues, en fase de hibernación, sine die, un reservorio de gas submarino por el que el Gobierno español pagó en el 2014 una indemnización de 1.350,7 millones de euros a sus promotores, Escal UGS, participada mayoritariamente por la ACS de Florentino Pérez. Mantener dormido el Castor, garantizando la seguridad de la fallida infraestructura gasística y la estabilidad geológica de la zona, tiene un coste anual añadido de 15 millones de euros.

La plataforma marina del reservorio de gas, ubicado en un antiguo pozo petrolífero, a 22 kilómetros de la costa de Alcanar (Montsià) La plataforma marina del reservorio de gas, ubicado en un antiguo pozo petrolífero, a 22 kilómetros de la costa de Alcanar (Montsià) (Pedro Madueño)

El informe del MIT es meridiano. La inyección del gas en septiembre del 2013, cuando se intentó poner en funcionamiento el almacén, ha desestabilizado geológicamente la zona. La razón, la presión ejercida sobre la falla de Amposta y sus ramificaciones, “sometida a estrés como consecuencia de la inyección de gas”. “La magnitud de los seísmos podría ser mucho mayor ahora que en el 2013, llegando a una magnitud de hasta 6,8”, insistió Rubén Juanes, profesor del MIT.

Ante este escenario, el Ministerio de Energía no se atreve a adelantar ningún calendario. “Lo mejor es esperar y ver cómo se asienta la zona y hacer posteriores estudios de todo tipo, técnicos, ingenieros y geológicos, y ver cómo y qué se hace con esta instalación en el futuro. Tenemos mucho tiempo por delante porque ahora la situación es estable”, apostilló el ministro.

El comportamiento sísmico de la zona en los tres últimos años, con el Castor hibernando, sin apenas temblores, tranquiliza a los investigadores. “La tasa de sismicidad ha bajado a los niveles que había antes de la inyección de gas. No es un indicador directo del comportamiento de la falla en la actualidad, pero ha cambiado de manera sustancial”, argumentó John H. Shaw, profesor de la Universidad de Harvard, y uno de los autores de unos estudios que han costado al Gobierno 600.000 euros. La factura del Castor parece no tener límites.

Lo que ayer se hizo evidente en Madrid, en la escenificación de la muerte científica del reservorio de gas, es que su letargo va para largo. La inconcreción en torno al desguace de la infraestructura preocupa en las Terres de l’Ebre, que recibieron ayer con sentimientos encontrados el anuncio del cierre definitivo. Satisfacción porque temían que el Ejecutivo dejaría alguna puerta abierta a la reapertura, pero también indignación porque las conclusiones de los estudios no son nuevas. El Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y el Instituto Geográfico Nacional concluyeron en el 2014 que la inyección de gas había causado los terremotos.

“Es una sensación agridulce, estamos molestos porque en el 2008 dijimos que la falla de Amposta causaría terremotos y que había que hacer un estudio; si se hubiera hecho, nos habríamos evitado los terremotos, el sufrimiento de los vecinos y los miles de millones tirados a la basura”, recordó Evelio Monfort, portavoz de la Plataforma en Defensa de les Terres del Sénia. “Lo mejor ahora es no tocarlo, pero se tiene que desmantelar, con los estudios acabados. No podemos esperar tantos años”, dijo Monfort.

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