“Las ‘black’ fueron mi salvación”

Francisco Verdú (Alcoy, 1955), ex consejero delegado de Bankia, se subió a un gigantesco tren en marcha (un banco con 11 millones de clientes) y, a los pocos meses, descarriló. También su carrera profesional, con 31 años de experiencia: Banco Vizcaya, BBV, Caja Postal, Argentaria y Banca March. Aceptó el cargo porque le pareció una gran oportunidad profesional, pero no fue así. Acabó imputado en el caso Bankia y llegó la depresión, la medicación, la pérdida de la ilusión y la marcha a Miami a trabajar: tierra de por medio como terapia. Pero todo el mundo le recordará como el directivo que no usó la tarjeta black que le ofreció su presidente entonces, Rodrigo Rato.

Verdú es un banquero atípico. Ha escrito cinco libros de poesía y diferentes textos sobre pintura y escultura. De origen humilde (su madre era costurera y su padre, trabajador textil), recuerda que siempre ha estudiado becado. “Eso te da una visión especial de la vida, por supuesto”. Veranea en Palma, pero no tiene barco. Recuerda que alguien le preguntó: “Paco, ¿tú eres de golf o de caza?”, y respondió: “De gastronomía y arte”.

Han pasado cinco años del intento fallido de salvar Bankia y, todavía hoy, el banquero se pregunta, una y otra vez: “¿Qué hice mal?”. Lo dice como alguien que lo ha repasado todo, en sueños y en vigilia, cientos de veces. Y cuenta: “Llegué en junio de 2011. A los 20 días firmé las cuentas de Bankia para la salida a Bolsa. Llevaban meses preparadas, tenían el visto bueno del Banco de España, del auditor externo, de la CNMV, el apoyo del Ministerio de Economía, del FROB, de seis bancos de inversión, habíamos pasado el test de la EBA… Era impensable dudar de todos y analizar los miles de archivos sobre los créditos morosos. No había tiempo material y, además, la operación casi era una cuestión de Estado”.

El 7 de mayo de 2012, Rato presentó su dimisión a mediodía. Ese día, Verdú, que desconocía los planes del presidente, comía con un amigo al que le dijo que esa tarde dejaba el cargo. No pudo hacerlo. A Rato le sustituyó José Ignacio Goirigolzarri, actual presidente de Bankia, que le mantuvo en el banco. Fue el único que siguió, algo de lo que se siente orgulloso. Trabajó en temas comerciales y a recorrer la red para explicar los nuevos planes.

Los imputados en el juicio de las tarjetas 'black' en septiembre de 2016 en la Audiencia Nacional.ampliar foto Los imputados en el juicio de las tarjetas ‘black’ en septiembre de 2016 en la Audiencia Nacional. EFE

El 5 de julio de 2012, la Audiencia imputó a Verdú en el caso Bankia para investigar si las cuentas estaban maquilladas y dimitió. Rehizo su vida marchándose a Miami, donde trabaja para ACS Infraestructuras como economista senior, empleo que pronto dejará.

Verdú cree que Bankia podía haber salido adelante si no hubiera llegado la segunda crisis, la del euro. Sin embargo, muchos expertos consideran que su diseño le hacía inviable a medio plazo. “Los males de Bankia proceden de los pecados cometidos 15 años antes por Caja Madrid y Bancaja, que se volcaron en el ladrillo; no estuvieron gestionadas por banqueros y solo quisieron crecer. La crisis dejó desnudos sus esqueletos”, aclara Verdú.

En octubre de 2014, se encendió una luz para Verdú. Estalló el mayor escándalo de la crisis: 15,5 millones en gastos sin justificar (algunos vergonzosos o de puro derroche) con las tarjetas black de los consejeros de Caja Madrid y de Bankia. Verdú se acordó de aquella tarjeta que Rato le había entregado en febrero de 2012. Entonces, su sueldo (como el de Rato) había descendido drásticamente: de los 2,6 millones anuales a 600.000 euros. La tarjeta se ofreció como un premio: unos 150.000 euros de sueldo extra que se quedaban en 75.000 euros netos sin justificar.

“Le dije a Rato y a los que dependían de mí que no la usaran. Creí que no lo iban a hacer”, afirma. ¿Podía haber hecho más por acabar con las black? “Mi preocupación era sacar Bankia adelante, que tenía graves problemas, no las tarjetas”, dice.

¿Por qué la rechazó? “Podía haberme dado la vuelta al mundo con mi mujer, pero me pareció una mala praxis por mi forma de actuar; me pareció la única posibilidad. Además, suponía que estar en manos de todos los que conocieran mis gastos porque deja rastro. Quizá los que organizaron el sistema no lo sabían porque no eran bancarios de profesión”. Verdú admite que el escándalo de la black “ha sido un bálsamo” para él: “Mi salvación, porque me ha ayudado a recuperar mi orgullo”. Desde julio de 2012 Verdú entró en un túnel. Y todavía no ha salido, aunque ve la luz, convencido de su inocencia.

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