Las cenizas del Pastor

Con hórreo hecho a base de duros y un billete de mil pesetas como tejado. Así publicitaba su imagen el Banco Pastor en la década de 1970 para remarcar su galleguidad. Era un diseño muy presente en la vida cotidiana, sobre todo a través de las barajas de cartas que aún se pueden encontrar en algunas casas gallegas. El pasado miércoles esos naipes con el reverso rojo decorado con el hórreo kitsch se convirtieron en una reliquia todavía mayor de lo que ya eran, pues la absorción por el Banco Santander del Popular supone la desaparición de lo poco que quedaba del Pastor.

La reducción a cenizas de esta entidad bicentenaria, hasta ahora filial del Popular, provoca que el último gran movimiento en el sistema financiero español haya tenido un impacto diferencial en Galicia, para la que, en palabras del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, constituye una “mala noticia, que no puede ser calificada de otra manera”. Feijóo apela a la “sensibilidad” de los nuevos dueños para tratar de atenuar los previsibles efectos de cierre de oficinas, supresión de puestos de trabajo y reducción del apoyo al tejido social y cultural del país. Hay otro impacto del que la administración se desentiende, el de los pequeños accionistas del Pastor atrapados en el hundimiento del Popular.

“Yo ya no sé cuál es mi banco, el Pastor, el Popular o el Santander”, decía el jueves una señora a la puerta de una sucursal compostelana del Pastor, que tiene las vidrieras decoradas con carteles de publicidad de Pau Gasol para el Popular y que en un futuro no muy lejano será del Santander, pues su presidenta, Ana Patricia Botín, ya anunció la integración de toda la red en la marca matriz, como sucedió con el Central Hispano o con el Banesto.

Quizá esa oficina compostelana cierre, pues al Santander le van a sobrar mostradores en el centro de Santiago, pero no debe causarle más que una leve incomodidad a la clienta desorientada del jueves. El efecto sí será más significativo en municipios rurales. El mercado gallego está copado ahora por Abanca, la entidad continuadora de las antiguas cajas y hoy propiedad del venezolano Juan Carlos Escotet, que tiene alrededor de un 40% de cuota, seguida con un 30% por el Santander, fruto en su mayor parte de la compra del Pastor por el Popular en el otoño de 2011, después de que este banco gallego, ahogado por el fiasco inmobiliario, no pasase los test de estrés.

Esa adquisición del Pastor a pulmón, sin ayudas públicas, aparece ahora como uno de los motivos del hundimiento del Popular, que estaba dirigido por el compostelano Ángel Ron, al que en la prensa autóctona se presentó fugazmente como el nuevo mago gallego de las finanzas, tras la caída en el oprobio de los antes santificados patrones de las cajas.

El visitante que acuda a la catedral de Santiago este verano se encontrará al fondo de la nave principal con un mural que informa de la obra de rehabilitación de su joya escultórica, el Pórtico de la Gloria, financiada por la Fundación Barrié, gran mecenas de las actividades culturales y científicas en Galicia, cuyo futuro ha quedado en la picota tras la absorción del Popular por el Santander. La fundación fue la heredera universal de Pedro Barrié de la Maza, empresario decisivo en la Galicia del siglo XX y al que su amigo Francisco Franco hizo conde de Fenosa. La entidad tenía el 40% del Pastor y acabó con el 2% del Popular, que vale cero. La versión oficial, avalada por Feijóo, indica que puede mantenerse con las rentas de los alquileres de las oficinas bancarias que están a su nombre, pero en Galicia hay muchas dudas de que se trate de una solución viable.

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