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Linde admite que el Banco de España debió pedir el rescate del Banco Popular en 2012

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, admitió ayer en su comparecencia ante la Comisión del Congreso que evalúa la crisis financiera que no obligar al Banco Popular a pedir ayudas públicas en 2012, lo que le habría permitido sanearse a través de la Sareb, “quizá fue una mala decisión”.

“Nos pareció que si podíamos quitar peso a la ayuda europea era mejor. Después uno se pregunta si esa decisión fue buena o mala y quizá fue mala. Parecía que tenía capacidad para resolver su problema por su cuenta”, explicó. Y añadió: “Quizá fue una mala decisión, es una duda legítima, pero eso lo vemos ahora”.

Linde, que tildó lo ocurrido con Banco Popular como la “crisis bancaria más importante después de Bankia” recordó que en 2012 se detectó en la entidad que entonces presidía Ángel Ron un déficit de capital de 3.200 millones, tras lo cual el banco diseñó un plan de negocio y recapitalización aprobado por el Banco de España, que hizo en los dos años siguientes un “seguimiento continuado” y una “vigilancia bastante intensa” del banco y constató que dicho plan “avanzaba bien”, aunque a partir de 2015 y en 2016 “se empieza a detectar un problema de dotación de provisiones”.

El Mecanismo Único de Supervisión instó entonces al Popular a que ampliase capital, aunque la emisión de 2.500 millones “se quedó corta”. Aun así, a principios de 2007 “cumplía todos los ratios de solvencia”, según Linde, aunque “se constató una evolución de liquidez que empeoraba claramente”. “El Banco de España le concedió todo lo que podía dar en función de las garantías que presentó”, explicó el gobernador.

Sobre la venta al Santander, aseguró que “la solución que se encontró fue la menos mala”. Ya que, de no haber encontrado comprador, “se habrían producido pérdidas para los depositantes y es dudoso que el Fondo de Garantía de Depósitos hubiera tenido fondos para hacer frente a esas pérdidas”, lo que habría significado “un escenario catastrófico para España y para nuestra economía”.

Por otro lado, Linde se defendió de las críticas de la Asociación de Inspectores y negó que en el Banco de España prime el amiguismo. “Son infundios, mentiras. Es un sistema tan riguroso como el anterior”, señaló. También consideró “un grave error” la oposición a las normas de supervisión europeas que, en su opinión, no se pueden cambiar y rechazó las acusaciones de silenciar los informes de inspección.