Lo que viene después de la venta del Popular

Qué diría Josep Oliu, presidente del Sabadell, si su colega y a la vez competidora Ana Botín, presidenta del Santander, le hiciera una oferta para fusionar sus bancos? Es sólo un ejemplo. Pronto, todos los escenarios serán posibles en el agitado sector bancario español que se dibuja una vez el Popular haya pasado a engrosar el balance de alguno de sus rivales.

La acelerada venta de este clásico del sector, en sus buenos tiempos el banco más rentable del mundo, emprendida por su recién elegido presidente, Emilio Saracho, que ha pedido ofertas de compra al resto de los principales bancos españoles, no va a dejar piedra sin remover en la gran banca española.

El escenario contemplado tanto por el ministro de Economía, Luis de Guindos, como por el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, implica que antes de que arranque el verano el Popular sabrá quién tomará las riendas. En el mejor de los escenarios, con una buena negociación, la operación se cerraría hacia finales de año. En el peor, si el Popular pierde el control de los acontecimientos, en apenas tres meses.

Guindos incluso anunció que Bankia está analizando la operación, aunque en fuentes próximas al ministerio se asegura que el interés inicial fue del presidente del banco, José Ignacio Goirigolzarri tras recibir la información remitida por el Popular.

En cualquier caso, la posible participación de Bankia coloca en una posición compleja al resto del sector. La venta del Popular, una vez iniciado el proceso, no admite prácticamente marcha atrás. Coyuntura que en parte también es fruto de algunos errores de estrategia del propio Saracho, según piensan en el equipo económico gubernamental. Y el interés de Economía y del Banco de España es que esta subasta informal no quede desierta. Guindos ya ha comunicado a los presidentes de los bancos, además de Botín, Francisco González, BBVA, e Isidro Fainé, en calidad de primer accionista destacado de CaixaBank, que participar en el proceso era importante para la imagen y la tranquilidad del sistema bancario español. La decisión de mover la pieza de Bankia, del que el Estado posee un 67% del capital, en la parrilla de salida obliga al resto, Santander y BBVA, y en mucha menor medida a CaixaBank al que ahora se ve más focalizado en la digestión del portugués BPI, a tentarse la ropa antes de decidir que no les interesa o hacer una oferta de derribo.

Luis de Guindos, ministro de Economía Luis de Guindos, ministro de Economía (Emilia Gutiérrez)

González, siempre marcando distancias, ya abrió el fuego apuntando a que el Estado debería garantizar coberturas al comprador del Popular. Guindos respondió inmediatamente negando cualquier posibilidad de comprometer dinero público. Desde el Gobierno se plantea también que puesto que los recursos propios del Popular suman unos 10.000 millones, mientras que su precio en el mercado es de unos 3.000, la adquisición inyecta en el balance del comprador unos 7.000 millones, más que suficientes para compensar posibles dotaciones adicionales.

Si los grandes optasen por decir que no es plato de su gusto, dejarían la vía franca para que Bankia se cobrase la pieza y, en el mismo paquete, sin argumentos para criticar que el Estado aumentase por esa vía su presencia y capacidad de influencia en el sector. Y, tras años de concentración a golpe de compras, fusiones y liquidaciones, se volverían a encontrar con un formidable competidor surgido casi por arte de encantamiento.

Esta salida también generaría dilemas para el propio Gobierno. Si Bankia acabase comprando el Popular, según los analistas es el que más ventajas obtendría tanto en términos de complementariedad de la red como de menor esfuerzo en términos de desembolso financiero, es casi seguro que debería acometer una ampliación de capital de entre 4.000 y 5.000 millones de euros.

La inclinación natural de De Guindos sería la de consentir que la participación del estado se diluyese vendiendo los derechos preferentes en el mercado. El argumento del Gobierno incidiría en que aun reduciendo el porcentaje en el nuevo banco, el incremento del valor de la participación que acabara quedando en manos públicas compensaría y permitiría recuperar mayor porcentaje del dinero público empleado en el rescate de Bankia.

Sin embargo, y aunque no es preceptivo que una decisión de ese tipo pase por el Congreso, el hecho de que Mariano Rajoy no disponga de mayoría absoluta y necesite apoyos parlamentarios le deja más expuesto a las críticas de la oposición, en este caso del PSOE, ¿con Pedro Sánchez al frente?, y Podemos.

Tanto si el Popular acaba bajo el paraguas de los dos grandes, BBVA o Santander, lo que convertiría a uno de ellos en un gigante en el mercado español, como del semipúblico Bankia, en este caso creando un nuevo gran competidor, el nuevo desequilibrio entre las entidades bancarias españolas puede acabar desencadenando una nueva ola de operaciones.

En el 2013, Francisco González pronosticó que “en dos o tres años, creo que sólo existirán seis o siete instituciones en el sector financiero español”. Eso es justo ahora y parece que esa es la hoja de ruta.

Loading...