“Los empresarios están educando a Donald Trump”

La historia no acostumbra a volver atrás, dice Barry Eichengreen, reputado historiador de la economía. Por eso, ni la globalización ni el euro están destinados a desaparecer. Este académico habló ayer en la segunda jornada del encuentro del Cercle en Sitges. “El euro puede ser la moneda del siglo XXI”, aseguró.

¿Cree entonces en un efecto Macron en Europa?

Europa funciona si hay un fuerte liderazgo de Alemania y Francia. Y lo que ha fallado en los últimos años ha sido el liderazgo francés. Ahora esta carencia se corregirá con Macron. Aun así, el nuevo presidente tiene dos problemas: le falta un partido detrás. Si esto le impide llevar a cabo su programa, los alemanes perderán el entusiasmo. La otra incógnita es su propuesta de mayor integración europea, que no es tan sencilla. Los eurobonos o el ministro de Finanzas europeo no son planteamientos ni razonables ni realistas. Además, los alemanes tampoco lo aceptarían. Lo que Macron debería hacer es más modesto: enfrentarse a la reestructuración de la deuda en Grecia y tal vez en Italia.

Usted siempre dijo que el euro es irreversible, ya que su salida sería demasiado costosa.

Hice esta apuesta en el 2007, y sigo pensando que los costes económicos y políticos de una ruptura son demasiado altos. La historia nunca va al revés. Usted puede creer que el euro fue una iniciativa prematura, o incluso un error, pero es un error difícil de cancelar. Es mucho más conveniente hacer esfuerzos para que el euro funcione mejor. Se puede empezar con completar la unión bancaria, por ejemplo. La otra prioridad debería ser la reducción global de la deuda.

Una deuda, por cierto que en España no para de seguir subiendo. Ya estamos en el 100% del PIB.

El buen comportamiento de las exportaciones es una señal de fortaleza de la economía española. Es mejor crecer así que con las burbujas inmobiliarias. El paro es alto, pero acostumbra a reducirse al final del ciclo expansivo. El Gobierno está comprometido con un déficit del 3%, pero con un endeudamiento tan elevado el país tendrá dificultad para salir de la próxima crisis.

¿Se acabó la globalización?

En estos momentos en la Casa Blanca hay dos bandos enfrentados: los proteccionistas y los globalistas. Entre estos últimos están los empresarios, que están educando a Donald Trump. El presidente no tenía ni idea de lo que era una cadena de suministro global y se lo están explicando. Trump no entiende cómo la industria automovilística norteamericana externaliza en Canadá y ensambla en México. Y de cómo necesita el TLC. El riesgo es que si el Congreso boicotea su reforma fiscal, entonces él como respuesta podría cambiar de forma unilateral la política comercial y sus instintos proteccionistas podrían salir a flote.

Wall Street cree que las rebajas fiscales de Trump son positivas.

Los recortes impositivos tienen sentido cuando estás en una recesión. Animan a la gente a gastar, estimulan la economía y las inversiones. Pero la economía de EE.UU. ahora está en pleno empleo. No los necesita. La historia demuestra que con menores impuestos no se crece más. El crecimiento depende de la productividad.

Trump y el Brexit han triunfado en países con casi pleno empleo. ¿Por qué?

Porque hay un estancamiento de los salarios. Las retribuciones llevan tres décadas sin aumentar. En cambio, las remuneraciones de los consejeros delegados y de las élites sí que se han incrementado. Esto hace que, en términos psicológicos, mucha gente se sienta insegura sobre el futuro. Teme que sus hijos no puedan mantener los niveles de vida y culpan de esto a la globalización y al auge de la tecnología.

¿La renta básica universal puede ser la solución?

En EE.UU., este instrumento tendría una fuerte oposición, pero no por razones de cálculo económico, sino morales. Existe la creencia de que las personas deben ganarse sus ingresos trabajando. Y en Alemania tienen la misma convicción. Trabajar ayuda a formar tu identidad. Y no creo que la gente quiera renunciar a ello. Recibir una renta básica no da la misma satisfacción.

Lo peor del Brexit está por llegar

El Brexit no parece de momento una catástrofe como muchos economistas pronosticaron. Sin embargo, para Eichengreen, “lo peor está por llegar”. En su opinión, la economía británica está disfrutando de dos factores excepcionales: el apoyo del Banco de Inglaterra, que ha reducido tipos de forma muy agresiva y la depreciación de la libra, que ha aumentado la competitividad. Es cierto que la demanda interna no parece haberse resentido, pero es porque los británicos adelantaron sus compras en vista de lo que pueda caer. “Los hogares han entendido que los bienes de consumo importados pasarán a ser más caros, y gastaron antes de que los precios suban”, dice. Este académico estima que al final el shock será grande. “Ni los ciudadanos ni el Gobierno han entendido el desastre que supondrá el Brexit para la City de Londres. Los bancos perderán el pasaporte europeo para operar y hacer negocios, reducirán sus beneficios, y este sector, uno de los que son clave de la economía del Reino Unido, se verá seriamente afectado”.

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