Los turistas japoneses en Barcelona son de los clientes más preciados

Cargados con cámaras fotográficas última generación, la piel casi translúcida y los ojos rasgados fueron el paradigma del turismo exótico en Barcelona, cuando la ciudad todavía vivía de espaldas al mar. Eran los años ochenta, cuando el entonces arquitecto del templo de la Sagrada Família, Francesc de Paula Cardona, anunciaba a bombo y platillo que Japón iba a la cabeza de los países extranjeros interesados por la obra y vida de Gaudí.

Un turismo incipiente, pionero, envalentonado por los primeros desembarcos empresariales y por la apertura del consulado de Japón en Barcelona en 1987. Hoy, con poco más de 300.000 visitantes, el japonés sigue sin suponer un contingente turístico extraordinario dentro del abanico de nacionalidades que recibe Barcelona, una ciudad donde lo exótico ha pasado a formar parte de lo cotidiano. Pero aunque discreto, sigue siendo, ayer como hoy, el turista más estable, un admirador fiel de la ciudad, respetuoso con el entorno y con un alto poder adquisitivo que invierte en conocer la cultura, la gastronomía y la moda de la ciudad. Un turista preferente.

En 25 años la edad ha descendido y han añadido la gastronomía y la moda a sus intereses culturales a la hora de viajar

“Siempre ha sido un cliente preferente, el que más dinero ha gastado, el que más interés ha mostrado por nuestra cultura, que ha evolucionado de forma gradual y constante”. Xavier Espasa, actual responsable de la Agència Catalana de Turisme, conoce bien el mercado. Del 2006 al 2011 fue el responsable de la unidad para los mercados de Asia Pacífico de la agencia de la Generalitat para el fomento de la competencia ACCIÓ.

Hoy Catalunya cuenta con 350 establecimientos japoneses, lo que denota la importancia de la presencia del país en nuestro día a día. “La seguridad es lo primero para ellos, entonces y ahora, y a no ser que suceda alguna cosa es el mercado donde mejor sabemos de antemano qué va a suceder de un año a otro, con crecimientos que se han situado siempre entre el 2 y el 3%”, explica (ver datos adjuntos de la evolución de los últimos años, incluida la cifra de visitantes hasta el momento).

Evolución del turismo japonés en Barcelona Evolución del turismo japonés en Barcelona (LVE)

“Cuando lo explico, la gente no se lo cree o piensa que somos tontos. Si alguien se deja un monedero en la calle en Japón, nadie lo coge. Somos así, por eso la seguridad es primordial para nosotros”, corrobora Kiori Inagaki, la directora para el mercado español y portugués de la flamante oficina nacional de turismo de Japón, con sede en Madrid.

La diferencia entre aquellos primeros turistas y los más de 300.000 que visitan Barcelona hoy es que la edad de los visitantes ha bajado –antes viajaban personas de más de 45 años y ahora abundan jóvenes a partir de 25– y han ido incorporando progresivamente a los aspectos culturales y arquitectónicos nuevos intereses: la gastronomía y la moda, principalmente. Siguen alojándose en hoteles de cuatro y cinco estrellas y siguen en el top de los que más gastan. Y ahora ya no son pocos los que repiten destino. Y es que Barcelona recibe invariablemente el 55% aproximadamente del total de turistas japoneses que visitan España. Y eso sin contar con vuelos directos. Algo que los responsables turísticos catalanes consideran la asignatura pendiente y que esperan que se pueda enmendar si el turista catalán hoy se convierte en nuestro japonés de los años ochenta.

Japoneses visitando la Sagrada Familia a finales de los 80 Japoneses visitando la Sagrada Familia a finales de los 80 (Salvador Sansuán)

A por el español

Los españoles son para el Japón lo que hace 25 años fueron los japoneses para España a nivel turístico. Incluidas sus perspectivas de crecimiento. Con casi 100.000 visitantes en el 2016, el turismo español es a día de hoy un mercado interesante para el país nipón, que quiere incidir en el segmento de lujo y en el de los viajes de novios. De ahí que recientemente haya abierto oficina de turismo en Madrid, aunque Barcelona y el turista catalán es uno de sus prioritarios.

El turista japonés no suele despegarse de su cámara de fotos El turista japonés no suele despegarse de su cámara de fotos (Pedro Madueño)
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