Richard Branson cede su gran amor a terceros

Tiene 67 años. También tiene una cadena de gimnasios, una empresa de bebidas refrescantes, una marca de vodka y varias compañías de telefonía móvil. También tiene varias empresas operadoras de ferrocarril, dos sellos discográficos, compañías de seguros y una editorial de cómics. Es propietario de emisoras de radio, agencias de viajes y varios hoteles. Se llama Richard Charles Nicholas Branson, es caballero de la Orden del Imperio Británico, tratamiento de Sir y además de cabeza de un grupo que tiene más de 72.000 empleados, es un enorme entusiasta de todo lo que emprende por tierra, mar y aire.

Lo ultimo, el sector aeroespacial es una de las cosas que siempre le ha ocupado más tiempo y tiene una especial debilidad por una aerolínea que representa todo lo que es Branson: Virgin Atlantic, que este año cumple 33 años volando, un aniversario que coincide con la salida del margate de la compañía con la venta del 31% de sus acciones al grupo franco-holandés Air France/KLM, lo que implica para Branson la pérdida de la mayoría dentro de esta sociedad, pues el 49% restante está en manos de Delta Airlines, uno de los gigantes norteamericanos del sector de la aviación comercial, una operación creada para tener una posición de ventaja sobre el Atlántico Norte, pues las rutas Europa.-Estados Unidos son uno de los mercados más competitivos y densos de la aviación mundial. Con Air France, KLM y Delta Airlines perteneciendo a la misma alianza comercial, Sky Team, tener una mayor presencia accionarial en una aerolínea británica de largo alcance, incrementará su poder en este mercado.

Virgin Atlantic no es una compañía al uso y nunca lo fue: sus orígenes se remontan a 1982, cuando pocos meses después de terminada la guerra de las islas Malvinas o Falklands, dependiendo si el contendiente era argentino o británico, dos empresarios ingleses decidieron poner en marcha una aerolínea llamada “British Atlantic Airways” para unir londres con esa lejana colonia (oficialmente y según la ONU) territorio no autónomo en el cono sur. Las condiciones del principal aeropuerto del archipiélago que impedían la operación de los aviones previstos evitó un más que probable fracaso de unos vuelos que tenían unos tintes más patrióticos que comerciales, con lo que los fundadores de la aerolínea cambiaron de rumbo y decidieron atacar una de las rutas de largo radio más transitadas: Londres-Nueva York, momento en el que entra en escena Richard Branson para convertirse en socio de los anteriores y acabar liderando la empresa casi inmediatamente, pues los beneficios de los discos que grababa para artistas como Mike Olfield, Culture Club o los mismísimos Sex Pistols fueron los que financiaron los alquileres de los primeros Boeing.

La compañía se renombró como Virgin, que ya empezaba a ser un nombre comercial conocido gracias a las tiendas de discos y la discográfica de Branson y empezó a volar con un Boeing 747 de segunda mano que curiosamente había pertenecido previamente a Aerolíneas Argentinas, compañía de bandera de un país que no recuperó las relaciones diplomáticas con Reino Unido hasta 1990, con la salida de Margaret Thatcher del gobierno. Lo que era anecdótico por el origen del avión no lo fue tanto por parte de la autoridad gestora de los aeropuertos británicos y las dos principales aerolíneas de la época British caledonian y British Airways, que formaron un poderoso tridente para cerrar el paso a una compañía que quería romper los esquemas del transporte aéreo del momento hasta en aspectos estéticos alejados de la imagen clásica de las aerolíneas existentes

De ese tridente, en la actualidad únicamente queda British Airways, integrada en el grupo IAG, mientras que British Caledonian cerró en 1988 y la British Airports Authority se privatizó, se centró en la gestión de Heathrow y ahora es de varios socios, siendo la española Ferrovial su accionista mayoritaria. Prácticamente desde el nacimiento de Virgin Atlantic, esta y British Airways han sido “enemigos íntimos” y han estado compitiendo a cara de perro en varias rutas importantes entre Londres y diferentes ciudades estadounidenses, aunque también han competido en otros continentes como África o Asia y aunque el tamaño de Virgin frente a British siempre ha sido mucho más pequeño, Branson siempre ha aprovechado su carismática imagen, una personalidad arrolladora y un estilo fresco para vender las virtudes, nuevas rutas e iniciativas de su empresa con un estilo que sería impensable para la siempre sobria British Airways, heredera moral del transporte en el antiguo imperio británico.

A pesar de que British tiene una flota de más de 270 aeronaves, incluyendo sus filiales y Virgin solo 40, todas de largo alcance, la primera siempre ha mirado de reojo a la segunda, mientras que esta no ha dejado de provocarla. Hace cinco años, Willie Walsh máximo ejecutivo de la primera presagiaba que para 2017 su enemiga íntima podría ser historia, pues sus perspectivas no eran muy halagüeñas, como así pasó en los siguientes años, con todos ejercicios en números rojos salvo 2015, cuando obtuvo beneficios, para volver a perdidas el año pasado.

La semana pasada, en una carta abierta a sus empleados, Branson recuerda la evolución de los últimos 33 años de la industria del transporte aéreo indicando que “ha cambiado para bien, puesto que se ha enfocado en su gente y en sus clientes” En otra parte de su escrito recuerda a sus tripulaciones y empleados de tierra que durante el trayecto han sorteado problemas “como la publicidad truculenta de British Airways” y otros de carácter mundial, como los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y la crisis mundial de 2008 y también tiene palabras para el Brexit del que reconoce que está teniendo un efecto negativo desde el primer momento.

Branson, que siempre anima a quien le escucha a no tener miedo y seguir adelante, da ahora un paso atrás y reconoce que lo hace en favor del futuro de la compañía para los próximos años, en los que era necesario aliarse con un grupo potente y dejar de ser un verso libre como lo es el propio empresario, que además de desprenderse de la compañía que más ha querido y probablemente más brillo público le ha dado ahora está pendiente de reflotar su proyecto de vuelos espaciales, que con el tiempo se ha ido desinflando. Hace una década estaba en boca de todos y en el objetivo de unos pocos excursionistas espaciales a los que les gusta autodenominarse “astronautas”. Los primeros vuelos estaban previstos para 2009 y aun no se sabe cuando se podrán llevar a cabo, pues un grave accidente durante un vuelo de prueba en 2014, en el que murió uno de los dos pilotos retrasó de nuevo el lanzamiento de turistas al espacio.

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