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Un custodio con muchas vivencias | El Diario Ecuador

Jorge Andrés Perero tiene 35 años, los cuales los tiene divididos de esta manera: 5 pasó en su natal Esmeraldas, 30 en Portoviejo y de estos gran parte los ha dedicado a la seguridad.

Parado en la puerta principal del servicio de Emergencia del Hospital Verdi Cevallos, debidamente uniformado, su tiempo lo comparte entre ese sitio, la  garita -el lugar más confortable por obvias razones- y la puerta interior, en la que está la entrada propiamente al edificio de reciente inauguración.

“Comencé a trabajar en las instalaciones de Obras Públicas, en la avenida del Ejército, pero de allí salí por terminación de contrato”, relata el hombre, quien en todo momento se muestra atento con las personas que le solicitan información o necesitan entrar al hospital.

A Quito. Luego de que salió de su primer trabajo se fue a Quito, ciudad en la que, por primera vez, fue testigo de latrocinios en los que le tocó intervenir.

“Me fui a trabajar al centro comercial San Luis, en Sangolquí. Allí, como es un lugar grande y de mucho movimiento, se prestaba para que hubiera robos. En total participé en 8 operativos”, cuenta Perero sin desatender sus obligaciones en el área.

En cierta ocasión que logró capturar a un ladrón, el populacho quería hacer justicia por su propia mano y, al defender al antisocial, recibió algunos golpes.

Gracias a su buen desempeño fue elevado a la categoría de Omega, lo cual le significó ser ascendido como agente de civil.

El regreso. Pese a que estaba habituado al trabajo y al ambiente capitalino, la muerte de un amigo suyo y la necesidad del calor familiar lo obligaron a volver a Portoviejo.

“Fue entonces que entré a trabajar en el hospital, en la antigua área de Emergencia, del lado de la calle Eloy Alfaro”, comenta.

Allí -según relata- tuvo muchas experiencias que tenían que ver, justamente, con casos extremos.

“He visto infartados, acuchillados, baleados. En esa época se podía meter mano y ayudar a cargar a los pacientes cuando llegaban, pero ahora ya no se puede”, indica Perero.

Otro aspecto que señala de su trabajo es el trato que, a veces, muchas personas que ignoran las reglas o quieren pasar por encima de ellas, les dan a ellos.

“Muchas personas quieren entrar como si estuvieran en su casa, pateando a todo el mundo. Y eso no es así. Hay que respetar sobre todas las cosas”, dice.

Aunque no se siente mal en su trabajo, Jorge Andrés tiene otro objetivo: irse a trabajar al Oriente como guardaespaldas de unos extranjeros. Por ese trabajo asegura le pagarían más de mil dólares mensuales y trabajaría 14 días y 14 descansaría, lo cual le parece muy atractivo.