Cabreo monumental de Méndez de Vigo con Margallo

El carácter conciliador y la capacidad de muñir consensos del nuevo Ejecutivo para empedrar sus pasos resultan, a ojos de García-Margallo, una capitulación ante el PSOE que habría logrado “un vuelco total en una ley vital”. La mejor forma, tal vez, de hacer patria. No fue la primera ni será la última vez que el veterano político va por libre y se desvincula de las decisiones del Gabinete de Mariano Rajoy. Las “cosas del gallo Margallo”, como aseveran algunos en ambientes populares, son digeridas como un mal irremediable. Sin embargo, eso no impide que ciertos mensajes caigan como auténticos directos al mentón. Sus reproches hicieron arder como una mecha, según ha sabido ESdiario de fuentes solventes, a Méndez de Vigo. “¿De qué va, éste?”, vino a manifestar el hoy voz y rostro del Gobierno.

Un abismo político y hasta personal separa hoy en día a Méndez de Vigo y García-Margallo, quienes fueron durante años socios de despacho y compañeros en el Parlamento Europeo. La confianza entre ambos se rompió después de mantener una relación repleta de altibajos. Iñigo Méndez de Vigo trabó por su cuenta en la pasada Legislatura, a espaldas del ministro de Exteriores, según las malas lenguas, una cercanía con Mariano Rajoy, acompañándolo como secretario de Estado para la UE a todas y cada una de las cumbres europeas. Esa proximidad al Presidente, y su excelente labor, hicieron de él un peso pesado de la Diplomacia. Sea como fuere, hay una diferencia objetiva de enfoques y de estrategias y José Manuel García-Margallo promete convertirse en la conciencia pertinente del PP y sacar de quicio a más de un ex compañero de Gabinete.

Que García-Margallo es un cuerpo extraño dentro del Grupo Popular es algo que ha quedado meridianamente claro. En cuanto se ha asegurado la codiciada y disputada presidencia de la Comisión Mixta de Seguridad Nacional, ha respondido a la perfección con lo que es su carácter: ir por libre, revivir el “fuego amigo”, pese a poner en un brete a su supuesto Ejecutivo. Pertrechado en el retiro de lujo con el que Rajoy ha buscado premiarle los servicios prestados, el ex ministro puede acertar o equivocarse en sus apreciaciones pero tampoco debería olvidar que quien toma ahora las decisiones no es él. Eso resulta ser lo que hay, escribe Ricardo Rodríguez en ESdiario.

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