Compañero del metal: por qué Arcelor cierra en Euskadi y Thyssen reabre en Sagunt

Sonrisas y lágrimas en la industria siderúrgica en España. Dos de las grandes multinacionales del sector van a ejecutar este año sendas decisiones empresariales aparentemente contradictorias que afectarán de forma directa a medio millar de familias ligadas al sector del metal y que tienen mucho más que ver con los efectos de la globalización que con factores de competitividad. ThyssenKrupp ha comenzado a dar los primeros pasos hacia la reapertura de una planta de galvanizado que una de sus filiales españolas, Galvanizaciones del Mediterráneo (Galmed), cerró en 2013 pese a registrar beneficios. Su intención es comenzar a operar en noviembre y tener la producción al máximo en enero o febrero. 1.400 personas se han presentado al proceso de selección para una plantilla estimada de entre 140 y 160 profesionales del metal.

En paralelo, otro de los gigantes del sector, ArcelorMittal, ha iniciado un proceso de reestructuración en sus fábricas del norte de España que se va a traducir en la clausura de la fábrica de largos de Zumarraga (Guipúzcoa) y el traslado, prejubilación o despido de 350 personas en plantilla. 

Galmed empezará a producir galvanizado en noviembre. Ha recibido más de 1.400 solicitudes de empleo para una plantilla estimada de 160 personas

El de Galmed y el de Arcelor Zumarraga son, en teoría, dos negocios distintos. La primera galvaniza bobina de acero que sirve después a la industria del automóvil, principalmente, mientras que la segunda elabora lo que se conoce como largos, láminas de acero corrugado, un producto muy vinculado al sector de la construcción, que sigue sin despegar. Aparentemente ambas decisiones tienen sentido, pues mientras el sector del motor funciona a toda máquina en España y es uno de los tractores de las exportaciones, la obra civil no arranca por la parálisis inmobiliaria y los recortes en las inversiones públicas en infraestructuras. Sin embargo, los datos más actualizados que recoge la Unión de Industrias Siderúrgicas (Unesid, en la que participa Arcelor) dicen precisamente lo contrario: en 2014 la demanda de productos planos (bobina para chapa) descendió, mientras que el sector de largos logró frenar las caídas.

Ximo Puig en su visita esta semana a la planta de ThyssenKrupp Steel en Duisburgo. (EC)

Entonces, ¿por qué Arcelor va a cerrar en Euskadi y Galmed va a reabrir en Sagunt?

Para responder a la segunda parte de esta pregunta, hay que remontarse a las razones del cierre de Thyssen en la planta valenciana. 

En plena guerra con su socio valenciano en Thyssen Ros Casares (plantas de fabricación de planos) y tras acometer inversiones en America del Sur que no cubrieron las expectativas, la división de acero de la multinacional alemana decidió replegarse. Sobre los movimientos estratégicos siempre sobrevuela la dura competencia china, que inunda el mercado de acero más barato en condiciones consideradas anticompetitivas (dumping) por las empresas europeas. Se llevó la producción a casa para atender la demanda existente pese a que Galmed era una factoría en beneficios y altamente productiva. Prefirió mantener puestos de trabajo en Alemania y forzó la salida de 160 trabajadores en Sagunt. Al igual que ahora prevé hacer ArcelorMittal en Zumarraga no desmanteló la fábrica española. La dejó congelada. Simuló estar receptivo a ofertas de compra llegadas a través de la Generalitat, pero realmente nunca las tuvo en cuenta.

Víctor Romero. Valencia

La compañía alemana es una de las cinco ofertantes a los 20 lotes en que ha sido dividido el grupo industrial valenciano

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Tres años después, el escenario ha cambiado radicalmente. El proceso de liquidación del Grupo Ros Casares ha permitido a Thyssen quedarse una de las fábricas compartidas, la de El Puig, y cerrar la cruenta batalla judicial que mantenía con la familia Ros. Aunque el reparto todavía está pendiente de ser ratificado por el juez mercantil de Valencia, Salvador Vilata, la multinacional no ha logrado hacerse también como pretendía con otros activos como una segunda factoría de planos en Sagunt o Ros Casares Centro del Acero en Vitoria, que han pasado a manos de la financiera valenciana Gedesco, aliada con el fondo americano JZI. Las bobinas galvanizadas de Galmed deberían servir de materia prima para la planta de planos de Thyssen en El Puig o para el potente cluster de Ford en Almussafes. 

Dos trabajadores de la planta de ArcelorMittal en Zumarraga (Guipúzcoa)
Dos trabajadores de la planta de ArcelorMittal en Zumarraga (Guipúzcoa)

El presidente de la Generalitat, el socialista Ximo Puig ha visitado esta semana la central de ThyssenKrupp en Duisburg para estrechar lazos con los directivos de la multinacional y tratar de acelerar en la medida de lo posible la reapertura. “La importancia que tiene la instalación de una factoría de estas características es el efecto arrastre”, que podría llevar a que en el futuro otras empresa decidieran instalarse en la Comunitat Valenciana, según explica el dirigente político.

“Es una buena decisión y supone la recuperación del sector en nuestra ciudad”, señala a El Confidencial el alcalde de Sagunt, Quico Fernández (Compromís). “Sabemos que el cierre fue una decisión puramente interna de la empresa que no obedecía a razones de competitividad. La factoría podía abrir en cualquier momento”. Para esta ciudad valenciana, que ya fue víctima de la reconversión de la industria siderúrgica en los años ochenta del siglo pasado (Altos Hornos del Mediterráneo), la reapertura de una fábrica supone un alivio tras varios cierres continuados, el último del fabricante de tubos de escape Bosal España, que bajó la persiana el año pasado enviando a más de 200 personas al paro.

“Nos dejan un cadáver que ocupa un kilómetro de largo y no se pueden usar las instalaciones para otro proyecto industrial. Una agonía para la comarca”

Muchos de los argumentos que Thyssen empleó para clausurar Galmed se han vuelto a oir de nuevo por parte de boca de los directivos de ArcelorMittal en la negociación de la fábrica de Zumarraga. La compañía justifica por razones productivas y organizativas la suspensión de la actividad (apenas quedarán ocho personas para hacer tratamiento de chatarra) . “Dicen que hay sobreproducción de acero en España y no hay demanda suficiente. Van a reorganizar y la producción de la llevan a Avilés (Asturias) pero nos han negado la opción de hacer algún plan de viabilidad”, explica Aitzol Cajaraville, delegado sindical de LAB y uno de los portavoces del comité de empresa.

Sin paciencia en Zumarraga

La compañía alude a cuestiones de rentabilidad por fuerte competencia china y las pérdidas económicas. ArcelorMittal International declaró unas pérdidas en el primer trimestre del año de más de 365 millones de euros. En 2014, la filial para el norte de España ArcelorMittal Acelaria Basque Holding cerró el ejercicio con 231 millones de euros en números rojos. Sin embargo, los trabajadores de Zumarraga creen que la crisis de la división española es coyuntural. “Es verdad que el consumo de acero es menor porque ha caído la inversión pública, pero con un ERE de dos años, por ejemplo, puede cambiar la situación del mercado y además se puede arreglar con medidas antidumping”, dice Cajaraville.

Protesta de trabajadores del metal en Marsella. (Efe)
Protesta de trabajadores del metal en Marsella. (Efe)

Pero como hizo Thyssen en Sagunt, Arcelor no desmantela la fábrica. La deja suspendida, quien sabe si con la intención de recuperar la actividad. Y al igual que con Galmed, la compañía fundada por Lakshmi Mittal, hace como que no oye cuando el Gobierno vasco le plantea la opción de buscar inversores para mantener abierta la planta o ofrece ayudas a través de planes de I+D+i que ayuden a mejorar su competitividad y se evite el cierre. “Van a dejar la planta en un limbo absurdo. Nos dejan un cadáver que ocupa un kilómetro de largo y no se pueden usar las instalaciones para otro proyecto industrial. Una agonía para la comarca”. 

Y así, entre fábricas de quita y pon, se mueve el sector acerero mundial.

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