Díaz y Rodríguez se reafirman en su rechazo a los gobiernos PSOE-Podemos

Andalucía fue el laboratorio del pluripartidismo, la primera comunidad autónoma donde irrumpieron con fuerza en las instituciones los partidos emergentes: Podemos y Ciudadanos (marzo de 2015). Dos años después, continua siendo un microclima político, aparentemente ajeno a los movimientos que se empiezan a producir en el resto de España. Mientras las direcciones de PSOE y Podemos acercan posturas, buscan líneas de “convergencia”, acuerdan estrategias conjuntas contra el Ejecutivo de Mariano Rajoy, e incluso conforman los primeros gobiernos autonómicos de coalición (Castilla La Mancha), el enfrentamiento entre el PSOE de Susana Díaz y el Podemos de Teresa Rodríguez se agranda a pasos agigantados.

En los últimos días, ambas ejecutivas han hecho públicos documentos internos en los que señalan al contrario como enemigos a batir. Los socialistas tildan a los morados de “populismo caudillista” e “izquierda inútil”, y Podemos califica al PSOE andaluz de “partido irrecuperable” para la izquierda. La rivalidad ha llegado a un punto en el que incluso los de Teresa Rodríguez han exigido a IU romper con los socialistas en los casi 30 ayuntamientos andaluces que gobiernan junto a ellos, como condición necesaria para pactar la confluencia de cara a las próximas elecciones. “O con ellos o con nosotros”, dicen. La líder regional de Podemos ha espetado a la presidenta andaluza en el Parlamento que jamás cometerá el error de IU de entrar en un Ejecutivo con el PSOE. “¡Ni muerta!”, le gritó durante una sesión de control al Gobierno.

Desde entonces Susana Díaz ha usado ese “¡ni muerta!” como piedra de toque para dejar claro que los morados sienten un “odio irrefrenable” hacia los socialistas, similar al que en los noventa les profesaban sus compañeros de IU y el PCA. “Su verdadero objetivo es destruir al PSOE”, dice. Pero su postura hacia Teresa Rodríguez y su grupo es tan beligerante como la de estos. Así aparece reflejado en la ponencia política que defenderá la reelegida secretaria general de los socialistas andaluces en el Congreso regional del PSOE-A a final de mes, donde se sitúa a Podemos en la trinchera de enfrente, en el mismo espacio de rivalidad que el PP. Susana Díaz ha defendido, antes y después de las primarias que le enfrentaron a Pedro Sánchez por el control del PSOE federal, que no pactaría “ni con el PP ni con Podemos”. El nuevo rumbo del secretario general de los socialistas, que este lunes se ha sentado a negociar con Pablo Iglesias por segunda vez en tres semanas, no ha torcido la hoja de ruta de la sevillana.

Este duelo a cara de perro entre las dos formaciones de izquierda en Andalucía ha quedado en entredicho en los últimos días, después de que se haya fraguado el primer Gobierno de coalición PSOE-Podemos en Castilla La Mancha de la mano del presidente socialista Emiliano García-Page, que ahora tendrá como vicepresidente al secretario general del partido morado en esta región, José García Molina. Tanto Susana Díaz como Teresa Rodríguez se han mantenido “firmes” en sus posiciones, dando la espalda a ese pacto y sugiriendo, entredientes, que es “un grave error”. En esto sí coinciden por separado. Ambas representan ahora notas discordantes con sus respectivos líderes nacionales. Díaz no comparte la hoja de ruta de Sánchez -ni con Podemos ni con el problema secesionista catalán-, y Rodríguez pertenece a la corriente Anticapitalista que también discrepa con Pablo Iglesias respecto a los acuerdos con el PSOE y el valor real que debe tener el referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Ese pacto de Toledo entre PSOE y Podemos en Castilla La Mancha ha obligado a sus homólogos andaluces a afrontar sus contradicciones: la formación morada exige a IU romper con los socialistas en los ayuntamientos andaluces, mientras ellos ocupan dos sillones en el nuevo Gobierno de García Page; y el PSOE de Susana Díaz, que tuvo en el presidente castellano-manchego a uno de sus principales aliados en las primarias, tiene que digerir ahora un viraje hacia la izquierda morada de los barones que antaño declararon su rechazo visceral a Podemos.

La pinza y el bucle de la investidura

El pulso PSOE-Podemos en Andalucía chirría más en estas últimas horas en las que Sánchez e Iglesias mantienen una vía de diálogo y negociación abierta que nunca ha existido en el sur. “Nacimos como alternativa al bipartidismo, no para ser parte corresponsable de esos grupos que tanto daño han hecho al país. No tenemos esperanza en el PSOE y nos mantenemos en esa posición”, dice Jesús Rodríguez, secretario político de Podemos Andalucía. Rodríguez admite que pueden llegar a acuerdos puntuales con los socialistas, pero descarta un entendimiento similar al que parece fraguarse en Madrid. “El PSOE de Susana Díaz está instalado en el reproche pueril, es el novio despechado que siempre nos recuerda que no le apoyamos la investidura”, recuerda.

En efecto, el bloqueo institucional en el arranque de la legislatura es algo que Díaz tiene grabado a fuego. No se le olvida que estuvo 80 días sin gobierno, que fue vetada hasta en tres ocasiones en su investidura, y que finalmente fue Ciudadanos, un partido liberal conservador, quien se avino a pactar con el PSOE. “Podemos se alineó con el PP en el no, y ahí sigue. No hacen oposición útil sino el desgaste permanente”, avisa el secretario de Organización del PSOE-A, Juan Cornejo, que pasa de puntillas sobre la política de deshielo que han iniciado otras federaciones socialistas con Podemos. “Las relaciones allí son distintas a las de aquí, dependen de muchos matices. Nosotros respetamos los acuerdos de Gobierno en otras comunidades, como aquí han respetado los nuestros”, afirma Cornejo.

En el Parlamento, los socialistas andaluces vetan sistemáticamente las iniciativas de Podemos y estos ejercen de oposición dura contra el Gobierno de Díaz. Aun cuando coinciden en el sentido de sus votos en la Cámara, pocas veces lo publicitan, con la excepción única de la futura Ley contra la discriminación al colectivo LGTBI, que primero presentaron por separado (en sendas leyes casi idénticas) y hace unas semanas retiraron para finalmente diseñar un nuevo texto de manera conjunta. En la Cámara autonómica se votan muchas cosas -leyes, proposiciones de ley, proyectos de ley, mociones, proposiciones no de ley- y la estadística parlamentaria demuestra un alto grado de coincidencia en el sentido del voto de PSOE, Podemos e IU.

Pero hay más coincidencias de posición ideológica que de trabajo conjunto con resultado práctico. Los socialistas no permiten que la iniciativa legislativa le lleven los morados, provocando a veces situaciones tan rocambolescas como que el PSOE vete una propuesta de Podemos con el pretexto de que “está trabajando en una similar”, o que la Junta tumbe su propia reforma de la Ley de Igualdad (hace unos días), después de dos años en un cajón, precisamente cuando IU rescata el borrador y vuelve a presentarla en su nombre. Entonces los socialistas anuncian que tienen un texto nuevo y mejorado.

Ambos se acusan mutuamente de servir a la derecha. Díaz ha rescatado contra Podemos el concepto de la pinza, que el PSOE-A usó en los noventa para criticar la alianza entre PP e IU para bloquear las iniciativas de un Gobierno socialista en minoría. Y Rodríguez no deja de recordarle a la presidenta andaluza que prefirió aliarse con Ciudadanos a transigir con las políticas de izquierdas que proponía su formación. Una y otra se responsabilizan mutuamente de que Mariano Rajoy siga siendo el presidente del Gobierno. Díaz, porque defendió la abstención del PSOE en la investidura del líder popular. Y Rodríguez, porque Podemos se negó a votar a favor de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Ejecutivo.

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