El Gobierno valora la «responsabilidad» del PNV en pleno desafío soberanista

La Moncloa contrasta su disposición al diálogo con la actitud de los secesionistas

«Si bien me quieres, Mariano, da menos leña y más grano», dijo el portavoz del PNV, Aitor Esteban, a un Mariano Rajoy necesitado de votos en su debate de investidura. Y el presidente le contestó:«Si quieres grano, Aitor, te dejaré mi tractor». Han pasado casi nueve meses desde aquella sesión en la que el PNV advirtió a Rajoy que lo tendría «crudo» para tener su apoyo si no cambiaba radicalmente de actitud respecto a los nacionalistas vascos. El Gobierno mira hoy hacia atrás y reconoce a ABC que, efectivamente,su relación con el PNV ha cambiado como de la noche al día. Incluso se atreven a calificarla de «excelente».

Más aún, el PNV pasa por ser ahora mismo un socio en el que el Gobierno de Rajoy «confía». El presidente valora de forma especial la «responsabilidad»del partido de Ortuzar en pleno desafío independentista catalán. Rajoy tiene contactos fluidos con el presidente del PNV, y también con el lendakari, según fuentes del Gobierno, y en esas conversaciones se ha hablado de la situación en Cataluña. El Gobierno sabe que no puede esperar una declaración pública del PNV en contra de los secesionistas catalanes, aunque en privado admitan que es un «disparate» lo que está haciendo Carles Puigdemont. A lo más que llega el partido de Ortuzar es a defender «un referéndum legal con todas las garantías» en Cataluña, como pidió la semana pasada su portavoz en el Congreso, lo que a estas alturas no es poco.

En La Moncloa comentan que en los contactos que siguen existiendo entre el Gobierno y la Generalitat de Cataluña, muchos nacionalistas catalanes confiesan, puertas adentro, su admiración por la posición del PNV, que en la última negociación presupuestaria arrancó al Gobierno acuerdos por más de 4.000 millones de euros, mientras ellos se automarginaban de cualquier diálogo.

El acuerdo con el PNV es el «plan B» que Rajoy tenía previsto desde los meses del bloqueo político. Al principio de la legislatura pudo aplicar su «plan A», que pasaba por llegar a pactos con el PSOE. Esa fue su primera intención, y le permitió aprobar el primer techo de gasto, a finales del año pasado, con los socialistas, y sacar adelante medidas como la subida del salario mínimo. Pero el regreso de Pedro Sánchez forzó al presidente a poner en marcha su plan alternativo, en el que los cinco votos del PNV son esenciales para la estabilidad de la legislatura.

Relación personal

En el Gobierno creen que se ha sellado una relación de confianza, que el «tractor» funciona a pleno rendimiento, y en ello pesa la «muy buena» relación personal de Rajoy con el presidente del PNV y con el lendakari. Al Ejecutivo no se le pasa por la cabeza que la negociación de los Presupuestos de 2018 vaya a acabar mal, entre otras cosas porque el acuerdo de 2017 incluía una estabilidad a medio plazo. Y el PNV, insisten en La Moncloa, es «de fiar».

Mientras en Cataluña los secesionistas se disponen a dar otro salto en el vacío esta semana, con la posible compra de urnas, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, viajará a Vitoria mañana. En su agenda podría incluirse una reunión con el portavoz del Gobierno vasco, Josu Erkoreka. Al día siguiente, en Madrid, el Gobierno de la Nación y el autonómico firmarán en la Comisión Mixta del Concierto Económico la Ley Quinquenal del Cupo 2017-2011, modificaciones de varios artículos de la Ley del Concierto Económico y los nuevos objetivos de estabilidad presupuestaria para el País Vasco, asuntos desbloqueados en las negociaciones.

El presidente Rajoy, que estuvo el sábado en Bilbao, destacó estos pactos con el Ejecutivo vasco y la buena sintonía entre las dos administraciones, y señaló que su disposición al acuerdo contrasta con la actitud «estéril» de la Generalitat de Cataluña, que solo busca el enfrentamiento.

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