‘Examen a TV3: el síndrome de la inocencia violentada’, por Ramón de España

Hasta ahora, TV3 afrontaba las campañas electorales quejándose en público de que la junta electoral les marcaba los tiempos dedicados en los Telenotícies a cada partido, lamentando que se pusiera en duda su legendaria imparcialidad y se le negara el derecho a primar el interés periodístico. A algunos nos parecía que, sin la intervención de la junta electoral, TV3 solo informaría de las andanzas de los partidos independentistas y nos quedaríamos sin saber nada de lo que hacían y decían los enemigos de la Cataluña catalana, poniendo así en duda la insobornable ecuanimidad de los profesionales de la casa, siempre dispuestos a hacerse la víctima.

Ahora les ha dado por soltar un discursito en cada Telenotícies quejándose de esa manía que le ha entrado a la junta electoral de que se hable de un expresidente y unos exconsellers, pues todo el mundo sabe que siguen en activo, aunque el malvado Estado español haya encerrado a unos cuantos y haya obligado a los demás al exilio belga. ¡Qué injerencia tan ofensiva la de exigir que a una pandilla de cesantes se les añada el ex al cargo que ocupaban! ¿Qué será lo próximo? ¿Prohibir que se hable de la República catalana proclamada, a la que solo le falta el pequeño detalle de su puesta en práctica? Realmente, ¡hemos vuelto al franquismo!

Alcoberro y Mauri

El inicio de la campaña para las elecciones del 21 de diciembre le tocó cubrirlo al ecuánime Xavier Graset, pues la cosa arrancaba a medianoche y los informativos de la casa llegaban tarde. Al principio pensé que el procesista Graset intentaba enmendarse, pues conectó con todos los partidos, fue extremadamente amable con todos los candidatos y parecía más o menos sincero cuando les deseaba lo mejor. Pero, claro, cuando llegó la hora de la entrevista de rigor, los elegidos para inaugurar la campaña fueron los sustitutos de los presidiarios –perdón, presos políticos– Sánchez y Cuixart, Agustí Alcoberro y Marcel Mauri, quienes, como sus antecesores, van juntos a todas partes. Gracias a ellos, TV3 pudo seguir hablando de los ex como si siguieran en sus cargos, arremeter contra la justicia española e ir deslizando el sutil mensaje de que ya sabemos a quién hay que votar si no queremos que el franquismo se instale a perpetuidad en la catalana tierra. Graset hace como que se lava las manos, que la libertad de expresión es sagrada, y aquí paz y después gloria: intuyo que su actitud va a ser imitada por todo el personal de la casa.

Hasta su director, Vicent Sanchis, se convirtió hace unos días en un humorista de El Club de la Comedia, para reírse, a medias con ese patriota de piedra picada que es Ricard Ustrell, de la prohibición del color amarillo en las fuentes. Parece que no basta con el humor patriótico de Toni Soler para elevar la moral de la tropa procesista y que hasta el señor director tiene que arremangarse. Todo ello, claro está, para preservar el sacrosanto derecho de la audiencia a la información veraz y objetiva que distingue a TV3 desde hace cinco años, por lo menos. Veremos cómo sigue la cosa.

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