Iglesias lanza su censura a un Gobierno tocado ante un PSOE en vías de recuperación

Pablo Iglesias se enfrenta a la defensa de su moción de censura contra Mariano Rajoy en un marco narrativo favorable de corrupción y síntomas de descomposición, pero con un inesperado octavo pasajero pululando por las áreas invisibles de la nave: el recién elegido secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, con el que mantiene la disputa virtual del liderazgo alternativo.

La presidenta del Congreso, Ana Pastor, pospuso tres semanas el debate de la moción de censura presentada por Unidos Podemos dando tiempo a que pasaran cosas. Y como suele ocurrir cuando se convoca al tiempo, han pasado. Muchas. Tal vez Pastor entendió que el tiempo corría a favor del Gobierno, toda vez el rotundo éxito que se apuntó Rajoy con la aprobación presupuestaria y las dificultades del debate existencial socialista.

Pero la política se juega también extramuros de los partidos y del Parlamento -como bien sabe el nuevo presidente francés Emmanuel Macron-, y en la periferia de nuestra política, allí donde mandan los togados, cada día que pasa es una ruleta rusa para el PP. Y por certeza estadística, al menos una vez de cada seis veces que se aprieta el gatillo, del tambor sale una bala. En forma de imputación, filtración o informe de la UCO.

Desde que Podemos anunció que presentaría una moción de censura contra el Gobierno hasta su debate y votación habrán pasado casi dos meses y en ese tiempo dos miembros del Consejo de Ministros han sido arrollados por la actualidad. Uno está reprobado y el otro, en trance de serlo. Y ambos, por cuestiones que abundan en el relato construido por Podemos en torno a la moción: el de una coalición de intereses espurios entre una parte de los poderes económicos y el PP, a la que Iglesias, a partir de la lectura de Ibex35: Una historia herética del poder en España, de Rubén Juste, bautizó como la trama.

Los casos de Catalá y Montoro

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, está dañado por su actuación respecto al Ministerio Fiscal y a los altos nombramientos en la judicatura, que abundan en la impresión popular de que el PP, atosigado por indicios de corrupción, trata de atar en corto a la judicatura. La cuestión no es cuánto de cierto hay en ello como la intensidad con la que esa interpretación ha agrietado la imagen de limpieza de Catalá.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, tras su habilidosa negociación política de los presupuestos, ha sido inesperadamente alcanzado por una bala perdida, una sentencia del Constitucional contra su amnistía fiscal, que abunda en el discurso construido por los de Iglesias, que dibuja la operación como una oferta para blanquear a bajo coste capitales evadidos por “amiguetes del PP”.

“Síntomas de descomposición”

El entrecomillado -he ahí el éxito del relato de Podemos-, es de José Manuel Villegas, diputado de Ciudadanos y jefe de gabinete de Albert Rivera. La sucesión de reveses llevaba el viernes al articulista de La Vanguardia José Antonio Zarzalejos, buen conocedor del tapiz de poder madrileño, a emplear la expresión “síntomas de descomposición”.

Pero también han pasado otras cosas menos convenientes a la agenda del candidato a presidente Iglesias, la principal, el aplastante éxito de Pedro Sánchez en su regreso al trono socialista, un triunfo, secundado por unas expectativas electorales renovadas -aunque no se sabe si duraderas- para el PSOE, que vuelve a abrir la disputa por el liderazgo de la oposición que parecía haber quedado zanjada en octubre, cuando el aparato del PSOE lanzó a Sánchez por la ventana y abrazó su propia versión más conservadora.

José Antonio Zarzalejos José Antonio Zarzalejos (Dani Duch)

El reto para Podemos ya no es construir un relato hegemónico, porque el marco de un Gobierno atosigado por la corrupción y en conflicto con una parte de los aparatos del Estado, investigadores, jueces, fiscales, inspectores tributarios…ha empapado a la opinión pública recogida por el CIS en estas semanas.

Tampoco el resultado numérico presenta ya un desafío para Podemos. Habiendo renunciado desde el principio a que la moción pudiera salir adelante, el objetivo de Iglesias era impedir que el PP lograra reunir una mayoría absoluta de votos contra la moción. La foto buscada por el líder de Podemos, expresiva de la delicada situación del Ejecutivo, era que no se repitieran los 176 votos que sacaron adelante los presupuestos.

La abstención segura de PSOE, PNV y PDECat, junto al voto favorable de ERC, Compromís y EH Bildu, apuntan que el PP saldrá aritméticamente vivo de la moción pero herido por su imposibilidad de reunir más allá de 170 votos (PP, Ciudadanos, UPN, Coalición Canaria y Foro Asturias), a seis de la mayoría absoluta.

Portada de La Vanguardia el día que Hernández Mancha decidió presentar una moción de censura contra Felipe González, en 1987. Portada de La Vanguardia el día que Hernández Mancha decidió presentar una moción de censura contra Felipe González, en 1987. (LV)

Felipe González consiguió en 1987 un total de 195 votos contra la moción de Antonio Hernández-Mancha, mientras que Adolfo Suárez solo pudo levantar 166 cuando en 1981 González planteó su censura. Sin embargo, la intervención de Iglesias y su disputa con Rajoy contienen otro desafío, gestionar el momento dulce e incierto del pasajero Sánchez, con el que ya nadie parecía contar. Iglesias se debe definir frente a un líder invisible, sin escaño, y cuyo futuro rumbo político es una incógnita mayúscula, mientras aún está iluminado por el relato épico del renacido Conde de Montecristo.

Por eso, la dialéctica de Podemos con el PSOE, y viceversa, va a ser en la larga sesión de la moción de censura capital para descodificar el futuro político español tanto como la habilidad de Rajoy para presentarse como un factor de estabilidad y futuro, alejado de la añeja versión de las siglas populares que ofreció el equipo de Cristina Cifuentes en la moción dirimida en la Asamblea de Madrid.

En lo político, Iglesias presentará un programa con el que trata de fijar la idea de que posee una alternativa con la que gestionar los dos principales desafíos que enfrenta el país: la degradación institucional y su correlato de desigualdades, y el bloqueo del conflicto territorial. De nuevo Catalunya como amenazadora nave nodriza en vuelo suspendido sobre la bulliciosa megaurbe manchega.

Una larga jornada parlamentaria

La de hoy será una larga jornada parlamentaria, que abrirá la portavoz de podemos, Irene Montero, en calidad de firmante de la moción.Su intervención, que no tiene límite de tiempo, puede ser contestada por cualquier miembro del Gobierno, aunque el reglamento del Congreso también permite al Ejecutivo hacer un pasapalabra.

Después llegará el esperado discurso de Iglesias en el que el líder podemista, también sin límite temporal, desarrollará su programa para un hipotético nuevo gobierno alternativo al actual y se postulará como candidato a la presidencia. Le responderán los representantes de los grupos parlamentarios, de menor a mayor, en intervenciones de un máximo de media hora.

El Gobierno aún no ha decidido si intervendrá Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría o ambos. El Gobierno aún no ha decidido si intervendrá Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría o ambos. (Juan Medina / Reuters)

Tanto Iglesias como el Gobierno podrán realizar las replicas que consideren oportunas y sin que Ana Pastor ponga a funcionar el cronómetro. De momento, no sé sabe por qué derroteros transcurrirán las intervenciones del Gobierno. “No podemos predecir lo que diremos, pues dependerá de los discursos previos” de Montero e Iglesias, explica el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón.

Pero eso no significa que el Gobierno no se haya preparado la moción. Al contrario. Todos los miembros del Ejecutivo han trabajado el tema y tienen sus argumentarios bien afilados. Los usarán en caso de que sea necesario, cuando se desvelen los cauces por los que Podemos canaliza sus intervenciones.

Por eso, hasta el último momento, si Rajoy intervendrá, si lo hará la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, o ambos con el apoyo de alguno de sus ministros. Lo que sí está decidido es que será el portavoz, Rafael Hernando, quien participe en nombre del grupo parlamentario. lo hará con un discurso en el que subrayará la estabilidad económica y laboral lograda por el Ejecutivo en los últimos cuatro años.

El estreno de Ábalos

El hecho de que el Gobierno se haya preparado la moción a conciencia no significa que esté demasiado preocupado por la iniciativa de Iglesias. Los populares consideran que la censura es una herramienta que Podemos dirige más contra el PSOE que contra el PP. Y los socialistas no tendrán demasiada ocasión de lucirse a lo largo de esta intensa jornada parlamentaria.

Pedro Sánchez, que no es diputado, pues renunció a su escaño para no votar a favor de la investidura de Rajoy, no planea pasarse por el Congreso. Seguirá el debate desde la sede socialista de Ferraz y cederá todo el protagonismo al nuevo y eventual portavoz parlamentario, José Luis Ábalos.

José Luis Ábalos José Luis Ábalos (Kai Forsterling)

Eso sí, los socialistas ya han decidido que se abstendrán en la votación de la moción, que podría tener lugar el miércoles. El nuevo PSOE de Sánchez no es el que votó a favor de hacer presidente a Rajoy, pero tampoco contempla que Iglesias pueda ser una alternativa.

En Ciudadanos lo tienen mucho más claro: se opondrán a la moción.”Explicaremos por qué esta moción no nos parece de recibo”, indica el portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Juan Carlos Girauta. Y añade que Iglesias “no puede ser presidente del gobierno, porque tiene problemas de ambigüedad en asuntos centrales, en cuestiones de Estado, como demuestra su ausencia del pacto antiterrorista o la carencia de una idea clara del concepto de soberanía nacional”.

Albert Rivera, el presidente de Ciudadanos, tomará la palabra en nombre de su grupo. Como el Gobierno, aún no sabe cómo encauzará su discurso, pues depende de las intervenciones de Podemos y del Ejecutivo, pero tratará de aprovechar al máximo su media hora para presentar ante la opinión pública su modelo de gobierno alternativo al de Iglesias.

Albert Rivera Albert Rivera (Marta PÉrez / EFE)
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