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Isabel Díaz Ayuso vuela sola

Madrid siempre ha sido un agujero negro para los partidos. Tanto en el PP como en el PSOE, sus dirigentes en la Comunidad han supuesto un dolor de cabeza para las cúpulas estatales. Y si no, recuérdese el famoso “¡Joder, que tropa!” que pronunció Mariano Rajoy en presencia de Alberto Ruiz- Gallardón y Esperanza Aguirre. De ahí la tradición, sobre todo en el PP, de que el presidente del partido en Madrid no sea ni el alcalde ni la presidenta regional. Un poder dividido es menos poder, y así se puede hacer menos sombra al líder nacional. Aunque la sombra no sea buena.

Isabel Díaz Ayuso suma problemas sobre su mesa. Y es que su particular gestión de la pandemia, el enfrentamiento con el Gobierno de Pedro Sánchez y hasta con Ignacio Aguado (Cs), su vicepresidente en el gobierno autonómico, la señalan como una figura con ambición y tentaciones de volar sola al margen del partido.

El problema en el PP es que el valedor de Díaz Ayuso es Pablo Casado. La presidenta madrileña es una persona de su confianza, aunque haya quien crea ahora en la dirección popular que a Ayuso se le ha olvidado. El perfil de la presidenta madrileña, moldeado por su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, MAR, asusta al resto de barones y preocupa en la cúpula del PP.

MAR fue quien llevó a José María Aznar de la eterna oposición a la Moncloa, y hoy es el gran apoyo de Ayuso en el Gobierno. Una especie de vicepresidente oficioso en el que apoyarse, tras alinearse Aguado con el Gobierno central.

Ayuso ha depositado en Rodríguez su confianza y su futuro. En él, y en su jefe de prensa, José Luis Carreras, con quienes lo consulta todo. El trío se amplia cuando procede con la consejera de Presidencia, María Eugenia Carballedo, pilar de la presidenta en el gobierno madrileño. Compañeras y amigas desde hace tiempo, que crecieron políticamente juntas en el PP y en la Comunidad.

Su otro gran apoyo es Enrique López, por quien Aznar apostó, durante años, para el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional. López entró de lleno en política con Díaz Ayuso, que le nombró consejero de Justicia; y con Casado, que le nombró secretario de Justicia e Interior del PP. Ayuso escucha y valora la opiniones de López pero en el PP dan por hecho que la fidelidad del consejero, si tuviera que elegir, sería a Casado.

Es obvio que todo el gobierno, al menos los miembros del PP, son de la total confianza de la presidenta madrileña, pero su procedencia es diversa. Díaz Ayuso cuenta además de con Carballedo y López, con David Pérez, su número dos en la lista por Madrid, y que pese a la decepción que le supuso no ser consejero de Presidencia y quedarse con Vivienda, mantiene su apoyo irreductible a Díaz Ayuso.

También Javier Fernández Lasquetti, que llegó a la Consejería de Hacienda desde el gabinete de Pablo Casado. Les unía la relación con Aznar, algo que no comparten con Ayuso, aunque la presidenta madrileña ha encontrado en el expresidente uno de sus mayores apoyos públicos. Quien la puso en la arena política fue Esperanza Aguirre, como Casado y Lasquetti. Es ahí donde sus carreras se cruzan. Ayuso llevó las redes sociales de Aguirre y creó el perfil en Twitter de Pecas, el perro de la presidenta: “Me llamo Pecas y vivo en Malasaña con una rubia castiza. Incontrolable. Liberal. Seductor.”

Atendiendo a esta ascendencia, son incondicionales de Díaz Ayuso algunos de los que también tuvieron cargos con Aguirre, entre los que destacan dos personas imprescindibles en el gobierno madrileño: el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, y el de Educación, Enrique Ossorio, que fue consejero con Aguirre, portavoz en la Asamblea con Cristina Cifuentes y que continua en política gracias a la confianza, ahora, de Ayuso. Son consejeros que con la pandemia han afianzado sus lazos. Al círculo de la presidenta pertenece también el portavoz en la Asamblea de Madrid, Alfonso Serrano, fiel hacedor de lo que Ayuso manda.

La trayectoria de Ayuso tras las elecciones se separa cada vez más de la del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, a quien le une haber empezado su carrera política con Aguirre. Hicieron tándem durante la campaña y su relación es buena, pero nada más. Almeida tiene ahora la cercanía a Pablo Casado, con su designación como portavoz del partido.

Un nombramiento que hay quien achacó a las supuestas pretensiones del alcalde de optar a la presidencia del PP de Madrid, puesto al que también podría aspirar Ayuso, de lo que Génova no quiere ni oír hablar para que no concentre más poder del deseado. Y ahí surge el nombre de Ana Camins, secretaria general del partido en la capital y que forma parte, como Díaz Ayuso, del círculo más cercano a Casado que acudió a la sede del PP a entregar los avales para presentarse a las primarias que le llevaron a la presidencia del PP.

Camins es también la firmante del comunicado que la semana pasada acabó con las filtraciones desde la Puerta del Sol sobre un posible adelanto electoral, ante el enfrentamiento con Cs, elaborado por orden del mismísimo Casado. El líder del PP se garantizaría con ella el control del partido. En el PP de Madrid creen que podría haber más aspirantes. Se apuntan otros dos nombres: Antonio González Terol, vicesecretario de Política Territorial, que en su día aspiró a ser el candidato a la Comunidad, y Pedro Rollán, presidente de la Comunidad en funciones desde que dimitió Ángel Garrido cuando se pasó a Cs hasta que salió elegida Isabel Díaz Ayuso.

Los partidarios de Díaz Ayuso consideran que la presidenta madrileña ha sabido ganarse en año y medio el apoyo de los ciudadanos a pesar de su actuación errática. Para su war room , lo importante es que las encuestas internas sostienen que ha pasado de tener un apoyo del 22% al 35%, a costa de Vox y Cs. Y eso le garantiza al PP retener Madrid, pero también es lo que preocupa en determinados círculos de la calle Génova.