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La gestión de Ayuso divide al Congreso en el debate sobre el estado de alarma

No se cumplió el presagio. Al día siguiente de una sesión de control al Gobierno feroz y chabacana por parte de la oposición, el debate sobre la declaración del estado de alarma en Madrid, siendo bronco y duro, dejó apenas escasos ejemplos de la mala praxis parlamentaria que abunda los últimos meses y un buen puñado de intervenciones serias, preocupadas y solventes que hablaron de lo que tocaba: la situación de la pandemia en Madrid.

De hecho, la sesión se convirtió en un inesperado debate sobre el estado de la gestión (sanitaria madrileña) en el que el examinado no era tanto el ministro de Sanidad, Salvador Illa, como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La España múltiple, esa que desborda las fronteras de la polarización madrileña y que el PSOE bautizó un día como plurinacional –luego hubo vértigo–, dedicó sus intervenciones (incluso su silencio, como hicieron ERC, JxCat, EH-Bildu, Compromís y la CUP) a poner de vuelta y media a la Comunidad de Madrid. La España del Consejo Interterritorial de Salud, por explicarlo de otro modo.

Illa llama al PP a la unidad y le pide que deje de ser “el telonero de la moción de censura de Vox”

El ministro Illa, paradigma de la previsibilidad, se condujo como era de esperar: con la solemnidad tranquila del profesor que jamás sonríe y baja la voz para captar la atención de los alumnos, regaló elogios a la gestión de comuni­dades autónomas como Asturias o Catalunya, también Castilla y León. Así describió con tono rutinario el proceso que comenzó en junio, con el fin del estado de alarma, y condujo al descontrol pandémico en que anda sumida Madrid. Su dicción monocorde hace que amortice como nadie los énfasis, y así ocurrió cuando salió en defensa del buen nombre de los servidores públicos ante las críticas de Vox, o cuando ridiculizó al PP, al que reprochó haberse convertido en poco más que “un telonero de la moción de censura de Vox”.

La portavoz del PP, Cuca Gamarra, salió en tromba y aun antes de empezar a hablar de Sanidad ya había mencionado al Consejo General del Poder Judicial y a la Fiscalía General del Estado, pero el grueso de su discurso se ciñó a las críticas reiteradas del PP sobre la gestión de la pandemia en las dos olas. Para la efusión de sus intervenciones, no puso mucho esmero en defender los quehaceres de Díaz Ayuso y sí en desmerecer los del Gobierno, al que recordó su liderazgo mundial en impacto de la Covid-19. La siguió Vox, soporte del Gobierno regional madrileño, a quien representó el diputado Juan Luis Steegmann, mucho más moderado y burlón que su predecesora, aunque en su retórica combinó las críticas técnicas estrictamente sanitarias –acusó a Illa de aplicar medidas del siglo XVI– con las acusaciones al uso de su formación sobre el carácter “tiránico” del Ejecutivo. Y acabó vaticinando que China nos enviará nuevas epidemias.

Edmundo Bal, de Ciudadanos, fue también muy crítico con la acción del Ministerio de Sanidad, pero su defensa de la gestión del Gobierno madrileño fue aún más tibia que la de Gamarra, considerando que su formación ostenta la vicepresidencia; o no tanto, considerando el distanciamiento progresivo del vicepresidente madrileño, Ignacio Aguado, respecto a los hechos y discursos de Díaz Ayuso y de su consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero.

El resto de participantes en el debate deploraron la gestión de la comunidad de Madrid, de Rafa Mayoral, de Unidas Podemos, a Aitor Esteban del PNV, con especial intensidad en el caso de Íñigo Errejón, de Más País, que encarnó el liderazgo de la oposición madrileña y demolió la gestión del Ejecutivo madrileño con los dichos y desdichos de la propia presidenta como principal munición. Ana Oramas, de Coalición Canaria, hizo una llamada a la solemnidad parlamentaria y reprendió a Gobierno y oposición por el tono de los últimos días.

A PP y Vox solo acompañaron como es habitual en su discurso sus satélites asturnavarros, Foro y UPN, durísimos con Illa, quien, ­como es habitual, cerró su in­tervención llamando a la unidad de acción ante la pandemia: “La situación es muy frágil e inestable”, ­subrayó el ministro, “no es tiempo de provocaciones ni disputas es­tériles”.