Los grandes partidos se rearman ante una legislatura que no prevén breve

Tras 314 días de incertidumbre, la investidura de Mariano Rajoy y los primeros compases de su mandato han devuelto la vida a la XII legislatura de la democracia española. Hasta el punto de que, aunque el propio Rajoy no quiera poner la mano en el fuego –“no me atrevería a pronosticar nada”, dijo en los corrillos del día de la Constitución–, veteranos dirigentes del PSOE ya dan por hecho que la legislatura no tiene por qué ser breve, sino que podría llegar a los cuatro años una vez que el Gobierno logre sacar adelante los primeros presupuestos para el 2017 con los apoyos que está trabando.

Con esta incertidumbre despejada, llega el momento de que los partidos se pongan a punto y se rearmen, actualicen sus programas y sus estrategias para este nuevo escenario y, también, reafirmen y consoliden sus liderazgos. O elijan otros nuevos, en el caso del PSOE. El año que viene las cuatro grandes fuerzas del panorama político español –PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos– celebrarán sus respectivos congresos. Cada partido es un mundo, pero estos procesos dirimirán en todos los casos sus luchas internas –mucho más agrias y cruentas que con sus adversarios políticos– y sus equilibrios de poder.

El PP celebrará su congreso los días 10, 11 y 12 de febrero, y por si alguien tenía alguna duda Rajoy anunció que concurrirá a la reelección por cuarta vez como líder del partido. Sin primarias: sólo él presentó los preceptivos cien avales. En este cónclave, junto a las ponencias que revisarán el credo del PP, la expectación se cierne en la continuidad de María Dolores de Cospedal como secretaria general, algo que ella no obstante ya aseguró al asumir la cartera de Defensa en el Gobierno: “No tiene ningún tipo de incompatibilidad”, zanjó Cospedal. El debate sucesorio de Rajoy, aún encriptado, está de fondo.

Pablo Iglesias, cuyo objetivo en esta legislatura es convertirse en el auténtico antagonista de Mariano Rajoy y en la verdadera oposición al PP, dejando en la cuneta definitivamente al PSOE, optó por su parte por contraprogramar descaradamente y celebrar el congreso de la formación morada –Vistalegre 2– justo los mismos días que el partido del Gobierno: entre el 10 y el 12 de febrero. ¿Por qué? “Para comparar simultáneamente los dos proyectos antagónicos”, sonrió Iglesias.

No hay que olvidar que, según no se cansa de subrayar, el PP, el PSOE y Ciudadanos están en el mismo barco, el de la “triple alianza”, según lo bautizó, y reman con el objetivo común de atrincherar a “las élites” en el poder. Aunque, al respecto, el exministro socialista José Blanco advierte que “el liderazgo de la oposición no es un título que uno pueda arrogarse, sino que debe ganarse cada día”. Y eso, en su opinión, es justo lo que está haciendo el PSOE.

Podemos, no obstante, no es una balsa de aceite. Antes al contrario, se encuentra en plena “pelea de gallos” precongresual, como un auténtico duelo en OK Corral entre el propio Iglesias e Íñigo Errejón, cada uno con sus respectivos aliados, y con Pablo Echenique haciendo equilibrismos. Aunque, por lo pronto, el secretario de organización de la formación morada reclama reducir el poder de Iglesias, para que lo que un día nació en las calles –el 15-M del 2011– y logró irrumpir en las instituciones en toda España, no acabe teniendo una estructura piramidal y con un líder indubitado e incontestable en su cúspide, como lo que ha ocurrido siempre en los partidos clásicos a los que encuadraban en la “casta” del poder.

Antes que el PP y Podemos, Ciudadanos arrancará el calendario de congresos, los próximos 4 y 5 de febrero. En la formación naranja, y Albert Rivera lo sabe bien, estos cónclaves son a cara de perro. Pese a los malos resultados en las últimas elecciones vascas y gallegas, y a que Ciudadanos ahora tenga que pugnar por reclamar el lugar que le corresponde tras haber sellado un pacto de investidura con Rajoy, la ruta de Rivera hacia la cumbre –con la estrategia de incorporarse al Gobierno en la próxima legislatura– apenas encuentra resistencia interna. Lo cual no impide que también en el seno de Ciudadanos existan sectores críticos –o figuras críticas, como Carolina Punset– que tratan de forzar un cambio en la estructura y los objetivos del partido. La pugna entre el original “acento catalán” de esta formación, y su actual implantación territorial –sobre todo en Madrid y Andalucía, a cuyos gobiernos autonómicos sostiene–, también se hará notar en el próximo congreso.

Y por último, pero no menos importante –y sí mucho más dramático–, el PSOE celebrará al fin su congreso federal “antes del verano”, según anunció el presidente de su gestora, Javier Fernández, que propondrá al comité federal que se convocará para mediados de enero. Muchos apuntan al mes de junio, sin descartar que pueda ser en mayo. Aunque numerosas plataformas de militantes ya se han constituido en muchas federaciones para exigir que el congreso se celebre de forma inmediata. Ante la situación de interinidad en que está sumido el PSOE tras la dimisión forzada de Pedro Sánchez, este congreso será el más trascendental. Y, además de revisar su proyecto y su estrategia, la cita habrá de resolver, prioritariamente, el nuevo liderazgo del PSOE. Todos piensan que, esta vez sí, la andaluza Susana Díaz optará a la secretaría general –“¿Quién si no?”, aseguran hasta los que no están cegados con su resplandor–, aunque también que Pedro Sánchez intentará desbaratar sus planes. Y mientras se dirime esta lucha, cobran vuelo las hipótesis de terceras vías que eviten guerras fratricidas, como la que representaría Patxi López.

 

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