Los votantes desencantados del PSOE rechazan la opción de Podemos

Podemos afronta en unos meses el debate sobre su estrategia y consolidación como partido político con “deberes”, en palabras del número dos, Íñigo Errejón. El llamado Vistalegre 2, el segundo congreso nacional de Podemos tras el fundacional, en octubre de 2014, tendrá que definir el rumbo del partido que aspira a seguir creciendo. En esa reflexión, el partido de Pablo Iglesias analiza un hándicap que le señalan las encuestas: la formación no logra acoger a los votantes que han abandonado el PSOE descontentos por la crisis del partido, y atesora importantes niveles de rechazo en la población. Incluso en el peor momento del PSOE, sin liderazgo y comandado por una gestora, Podemos crece desde el 26-J menos de un punto en intención de voto.

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Los datos son significativos. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el correspondiente al mes de octubre, cuyo trabajo de campo terminó el día 10, tras el Comité Federal del PSOE en el que dimitió Sánchez, sitúa al PSOE en su peor resultado histórico, con un 17% de intención de voto. La encuesta atribuye a Podemos el 21,8% de los votos, tras el PP (34,5%). Pero las tripas del estudio demoscópico revelan que, si mañana se celebraran elecciones, solo un 6,1% de los votantes del PSOE cambiaría su papeleta por la Unidos Podemos. El 12,3% de los votantes socialistas se refugiaría, a cambio, en la abstención.

Los expertos detectan un fenómeno de “antagonismo creciente” entre el PSOE y Podemos, apunta Francisco Camas, investigador de Metroscopia. Hasta un 44,6% de los votantes del PSOE dice que, con toda seguridad, no votaría “nunca” a Podemos. Y un 47,7% de votantes de Podemos asegura que tampoco cogería nunca la papeleta del PSOE. Los socialistas muestran más rechazo por Podemos que por Ciudadanos: los votantes del PSOE puntúan a Pablo Iglesias con un 3,23 de nota sobre 10, mientras que al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, le dan un 3,56. El partido de Rivera genera diez puntos menos de rechazo entre los socialistas que Podemos (el 33,9% dice que no lo votaría nunca).

“Los electorados del PSOE y Podemos son ahora mismo como el agua y el aceite en términos de perfil sociodemográfico”, apunta Camas. Una barrera generacional y cultural separa a ambas formaciones, indica el experto. “El voto que le queda al PSOE es un voto de más de 55 años y muy identitario y fiel. En realidad, podría decirse que las mujeres de más de 55 años sostienen al PSOE”. Hay más motivos. “Podemos se ha creado una imagen no muy amable dentro de una parte del electorado del PSOE. Por la personalidad de Pablo Iglesias, por la dureza en las negociaciones… Han confrontado mucho con el PSOE y eso hace difícil que sean atractivos para una parte de los votantes de ese partido”, apunta José Fernández Albertos, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Harvard.

La estrategia, a debate

Podemos difiere en la estrategia a seguir. El líder, Pablo Iglesias, cree que el partido “cometería un error” si tratara ahora de emular al PSOE y de ir “como un águila o un buitre a devorarlo” por su situación de debilidad, porque no resultaría creíble. “En el momento en el que Podemos pretendiera parecerse al PSOE creo que la gente diría: nos estáis mintiendo, nos estáis tomando el pelo”, dijo el viernes en televisión. Iglesias ha dejado atrás además la idea de la pasokización del PSOE. “Estamos en un momento en el que los movimientos electorales ya no se van a medir en millones de personas. El PSOE va a resistir, no es el Pasok [El partido socialista griego], tiene un suelo electoral de más de 4,2 o 4,3 millones de votos que van a mantener siempre”, calculó. En el sector errejonista advierten: “Hay dos formas seguras de perder: parecerse al PCE o parecerse al PSOE”, opinó Jorge Moruno, responsable de Discurso del partido y una de las principales figuras afines al número dos. Errejón reconoció que el último CIS pone “deberes” a Podemos, y apuntó que, en su opinión, el partido debe “ofrecer garantías” y no solo “impugnar lo existente”.

En el partido son conscientes de que, en todo caso, los grandes trasvases de votos han terminado. “El ciclo que viene es de lluvia fina, las transferencias electorales ya no se van a producir por millones, con un 20 o un 30% de 40% del electorado que cambie su voto”, señala a EL PAÍS la secretaria de Análisis Político y Social de Podemos, Carolina Bescansa.

La experta en demoscopia del partido resta importancia a otro indicador que revela el último CIS que para algunos miembros del sector errejonista demuestra una deriva preocupante. El rechazo de una parte de la población a Podemos ha crecido diez puntos en sus dos años de vida. Un 52,2% de los ciudadanos asegura hoy que nunca votaría a Podemos. En octubre de 2014 ese dato era del 41,7%. Se trata de la cifra de rechazo a un partido nacional más alta en el último CIS, por encima del PP (51,8%). Al mismo tiempo, Pablo Iglesias es el segundo líder peor valorado, tras Mariano Rajoy. “La presión de descrédito sobre Podemos es mayor que la del resto de los partidos y en ese sentido creo que esos indicadores son más vulnerables a las coyunturas comunicativas”, considera Bescansa, que cree que el PP demuestra cómo “es perfectamente posible conseguir ganar las elecciones con niveles de rechazo altísimas”.

Bescansa cree que, a cambio, “variables tan importantes como el campo-ciudad, la edad, el nivel de estudios o las posiciones en relación al mercado de trabajo dibujan un mapa en términos sociodemográficos del electorado” que les es “profundamente favorable”. Si los socialistas descontentos no recalan en Podemos es, según la dirigente, porque “las personas no cambiamos de voto de la noche a la mañana”, y la fase habitual es una parada intermedia en la abstención.

Un Podemos más amable hacia el PSOE tampoco tendría posibilidades de un trasvase inmediato de votos”, comparte Fernández Albertos, porque las preferencias de los votantes están “estabilizadas” en este periodo sin elecciones. Ahora bien, el experto alerta: “Si Podemos no resuelve ese problema de imagen es posible que ese trasvase no se produzca nunca. Esos niveles de rechazo que provoca en el electorado más próximo revela que Podemos tiene un cierto techo de cristal”. Fernández Albertos recuerda que Alexis Tsipras era un líder muy valorado cuando llegó al poder, y advierte: “Cuando uno analiza los datos sobre Podemos ve algunos problemas estructurales. No inamovibles, pero sí obstáculos para crecer a medio plazo”.

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