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Pío García-Escudero: Fiel «escudero»

Si hay algo que caracteriza la vida política de Pío García-Escudero es su habilidad para llevarse bien con todas las familias del PP. Nacido en Madrid de familia aristocrática, el mayor de los diez hijos del conde de Badarán, es un ilustre arquitecto que llegó a la vida pública de la mano de José María Aznar. Eran los tiempos de presidente en la Junta de Castilla de León y Aznar le llamó a su lado como Director General de Patrimonio y Promoción Cultural. Desde ese puesto, integrado en el llamado «Clan de Valladolid», dirigió la rehabilitación de la Catedral de Burgos y esperó nuevas llamadas. Una de ellas, la de Mariano Rajoy cuando tras la amarga derrota electoral de 2004 le ofreció ser portavoz en el Senado. Ahí pasó de ser un «aznarista» puro al más fiel de los escuderos «marianistas».

Pero antes, como concejal de Urbanismo en el Ayuntamiento de Madrid y diputado en la Asamblea de la Comunidad, fue un hombre clave en las heridas cruentas entre Alberto Ruíz Gallardón y Esperanza Aguirre, y presidió el partido en Madrid hasta el lacerante congreso que ganó Aguirre. De talante afable y dialogante, muy en el estilo de Rajoy, se apartó con elegancia y tuvo su premio: ser portavoz en el Senado desde dónde ejerció una dura oposición que Mariano, entonces desgastado y perdedor, supo bien apreciar. Por ello, cuando llegó el momento en diciembre de 2011 le eligió para ser presidente de la Cámara Alta, puesto que nunca ha dejado desde la X Legislatura.

Casado en Valladolid con María del Carmen Ramos Pérez, padre de dos hijos, es un buen negociador, conoce las entretelas del PP madrileño y no despierta grandes recelos. Le gusta ejercer en la sombra, manejar y dejar que las situaciones maduren con el tiempo. Fue el pasado fin de semana, mientras estaba con su mujer en Sevilla, cuando recibió la oferta de Rajoy para presidir la gestora del PP en Madrid. Aceptó sin rechistar, sabiendo lo endiablado de la situación pero también con la experiencia de conocer la organización.

Es un taurófilo empedernido, militante hasta las cejas en la defensa de la Fiesta Nacional, de cuyo capote se ha colgado en alguna que otra capea. Apasionado del arte, la arquitectura y la familia, dicen sus detractores que es un poco «señorito», mientras para otros es un «currante» con estilo. Lo cierto es que Pío García-Escudero es un hombre que no levanta ampollas y ha sabido, como buen torero, lidiar varias faenas. De fiel amigo de Aznar a hombre clave en el resurgir de Rajoy, lo cierto es que en un partido a veces tan cainita como el PP madrileño es un histórico superviviente.