¡Por Dios, que vuelva Josep Cuní!, por Manuel Trallero

Al señor Sanchis, actual director de TV3 y supuesto moderador, los mofletes se le habían reblandecido de gustirrinín al recibir a los participantes en el debate a la puerta de su choza. A la prensa, mientras tanto, nos habían dado un alpiste con unas croquetas inciertas, una tortilla desahuciada y unas patatas chips de oferta que yacían a modo de naturaleza muerta sobre una mesa. Los protagonistas alcanzaban el lugar de autos con la misma prosopopeya que los nominados pisan la alfombra roja la noche de la concesión de los Óscars.

Acto seguido nos han llevado al trote borriquero hasta el estudio desde donde se iba a emitir y en donde han ido compareciendo, uno tras otro, los representantes de las diversas formaciones. La liturgia se mantenía fielmente. Han posado en grupo para la posterioridad. El glamur brillaba por su ausencia en las corbatas horribles de Iceta y Turull, los tejanos con zapatos de tacones de la señora Arrimadas, el amarillo luto de la señora Rovira, la manía de ir con tejanos y americana de Domènech y Riera, y el bléiser prehistórico de García Albiol. ¿Es necesario ir tan mal vestido para ganar unas elecciones?

Iniciado el evento he tenido la certeza absoluta de que aquello no tenía ni pies ni cabeza. A Sanchis aquello no se le ha escapado de las manos, por la sencilla razón que desde el primer momento ha tomado vida propia, iba a su propio albur, sin ton ni son. El moderador ni ha moderado ni se esperaba, por lo visto, que lo hiciese. Ha tomado los derroteros de un guirigay a grito pelado, increpándose los unos a los otros, tal que si fuera una bronca tabernaria barriobajera. Un espectáculo propio de un reality show de esos que se estiran del moño y se dicen de todo. Ha metido baza la señora Arrimadas que ha estado voluntariosa sin más, pero que tiene la inmensa virtud de ponerles de los nervios a los indepes. Turull parecía que acudiera a un entierro y se ha pasado el rato repitiendo “pantanu” para mayor gloria de la lengua catalana que tanto les preocupa. Domènech ha empleado un tono profesoral. Rovira iba a piñón fijo en plan señorita Rottenmeier, riéndose cuando hablaban los del bloque 155. Riera lo resuelve todo con el golpe de Estado del 1-O como si fuera un parche Sor Virginia. Albiol quizás haya sido el más efectivo mientras que Iceta se ha contagiado del barullo reinante.

Un desastre.

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