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Sánchez toma impulso con la censura de Vox para el pacto de presupuestos

El rostro de Pedro Sánchez dibujó una amplia sonrisa cuando, antes del verano, Santiago Abascal anunció que presentaría una moción de censura para echarle de la Moncloa. Abocada al fracaso desde su mismo planteamiento, los estrategas del presidente del Gobierno advirtieron que la iniciativa del líder ultraderechista no sólo era un misil contra el jefe del principal partido de la oposición, Pablo Casado, en la pugna abierta entre ambos por la hegemonía de la derecha española, sino que sería el mejor pegamento para reunir al resto del arco parlamentario en torno a Sánchez. Desde Ciudadanos hasta las fuerzas nacionalistas, independentistas, regionalistas y de izquierdas que facilitaron la investidura del líder del PSOE en enero.

Y ahora, a la espera de que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, anuncie de manera inminente la fecha fijada para la celebración del debate sobre la moción de censura impulsada por Vox, el propio Sánchez considera que será el mejor revulsivo para alcanzar un pacto presupuestario que garantizaría la supervivencia de su Gobierno de coalición y de la legislatura.

El estado de alarma en Madrid, decretado por el Consejo de Ministros el pasado viernes y forzado a juicio del Gobierno por la propia presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, para acentuar la estrategia de confrontación política del Partido Popular, redobla los tambores de guerra. Y agrava el pulso de amenazas entre un posible adelanto electoral en Madrid y la hipotética moción de censura contra Ayuso para la que el PSOE sigue tentando a Ciudadanos, socio del gobierno del PP en la Comunidad y en la capital. Pero, al tiempo, el decreto de alarma otorga nuevos bríos a la ultraderecha de Vox, mientras Abascal llama a la protesta ciudadana este lunes, celebración de la Fiesta Nacional, como mejor antesala para su moción de censura contra Sánchez.

Llamada a las protestas

La alarma en Madrid recrudece la ofensiva política del PP y Vox contra el Gobierno

Pese a este escenario de enorme polarización política con la derecha, o precisamente por ella, el presidente del Gobierno confía en sacar adelante sus primeros presupuestos generales del Estado. Gracias a la inyección de 27.000 millones de euros de los fondos europeos, al notable incremento del techo de gasto y a la suspensión de las reglas de estabilidad acordadas con la Unión Europea. Y está convencido de que para lograr la luz verde a las cuentas del año que viene contará con una mayoría parlamentaria que, en primera instancia, se reunirá para tumbar la moción de censura de Vox. Desde Ciudadanos, que desde el primer momento anunció su voto en contra de la iniciativa de Abascal, hasta Esquerra Republicana de Catalunya o EH Bildu.

El propio Sánchez, al día siguiente de decretar la alarma en Madrid, insistió ayer en apelar a la unidad política para lograr sacar adelante los presupuestos del próximo año, una aspiración que consideró “fundamental para nuestro país” en plena crisis sanitaria, económica, laboral y social provocada por la incidencia de la segunda ola de la pandemia del coronavirus. El presidente del Gobierno puso como ejemplo de su disposición para la negociación y el acuerdo los reiterados pactos que está alcanzando con la patronal y los sindicatos, por ejemplo para extender los ERTE, también en las conferencias de presidentes autonómicos o en la Unión Europea con el fondo de recuperación.

Esta voluntad pactista es la que ahora Sánchez quiere que se visibilice en el Parlamento con unos nuevos presupuestos que podrían dejar solo fuera de juego, precisamente, al PP y a Vox. El líder del PSOE da por hecho que tener cuentas del Estado en el 2021 también es una necesidad de todas las comunidades autónomas, incluidas las gobernadas por el partido de Casado, debido al incremento de las inversiones que recibirían. Aunque asume que estos presidentes autonómicos del PP también se sumarán, al menos públicamente, a la oposición a los presupuestos de su jefe de filas.

Desde la localidad portuguesa de Guarda, donde Sánchez celebró junto al primer ministro António Costa y una veintena de ministros de ambos países una nueva cumbre hispano-lusa, el presidente del Gobierno defendió en todo caso el nuevo estado de alarma territorializado decretado para la capital y otros ocho grandes municipios de Madrid. Y cargó contra Ayuso, a quien en el Gobierno central acusan de inacción e inoperancia para forzar la alarma. “Teníamos que dar una respuesta, porque no podíamos quedarnos de brazos cruzados”, justificó Sánchez.

“Nosotros siempre hemos puesto por encima de cualquier otra consideración la salud pública y salvar vidas”, alegó. “Y pedimos a todos los gobernantes que hagan lo propio”, añadió, en alusión a la presidenta madrileña. Y la instó a “ponerse en la piel de los profesionales sanitarios, de los enfermos y de las víctimas y sus familiares”. “Tenemos que dar una respuesta clara y contundente a la evolución de la pandemia, y eso es lo que ha hecho el Gobierno”, afirmó.

Polarización parlamentaria

La moción de Abascal sumará en su contra a un amplio espectro político, de Cs a ERC

El jefe del Ejecutivo confió, como hizo la víspera el ministro Salvador Illa, en que el plazo de 15 días de vigencia de la alarma sea suficiente para contener la pandemia en Madrid. Una prórroga obligaría al Gobierno a recabar el aval del Congreso, lo que tensionaría y podría romper esa misma mayoría parlamentaria que busca para sacar los presupuestos. “Seguimos tendiendo la mano al Gobierno de la Comunidad de Madrid para seguir trabajando conjuntamente”, invitó, pese a que la confrontación entre ambas administraciones es absoluta.

Sánchez esgrimió, en este sentido, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para reclamar “la máxima unidad”, pese a su abrupto choque político con Ayuso y con Casado. “El uso partidista que se está haciendo de la pandemia por parte de algunos actores políticos divide a las sociedades y las hace más débiles en la respuesta al virus”, advirtió. Y reiteró en todo caso que “tenemos que abonar la unidad y desterrar la lucha partidista de la pandemia, porque el enemigo común es el virus”. “Esta es una batalla epidemiológica, no es una batalla ideológica”, fue el mensaje que Sánchez reiteró a Ayuso y Casado.

“Desterremos la lucha partidista de un enemigo común que es el virus”, insistió. Y, pese al desencuentro con Ayuso durante las horas críticas del jueves y el viernes que desembocaron en la declaración de la alarma, Sánchez aseguró que le transmitió a la presidenta regional que en el Gobierno central “estamos abiertos siempre, siempre, siempre, a hablar y negociar con la Comunidad de Madrid”. Pero hasta que se llega al límite: “En el momento en que no se toman las soluciones que se deben tomar para aplacar la curva del virus, el Gobierno no puede mirar para otro lado. No lo hemos hecho en ningún momento de esta pandemia y no lo vamos a hacer mientras dure la pandemia”, prometió. “Nos vamos a poner siempre en la piel de los que sufren esta pandemia”, zanjó.