‘Segunda parte o más de lo mismo’, por Manuel Trallero

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El respetable aplaude fervorosamente la larga, larguísima presentación de los miembros de las candidaturas de las cuatro provincias. Un grupo de hooligans aúlla y un equipo de la televisión japonesa contempla el flamear de banderas con cara de sorpresa. El clímax se alcanza cuando en la pantalla gigante aparecen los candidatos encarcelados o instalados en el denominado “exilio”. Es el acabose. El pabellón del Vall d’Hebron se viene abajo al ritmo acompasado de “libertad, libertad”. Hay un momento de una intensa emotividad cuando la esposa de Forn lee en la pantalla una carta de su marido dirigida a los presentes o cuando se escucha un audio grabado por Jordi Sànchez desde la prisión en que pide al presidente del Gobierno español que “saque sus garras de Cataluña”, mientras tiene la amabilidad de calificar a Arrimadas, Iceta y Albiol como “los tontos útiles de Rajoy“.

Ha sido especialmente aplaudido el señor Eduard Pujol –quien previamente se paseaba entre los periodistas con aires de quedarse con la cara de algunos de nosotros, como si fuese el sheriff del condado– y ha vuelto a repetir la monserga del Estado neofranquista preguntándose con ademanes chulescos “¿qué se han creído?” en relación a “la tropa del 155”. No ha quedado nadie a salvo de su oratoria purificadora: “No va de siglas –ha bramado, más que dicho–, no va de partidos, ni de trayectorias personales, va de Cataluña”, en un recado a ERC​. Y ha rematado con descabelle: “Que no nos tomen por el pito del sereno”. Es lo que tienen los independientes o la fe de los recién conversos. Rull y Turull, que son una pareja perfecta de oratoria sincronizada, han dicho exactamente lo mismo salvo que el último de ellos ha tenido un golpe de ingenio en referencia a los medios de comunicación de la pérfida España. Será tremendo cuando la noche del próximo 21 tengan que decir “Puigdemont ha ganado” así, en español, en el original.

Después el verbo se hizo plasma y habitó entre nosotros al grito unánimemente coreado de “¡presidente, presidente!”. Puigdemont desde la pantalla proclamaba que las elecciones son la segunda vuelta del 1 de octubre, es decir, como si “a la vuelta de la publicidad” continuase la misma película. Porque lo acaecido aquel día constituye “una violencia imborrable en la memoria histórica”. Aunque, eso sí, “ahora el mundo nos mira de verdad”. ¡Menuda palabra en boca suya! Asegura para acabar que “no os veo, apenas os escucho, pero noto vuestro calor”. ¿Poseerá propiedades extrasensoriales? Tampoco me extrañaría mucho a tenor del tocado que luce.