Susana Díaz forma un Gobierno bis y pone el contador de la legislatura a cero

Tres semanas después de ser derrotada en las primarias socialistas, Susana Díaz ha sacudido su Gobierno con un puñado de medidas nuevas, todas de marcado perfil izquierdista, y 24 horas después ha empezado a cambiar a gran parte de los miembros de su gabinete. La presidenta andaluza ha acometido una profunda crisis de Gobierno -la mayor que se ha ejecutado nunca a mitad de un mandato- casi como poniendo el contador de la legislatura a cero. Díaz necesita un equipo nuevo, fresco y enérgico para encarar los dos años que faltan para las elecciones autonómicas, un tramo que se antoja difícil porque la sevillana ha quedado muy debilitada tras perder el liderazgo del PSOE ante Pedro Sánchez, y porque de esa contienda ha salido estigmatizada como una política “derechizada”.

La secretaria general del PSOE andaluz ha remodelado su gabinete siguiendo los pasos habituales: primero reunió al mediodía a los líderes provinciales para trasladarles su intención de ejecutar la crisis de Gobierno, prometiéndoles que respetaría las cuotas territoriales, esa norma no escrita en el PSOE que obliga a elegir al menos a un consejero de cada provincia. El gabinete en pleno se encontraba en el Parlamento, caras grises algunos, sonrientes otros, aunque a media tarde no todos conocían su destino. Díaz se fue apresurada a San Telmo y empezó la ronda de llamadas, uno a uno, entre las siete y pasadas las diez de la noche, dándole la vuelta al Consejo de Gobierno como un calcetín.

La oposición en bloque había exigido esta crisis de Gobierno. Llevaba meses denunciando que el gabinete de Díaz estaba agotado, sin ideas, y que los Consejos de Gobierno de los martes eran un solar vacío, con apenas agenda política de peso. Incluso sus socios en Ciudadanos habían reclamado un cambio de caras en aquellas áreas más contestadas por la ciudadanía: Empleo, Educación, Salud y Justicia. En el debate de política general del miércoles, Díaz puso el acento en las tres primeras, presentó una batería de políticas sociales hace 24 horas en el Parlamento para trazar un nuevo rumbo político más izquierdista: matrículas gratuitas para los universitarios que aprobasen a la primera sus asignaturas; una renta mínima de inserción para las personas con ingresos inferiores a 415 euros al mes; ampliación de la plantilla docente…

Mientras la presidenta estaba enfrascada en la lucha interna por el control del PSOE, su Gobierno ha bajado la guardia y los consejeros, sorprendidos, han visto cómo emergían protestas masivas en sanidad, educación, bienestar social… justo las áreas de las que más se enorgullecen los socialistas andaluces. La Junta ha perdido el pulso de la calle, la presidenta ha perdido su imbatibilidad ante su propia militancia, y ahora ha ejecutado esta crisis de Gobierno para superar el mayor momento de debilidad política de su carrera. Está en juego, además, la continuidad del PSOE en la Junta de Andalucía, tras casi 40 años ininterrumpidos en el poder.

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