Así atraca un banco en Madrid a sus 62 años el legendario y peligroso ‘El Padilla’

Toda una leyenda. En sus años mozos dormía con el fusil en la mesilla de noche, y la Policía de los años 70 y 80 sabía cómo se las gastaba: era capaz de cualquier cosa para no ir a la cárcel. Es Antonio Padilla Córdoba, quien siempre actuaba con extrema frialdad y se despedía tras los robos con un cortés “buenos días”. Tiene una enfermedad terminal y nada que perder.

Ahora, con 62 años de edad, acaba de ser detenido por la Policía Nacional, aunque se han andado con mucho ojo: “Os libráis por ir de paisanos; si hubierais ido de uniforme, os acribillo”, aseguran los agentes que les dijo. Le llaman ‘El Padilla’, y se paseaba armado tan campante en el momento del arresto por el madrileño barrio de Chamberí.

El histórico atracador no volvió a la cárcel tras un permiso en junio de 2015, y fue localizado portando un DNI falso, un arma blanca, otra de fuego, munición y una cartulina en la que se podía leer “esto es un atraco, mantén la calma y haz lo que te diga”; de ahí las sospechas de que estaba a punto de cometer otro robo.

El atracador es sobradamente conocido por la Policía. Tiene un amplio historial delictivo que comenzó hace unos cuarenta años. Su última captura fue en el año 2009 cuando cometió varios atracos utilizando un subfusil Z-70.

Siempre realizaba los atracos antes del cierre, en solitario, con un arma de fuego y con esa cartulina que llevaba en el instante de la detención. Se le imputan 14 hechos delictivos desde que no regresó a prisión, llegando incluso a herir a un trabajador con un arma de fuego.

El primero de los delitos tuvo lugar en julio del año pasado, tan solo un mes después de fugarse, y se hizo, supuestamente, con 14.000 euros en efectivo en una sucursal, robo al que pertenecen las imágenes del vídeo que acompaña a estas líneas.

En 1977 fue su primera detención, con tan solo 23 años. Se le detuvo junto a Robert Estival, un francés nacido en Orán, de 32 años de edad, y a Juan Fernández Galiano, natural de Ubeda (Jaén), de 32 años. Tenían 50 millones en joyas en su domicilio.

Se les acusaba del robo cometido a la joyería Martín, de Madrid, así como a una sucursal del Banco de Santander, de la que se llevaron medio millón de pesetas; del Banco de Bilbao, donde consiguieron 1.200.000 pesetas; del Banco General del Comercio y la Industria, del que se llevaron 900.000 pesetas, y del Banco Comercial Transatlántico, donde robaron 400.000 pesetas además de dos pistolas del nueve corto.

Su estancia en la cárcel no le sirvió para cambiar. Cuatro años más tarde, en 1981, volvió a ser detenido, esta vez junto a Ramón Muñoz Salcedo, de cuarenta y dos años; y Eugenio del Castillo Acuña, de veintiséis.

Junto a estos nuevos colegas de fechorías actuó en Madrid, Zaragoza, Valencia, Torrejón de Ardoz y Alcalá de Henares, y se caracterizaban por la minuciosa preparación de los golpes que llevaban a cabo en entidades bancarias, así como por la tranquilidad con la que actuaban.

A lo largo de 7 meses, consiguieron robar unos siete millones de pesetas, que gastaban en clubes y salas de fiestas.

Durante las siguientes décadas fue entrando y saliendo de prisión. Siempre volvía a las andadas. Continuaba viviendo en Madrid y atracando bancos. La única diferencia es que se había convertido en un solitario: ni compañeros de fechorías ni esposa, como sí tenía cuando fue detenido por primera vez.

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