Con la pregunta sobre la ciudadanía en el Censo, Trump busca debilitar a minorías

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El Censo de Estados Unidos es importante para todas las personas del país, sin importar su raza, etnia, estatus de inmigración o afiliación partidista.

Si usted no responde a las preguntas del Censo, pone en peligro proyectos importantes como la ampliación del Metrorail en Miami-Dade, o las necesarias mejoras viables en toda la Florida. Las estadísticas compiladas en el Censo del 2020 se usarán para determinar el nivel de dinero que reciben las ciudades, condados y estados del gobierno federal. Es un proceso competitivo. La financiación de proyectos como carreteras y puentes, así como el transporte y la vivienda pública, dependen del impacto del crecimiento. La financiación de los servicios médicos también se afecta.

Si usted no contesta el formulario del Censo, su decisión también afecta qué partido domina la política estatal en los próximos 10 años. Ese conteo determina cómo se establecen los distritos electorales federales y estatales, donde se libran las batallas políticas. Y a su vez, quien nos gobierna afecta todos los niveles de servicios públicos y la calidad de vida.

Cuando un partido usa el Censo como arma política para impulsar su agenda, eso nos afecta negativamente a todos.

Y eso es precisamente lo que el presidente Donald Trump está logrando al agregar la pregunta sobre el estatus de ciudadanía al Censo del 2020.

Hay poco que este presidente no está dispuesto a hacer para afectar el crecimiento y la vitalidad de las comunidades de minorías.

Por una parte, está la denigración y agresión en contra de la inmigración legal por razones familiares, de la que se han beneficiado su propia esposa, Melania, y su hijo Barron. También está la modificación de las leyes de inmigración para ampliar la definición de “carga pública” con el fin de negar servicios públicos a familias de inmigrantes, incluidos residentes permanentes y ciudadanos estadounidenses. Y está la intimidación a enclaves de minorías, negocios y centros de transporte por los operativos de la Policía de Inmigración y Aduanas y la Patrulla Fronteriza.

Ningún detalle se escapa al gobierno de Trump en el intento por echar mano a la ingeniería social para volver a un Estados Unidos conservador donde el grupo demográfico dominante sean los blancos. La propuesta de incluir en el Censo la pregunta sobre la ciudadanía es otra estrategia para debilitar a las comunidades de minorías y participar en juegos políticos para afectar a las ciudades, condados y estados de inclinación demócrata.

La intimidante pregunta sobre la ciudadanía seguramente desalentará a personas ya incómodas con responder al Censo y llevará a contar de menos a las minorías, dicen expertos. La pregunta no se hace en el Censo desde 1950.

“Cualquier pregunta, entre ellas una sobre la ciudadanía, que pueda desalentar un conteo preciso, debe omitirse”, dijo en un comunicado la representante federal Ileana Ros-Lehtinen, republicana por Miami, quien ya ha anunciado su retiro. “El Censo no es un medio para un conteo de inmigración. Es un medio para ayudar a todos los electores con sus necesidades, sin importar su estatus inmigratorio”.

No contarnos significará menos representación de minorías en el gobierno y menos recursos federales a los estados y comunidades con poblaciones de hispanos, negros y personas del Medio Oriente, que es exactamente lo que Trump busca. Cada grupo que se sienta señalado y atacado por Trump y sus partidarios se resistirá a entregar al gobierno toda la información personal recopilada en el cuestionario largo del censo decenal.

Unos 12 estados están estudiando presentar una demanda para bloquear esa medida, alegando que el cambio significaría contar de menos a la ciudadanía y violaría la Constitución, que expresa claramente que el propósito del Censo es tener un conteo preciso de todas las personas que viven en el país, sin importar su estatus. La demanda que preparan estos estados está liderada por el procurador general del estado de Nueva York, Eric T. Schneiderman. California ya presentó una demanda propia.

Pero la Florida —cuyo liderazgo estatal está dominado por los republicanos—, uno de los estados de crecimiento más rápido del país y la segunda casa de Trump, está ignorando el tema y su fuerte carga política.

La Florida no es uno de los estados que contempla participar en la demanda, pero debería. El impacto del huracán María es suficiente razón para persuadir a Trump a que elimine una pregunta abiertamente dañina. Se podrían contar de menos a miles de puertorriqueños, que son ciudadanos norteamericanos, y otras personas de las islas del Caribe que se han mudado a nuestro estado recientemente.

Pero no cuenten con que los republicanos que ayudaron a Trump a llegar a la presidencia levanten un dedo. Ellos también se benefician de que cuenten de menos a las minorías. Los republicanos quieren mantener su dominio político y ven a las minorías partidarias de los demócratas como una amenaza, a pesar de suficiente evidencia de que los hispanos en la Florida pueden votar por cualquiera de los dos partidos o mantenerse independientes.

Hará falta que los demócratas barran en las elecciones del 2018 para cambiar la mentalidad antiimigrante que se ha impuesto en la formulación de políticas.

Repito: El propósito del Censo no es ayudar a las autoridades a cazar inmigrantes indocumentados ni discriminar a la hora de entregar fondos federales sobre la base de si las personas son residentes o ciudadanos. Pero la gente hace bien en desconfiar de este gobierno. La mayoría de las políticas de Trump tienen por fin ser herramientas para cambiar ideológica y racialmente el país.

La única forma de responder con efectividad es votar en noviembre, responder el cuestionario del Censo y olvidarse de la pregunta sobre la ciudadanía.