EN NUESTRA OPINIÓN: En lugar de revocarla, reparen la Ley de Salud

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Cuando las políticas públicas benefician al pueblo, a las clases sociales en desventaja en particular, es casi imposible desbaratarlas por razones ideológicas. Una vez que el ciudadano conoce el bienestar, se opondrá acérrimamente a perderlo.

Esta es la moraleja del reciente fracaso del Senado en derogar y reemplazar la Ley de Cuidado de la Salud Asequible (ACA), consecuencia de las divisiones internas en la bancada republicana, la ausencia de una alternativa viable y la falta de liderazgo de un presidente que ni siquiera en una de las promesas más marcadas de su plataforma consiguió un consenso en su propio partido.

Era muy simple hacer sonar, durante los últimos siete años, los tambores de guerra contra Obamacare, cuando los logros de la reforma sanitaria fueron opacados por el antagonismo hacia la figura del expresidente. Sin embargo, sus cláusulas fueron muy populares, especialmente el fin que puso a abusos como el rechazo de las aseguradoras a pacientes con enfermedades preexistentes y la expansión del Medicaid, que ha dado acceso a asistencia sanitaria a millones de personas de bajos recursos o con discapacidades.

La mera posibilidad de perder estos beneficios sirvió de acicate para resistir su revocación entre sectores de la población otrora indiferentes, incluyendo gobernadores republicanos de estados en los que mejoró la calidad de vida de los pobres en virtud de la ley. Investigaciones han demostrado que tener seguro médico optimiza la salud de un individuo y disminuye la tasa de mortandad.

[El presidente Trump] Debe robustecer los mercados creados por la ACA para la adquisición de pólizas individuales.

Alrededor de 20 millones de norteamericanos han conseguido cobertura médica bajo la ACA. Son ellos los que respiran hoy un hálito de paz gracias a un puñado de valientes senadores republicanos reacios a derribar el Obamacare y trabajar luego en otro proyecto, sin tener preparado un reemplazo que no agrave la situación para sus votantes.

Obamacare no se encuentra en una espiral mortal. Las ganancias de las aseguradoras, de hecho, van en alza. El aumento de las primas de pólizas comercializadas en el mercado de seguros se debe principalmente a la subcotización en años previos. Si bien hay grandes empresas nacionales que se han retirado de los mercados de intercambio, firmas regionales más pequeñas, planes de atención ofertados por proveedores médicos y organizaciones de asistencia médica administrada para Medicaid han expandido su presencia.

Entretanto, el presidente Trump, apoyado en un núcleo duro de votantes más rechazado por la mayoría, continúa obsesionado con soterrar el legado de Barack Obama. En lugar de brindar soluciones, en un juego cínico exhortó a sus compañeros conservadores: “Dejen que Obamacare fracase”, algo solo posible si prosigue su campaña de sabotaje. Debe hacer lo contrario: robustecer los mercados creados por la ACA para la adquisición de pólizas individuales.

Los republicanos piensan que Obamacare acentúa la burocracia federal, profundiza el déficit y restringe la libertad de elección. Pero no hay una salida simple, pues su derogación acabaría con las prestaciones consolidadas y sepultaría uno de los grandes avances sociales de las últimas décadas en Estados Unidos.

Ciertamente la ley, debido a su vasta dimensión, adolece de fallas como las excesivas regulaciones y los deducibles astronómicos. Es por ello que los congresistas han de apartarse de la ideología partidista sin miedo a la crítica que acarrea trabajar con adversarios, en aras de aunar fuerzas y sabiduría, y así remediar el sistema de salud de manera seria y sostenible. Con la salud no se juega.