Fotógrafo ruso provoca críticas por falla de seguridad en la Casa Blanca

La visita del ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, a la Casa Blanca el 10 de mayo tuvo inesperadas consecuencias luego que comenzaran a circular fotos tomadas durante la reunión por un fotógrafo ruso que no debió haber estado allí.

La reunión estaba supuesta a ser privada, sin acceso a la prensa, por lo que ningún periodista o camarógrafo estadounidense pudo estar presente, salvo los fotógrafos oficiales de ambos gobiernos.

La sorpresa fue cuando la embajada rusa y a agencia rusa Tass publicó fotos de la reunión: el presidente Trump posando sonriente no solo con Lavrov sino también con el embajador ruso ante la Casa Blanca, Sergei Kislyak, el mismo que se reunió con el ex asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, el ahora secretario de Justicia, Jeff Sessions, y con medio Washington.

El momento no parecía el adecuado. El director del FBI, la agencia que investiga la interferencia rusa en las elecciones de noviembre, recién había sido despedido.

La Casa Blanca reaccionó furiosa diciendo fue engañada por sus contraparte rusa y atribuyó la falla a que el intruso dijo ser el fotógrafo oficial de Lavrov, sin decir que además trabajaba para Tass, una agencia de noticias estatal rusa.

El gobierno ruso es dueño de Tass, así que sus fotógrafos son considerados fotógrafos oficiales, pero la Casa Blanca dice que permitió su presencia en el entendido que las fotos serían para uso oficial y no para distribución.

Algunos expertos señalaron que se trató de una falla de seguridad grave porque el fotógrafo bien pudo haber llevado y colocado micrófonos ocultos en la oficina oval en su equipo.

Más tarde, el gobierno minimizó la potencialidad de amenaza, pero admitió que fue engañado respecto a la intervención del fotógrafo ruso.

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