La escasez de agua en Puerto Rico puede provocar problemas de salud pública

En las viviendas de todo el país el agua se ha convertido en algo precioso. Almacenada en en botellas, jarras y bañeras, conseguir el líquido ocupa la atención de la vida diaria.

El agua se usa y se vuelve a usar. Y su escasez significa que en el caso de muchos puertorriqueños, su cuerpo, su casa y sus ropas no están tan limpios como quisieran.

“La mayoría de nuestros colegas están lavando a ropa en un arroyo”, dijo Linaida Santiago Arroyo, enfermera en un centro de diálisis.

El acceso limitado al agua frustra particularmente a Santiago porque tiene dos hijos pequeños, un bebé de 4 meses y un niño de 4 años, “y no quiero que se enfermen”.

“No tenemos agua suficiente para limpiar ni lavar. Hay lodo, hay basura que todavía no han recogido”, dijo. “Eso atrae insectos, que entonces se acercan a la casa”

Desde que el huracán María devastó Puerto Rico hace dos semanas, dejando sin servicio de agua a más de la mitad de los 3.4 millones de habitantes de la isla, cada gota vale oro.

“Cuando baño al bebé, uso la misma agua para el inodoro”, dijo Santiago.

Ahora los especialistas en salud pública dicen que es uno de los factores que los preocupa ante un posible aumento de enfermedades infecciosas en las próximas semanas. Nueve de cada 10 casas en la isla todavía no tienen electricidad, lo que significa que las personas no pueden encerrarse en sus casas porque no funcionan los ventiladores y unidades de aire acondicionado, lo que a su vez significa que con las ventanas abiertas pueden entrar mosquitos infectados.

La Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) informa que 64 de los 68 hospitales de la isla están funcionando, pero el gobernador Ricardo Rosselló dijo este jueves que solamente 25 están conectados a la red eléctrica nacional. Otros funcionan con generadores y dependen del inestable suministro de combustible diésel y sufren roturas de vez en cuando.

“Los generadores no son para usarlos semanas y meses sin parar. Necesita combustible y apoyo logístico”, dijo el capitán de la Marina Kevin Buckley, oficial a cargo de las instalaciones médicas del USNS Comfort, un enorme barco-hospital que llegó a San Juan hace unos días y el jueves partió con destino a Ponce, en la costa sur de la isla.

Unos 11,000 militares estadounidenses han llegado a Puerto Rico tras el paso del huracán María, y los convoyes de vehículos militares cargados de alimentos y agua potable son visibles en el interior. Unidades de control de mosquitos han sido desplegadas en seis municipios, dijeron autoridades, y se han activado cinco plantas temporales de procesamiento de desperdicios.

El gobernador Rosselló dijo que aunque aunque se la logrado llevar comida, agua y otros suministros a muchos lugares de la isla, quedan algunos sitios donde no se sabe que hay asistencia a la mano. Debido a los limitados servicios de teléfono y electricidad, las noticias de la asistencia muchas veces no llegan a poblados escondidos tras las montañas.

“Seguimos enterándonos de personas que no han recibido comida ni agua”, dijo Rosselló “Esto sigue siendo una gran preocupación. Siempre es una prioridad identificar cómo entregar más recursos”.

Para los que sufren de buena salud, la escasez de agua es poco más que una molestia.

“Ayer le decía a mi esposa que me gustaría darme una ducha. Desde hace una semana y media me estoy bañando con un galón de agua”, dijo Víctor Rivera Suárez, quien trabaja en una farmacia San Miguel en Naranjito que su familia tiene desde hace 60 años.

Pero para los enfermos la falta de agua es crítica.

Por una parte, muchas farmacias están funcionando con generadores pequeños y sin conexión de Internet. Esto significa que los cajeros no pueden ver en sus computadoras los planes médicos de los pacientes que vienen a buscar medicamentos, quienes entonces tienen que pagar en efectivo y después reclamar a sus planes de seguro.

Luis Cuevas Serrano, un maestro de escuela intermedia enviado temporalmente a Naranjito como parte del llamado a filas de la Guardia Nacional, contó el caso de un adolescente en su pueblo quien se hirió gravemente la barbilla en un accidente hace unos días. Su madre lo llevó a la sala de emergencias.

“Cuando lo iban a operar, la luz se fue. El médico le dijo a la madre que no podía operarlo, que tenía que estar en una zona estéril y no había electricidad”, dijo Cuevas.

En los centros de diálisis, el suministro de agua y combustible diésel para los generadores es crítico para la vida de los pacientes.

La nefróloga Lilian Borrego, directora médica del centro de diálisis Fresenius Kidney Care aquí, dijo que el centro fue cerrado al día siguiente del paso del huracán. Algunos paciente están recibiendo menos diálisis de lo ideal, dijo, para alargar las existencias de agua y diésel.

“Si a un paciente los riñones todavía le funcionan un poco, puede esperar más”, dijo. “Yo estoy a merced del suministro de agua”.

Mientras el centro de diálisis batalla por seguir prestando servicio, los familiares de los pacientes enfrentan sus propios retos para conseguir gasolina para llevar a sus seres queridos a los tratamientos, tres veces por semana, dijo la doctora.

Pero también le preocupan los retos generales a la salud pública.

“Mi mayor preocupación ahora es de salud pública, higiene, lograr que se recoja la basura”, dijo, agregando que siguen circulando rumores de fallecimientos en zonas remotas. “He escuchado historias de horror. Y hasta ahora el conteo oficial [de fallecidos] es 34”.

Las autoridades esperan que el USNS Comfort ayude a aliviar los problemas de los hospitales.

El barco-hospital tiene una de las mayores unidades de traumatología en Estados Unidos y está equipado con tres salones de operaciones, 50 camas de cuidados intensivos y 200 otras camas, y aproximadamente 500 personas en su personal médico. En el helipuerto del barco hay dos aparatos MH-60.

“Podemos manejar cualquier cosa que no sea un desvío cardiopulmonar, operaciones de corazón abierto”, dijo el capitán de la Marina Kevan Mann, cirujano del Comfort.

El barco atenderá a pacientes y también ofrecer servicios a otros hospitales, como oxígeno y esterilización de material médico, dijo Buckley.

Para el jueves por la mañana en el barco habían atendido a 64 pacientes y esperaban ver a muchos otros con enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión y problemas respiratorios.

“Si no tienen acceso a los servicios médicos, a las medicinas o sus propios médicos, pueden tener algunos problemas dentro de dos o tres semanas”, dijo Buckley, especialista en emergencias. “Obviamente, con la pérdida de elementos de la civilización como el agua potable, uno se preocupa que en un par de semanas pueda haber cosas como disentería”.

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