La gran extinción del ‘business as usual’ en EEUU

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La tasa de desempleo en Estados Unidos subió a 4.4 por ciento el pasado mes de junio y no es precisamente por culpa del Presidente que prometió traer los empleos perdidos. Un ejemplo de lo que sucede es que las cadenas están cerrando tiendas a escala masiva, resultado de un cambio fundamental en el mercado. Consideren los siguientes cierres programados para tan solo este 2017:

Sears Roebuck & Co. cierra 265 de sus tiendas y KMart; grupo Ann Taylor (Ascena) cierra 268; J.C. Penney: 138; Macy’s: 68; Michael Kors: de 100 a 125; Payless: 512 en primera etapa, 400 en segunda, 912 en total. Abercrombie & Fitch: 60.

Veintidós de las cadenas comerciales más grandes enfrentan una quiebra inminente. En los próximos cinco años cerrarán 25 por ciento de los malls del país y será peor para los mayores con el cierre de casi la mitad de ellos.

El mercado hipotecario comercial enfrenta una crisis similar a la habitacional del 2008, y peor, porque pagan solo el interés, no el principal de su deuda, de manera que los bancos se van a quedar colgados con ella.

¿Qué pasa? Pasa la internet, pasan las ventas electrónicas, pasa Amazon y pasa la codicia. ¿Codicia? Las tiendas electrónicas son ‘mejores’ para los inversionistas porque ahorran con hasta 90 por ciento menos empleados que una tienda física. Nadie escapa al ahorro, con el comprador común –usted y yo– buscando ahorrar con compras en la internet.

¿Cómo empezó? Empezó, literalmente, con droga. La primera venta electrónica organizada fue de marihuana en 1971, por parte de unos estudiantes de computación de Stanford, California, que vendían su “yerba” a otros estudiantes en lugares tan lejanos como MIT, el Massachusetts Institute of Technology. Usaban ARPANET, predecesora de la internet. 40 años después en el 2012, las ventas electrónicas sobrepasaron el millón de millones de millones de dólares, un millón al cubo, 10 a la 18ava potencia. Esa cifra, para abrir nuevamente los ojos, fue de…un MILLÓN de MILLONES de MILLONES de dólares, en tan solo el 2012 y la cifra, al igual que la capacidad de las computadoras, se duplica cada año haciendo de las ventas por internet a la vez un bien y un mal.

Bien: Compré un reloj por $80 en Amazon, el mismísimo que vi en una tienda en el mall de Aventura en Miami por $499. Bien: En la liquidación de la tienda Sears del mismo mall un señor compró un anillo de diamantes con 85 por ciento de descuento. Esos diamantes, por un descuento previo, se vendieron a 7.5 por ciento de su precio original. ¡El mostrador de joyas era una revolución!

Mal: Ni los diamantes están exentos del descalabro, y este está entre los efectos menos dramáticos de algo que no será otra cosa que un sismo económico que cambiará el mercado de consumo, que afectará la producción y a su vez tocará los mercados de capital, que a su vez tocarán la recaudación impositiva de los gobiernos… y tocará a todos. Estamos ante un reajuste del tipo que en el pasado produjo guerras. Empezó con marihuana y terminará con mercados fumados… por la internet, hasta que se asiente el piso de una depresión mundial.

Un dato más sobre lo que viene, y debiese alertarnos: La cibernética está optimizando el motor eléctrico al punto que Volvo ha anunciado el fin de sus autos convencionales para el 2019. La meta es volverlos eléctricos, e híbridos en una transición, mientras que en Estados Unidos Trump insiste en promocionar los hidrocarburos que ya empiezan a ser una fuente de energía caduca. Tesla, para dar otro ejemplo, ha anunciado un nuevo auto eléctrico a $35,000 con una subvención de 7,000 que deja su precio en 28,000. ¿Habrá llegado el momento del auto eléctrico?

El mercado está cambiando. Habrá industrias enteras que morirán por el fin del motor de combustión y, en cuanto a ventas aparte de supermercados y farmacias sobrevivirán las tiendas caras para gente de dinero que quiera tocar las telas y probarse los trajes… Para los demás estará la internet.

Periodista, escritor y filósofo peruano.